Ken Loach afirma sentir un «gran respeto» por Jonathan Glazer, quien planteó la cuestión de Gaza en su discurso de aceptación del Oscar por The Zone of Interest [La zona de interés], y asegura que el director fue «muy valiente» al declarar lo que declaró. «Y estoy seguro de que comprendió las posibles consecuencias de ello, lo que le hace aún más valeroso, de modo que siento un gran respeto por él y por su trabajo», ha comentado a Variety.

El veterano cineasta y activista habla en vísperas del estreno en los Estados Unidos de The Old Oak [El viejo roble], un largometraje que será además el último. Tras más de 60 años de carrera, el director británico, ganador de la Palma de Oro en dos ocasiones y responsable de películas tan queridas como Kes, The Wind That Shakes the Barley [El viento que agita la cebada], Land and Freedom [Tierra y libertad], Sweet Sixteen [Felices dieciséis], My Name is Joe [Mi nombre es Joe] y I, Daniel Blake,[Yo, Daniel Blake] da por terminada su carrera.

Por supuesto, Loach ya ha anunciado su retirada en más de una ocasión. Por eso, cuando afirmó que The Old Oak sería su último largometraje en vísperas del Festival de Cannes de 2023 -donde se presentó a concurso (su decimoquinta película, todo un récord)-, muchos observadores se lo tomaron con cautela. No cabía duda de que el autor más importante del mundo del realismo de clase trabajadora volvería a centrar su objetivo en otra injusticia social.

Diez meses después, sin embargo, ni siquiera el estado actual del mundo es suficiente para que Loach, de 87 años, vuelva a ponerse detrás de la cámara.

«Creo que, en lo que respecta la salud, la idea de volver a pasar por todo significa probablemente un paso excesivo», explica. «Sólo te detienes cuando ya es absolutamente necesario, y yo he llegado al final del recorrido».

Pero Loach insiste en que su actual ronda de compromisos con los medios -entrevistas con la prensa que aprovecha en cada película para hablar de los temas sociales que muestra en pantalla- no supone una gira de despedida.

«Intento pensar en el futuro y no ser nostálgico», cuenta. «No hacer películas no significa que termine en modo alguno la conexión con el cine y los estudiantes, y con la gente que escribe sobre cine. Y he tenido suerte, hay muchas posibilidades de hacer cosas parecidas a trabajar, pero no con el mismo grado de concentración y viajes».

Para Loach, que celebró su primera Palma de Oro (por The Wind That Shakes the Barley) con una taza de té típicamente discreta, lo más destacado de sus seis décadas en el cine son «las extraordinarias relaciones y amistades» que ha encontrado por el camino. Todavía mantiene el contacto con David Bradley, a quien ofreció el papel de protagonista en Kes, su clásico de 1969, cuando sólo tenía 14 años.

«Se acerca a los 70 y sigue siendo el mismo», dice. «Nos vemos de vez en cuando e intercambiamos tarjetas de Navidad. Pero lo mismo ocurre con la mayoría de mis películas. Esa conexión humana es una de las cosas que más aprecias».

Kes recibió un inesperado reconocimiento en los premios BAFTA (del cine británico) en febrero, cuando Samantha Morton, al recoger su beca BAFTA, afirmó que su vida «cambió para siempre» cuando vio la película en el colegio, siendo adolescente. «Al ver la pobreza y a gente como yo en la pantalla, me reconocí: la representación importa», afirmó.

ken loach

Pero ni siquiera este momento, estando Loach en la sala para poder escucharlo (The Old Oak era candidata a mejor película británica), bastó  para quebrar su modestia.

«Fue muy generoso por su parte, pero he sido siempre consciente de que fue mérito del libro de Barry Hines [Kes fue una adaptación de A Kestrel for a Knave], y conocí a Barry a través de Tony Garnett, el productor», dice. «De manera que siempre me avergüenzo cuando me dicen que es mi película. Es nuestra película. Y el libro de Barry es un auténtico clásico. Creo que el problema de nuestro negocio es que crea egoístas si no se tiene cuidado. Una película «del» director es algo vergonzoso. Una película Kodak sí es de alguien».

Para tratarse de uno de los nueve directores que han ganado dos Palmas de Oro, Loach afirma que su ego siempre ha estado controlado gracias a «la familia y los amigos, que están dispuestísimos a tomarme el pelo».

Desde su primera película -el drama televisivo Cathy Come Home en 1966- Loach ha abordado innumerables temas, como los sin techo, la pobreza, la salud mental, los derechos laborales, el Estado del Bienestar y la economía colaborativa, además de periodos históricos como la independencia irlandesa y la guerra civil española. The Old Oak tiende puentes entre temas nacionales e internacionales, centrándose en una familia de refugiados sirios enviados por las autoridades británicas a vivir a un antiguo pueblo minero del norte de Inglaterra que ha pasado por tiempos difíciles y donde los recién llegados se convierten en fácil chivo expiatorio.

Ken Loach y Palestina

Pero Loach admite que hay un tema muy cercano a su corazón al que nunca ha conseguido hincarle el diente cinematográficamente: Palestina.

«Me hubiera gustado trabajar sobre esa cuestión, pero no sabía cómo abordarlo», dice. «Tendría que haber sido un documental, pero era un gran proyecto y, desde luego, es algo me ha superado en la última década».

En lo que se refiere a Palestina, Loach y su equipo de The Old Oak se mostraron muy firmes en su apoyo a un alto el fuego en Gaza en los BAFTA (los premios del cine británicos), hablando sobre la cuestión en la alfombra roja y posando para las fotos con un cartel que rezaba «Gaza: Alto a la matanza».

Dos semanas después, Glazer pronunció su alocución en los Oscar.

En unas palabras muy escudriñadas desde el 10 de marzo, al recoger el Oscar al mejor largometraje internacional por su drama sobre el Holocausto, Glazer se refirió a la violencia en Oriente Próximo, afirmando que su película ambientada en Auschwitz «muestra adónde conduce la deshumanización en su peor momento. Ha configurado todo nuestro pasado y presente. Ahora mismo, estamos aquí como personas que se niegan a que su judaísmo y el Holocausto se vean secuestrados por una ocupación que ha llevado a sufrir un conflicto a tanta gente inocente. Ya se trate de las víctimas del 7 de octubre en Israel o del actual ataque a Gaza, de todas las víctimas de esta deshumanización, ¿cómo nos resistimos a ella?».

El discurso fue recibido lo mismo con elogios que condenas. Tony Kushner lo describió como una «declaración intachable e irrefutable». Mientras tanto, una carta abierta firmada por más de mil creativos y ejecutivos judíos del sector lo denunciaba por contribuir a alimentar «el creciente odio antijudío en todo el mundo».

Aunque Loach reconoce que Glazer se ha visto «atacado» por su discurso, señala que también ha recibido «mucho apoyo de muchísimas personas judías que declararon que rompe el estereotipo de que todos los judíos apoyan lo que hace Israel, porque está bien claro que no es el caso».

Y añade: «Ha sido algo de gran valor porque muestra esa diversidad. De modo que siento un gran respeto por lo que ha hecho».

The Old Oak se estrenó el 5 de abril en el Film Forum de Nueva York, el 12 de abril en el Laemmle Royal de Los Ángeles y se exhibirá a escala nacional en otras localidades. La proyección en el Film Forum irá acompañada de una retrospectiva de más de 20 películas de Loach, entre ellas Kes, The Wind that Shakes the Barley, Riff-Raff, Poor Cow, I, Daniel Blake, y muchas más, a partir del 19 de abril.

*Alex Ritman es periodista cinematográfico radicado en Londres, estudio Economía y Filosofía en la Universidad de Leeds, y cubre la actualidad del cine y televisión británicos para las más conocidas revistas especializadas del sector en los EE.UU., como Variety o The Hollywood Reporter, informando además de festivales europeos de “clase A”, como Berlín, Cannes o Venecia.

Fuente: Variety, 2 de abril de 2024

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