Oriol Junqueras ha decidido hablar claro. Y cuando el líder de Esquerra Republicana habla claro, en el contexto político actual, no lo hace solo para marcar perfil ante su electorado, sino para fijar límites muy concretos al Gobierno de Pedro Sánchez. Su advertencia, lanzada en una entrevista con la agencia Efe, va mucho más allá de una simple discrepancia técnica sobre modelos de financiación: es un aviso político de primer nivel que afecta directamente a la estabilidad presupuestaria tanto del Estado como de Cataluña.

La tesis de Junqueras es contundente: acordar un modelo de financiación “singular” para Cataluña ya no basta. No es suficiente como moneda de cambio para negociar los presupuestos catalanes ni los Presupuestos Generales del Estado. Para ERC, el paso decisivo —el que verdaderamente mide la voluntad del PSOE de cumplir lo pactado— es avanzar de manera efectiva en la recaudación del IRPF por parte de la Generalitat. Sin ese avance, no habrá presupuestos. Así de simple. Así de complejo.

La advertencia no es nueva, pero sí más explícita que nunca. Junqueras no solo interpela al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sino que extiende el mensaje al primer secretario del PSC y presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Ambos, recuerda ERC, firmaron un pacto de investidura que incluía de forma clara la cesión de la recaudación del IRPF a Cataluña. Y los pactos, en política, o se cumplen o dejan de ser creíbles.

De los avances al cansancio negociador

Junqueras reconoce que ha habido “avances” en la negociación del nuevo modelo de financiación autonómica. Pero introduce un matiz clave: esos avances, por sí solos, ya no son suficientes. El tiempo ha pasado, las negociaciones se han alargado y la paciencia de ERC se ha ido agotando. La sensación que transmite el dirigente republicano es la de una formación que considera que ya ha concedido el margen necesario y que ahora exige concreción.

“No queremos que estas negociaciones se eternicen y se alarguen indefinidamente, porque esto perjudica a la sociedad catalana”, afirma Junqueras. No es solo una frase de advertencia al PSOE; es también un mensaje interno hacia su propio electorado y hacia un independentismo que observa con lupa cualquier concesión a Madrid. ERC necesita demostrar que su apuesta por la negociación tiene resultados tangibles. Y esos resultados, a juicio de Junqueras, deben medirse en capacidad real de gestión fiscal.

En este punto aparece un concepto recurrente en el discurso republicano: el principio de ordinalidad. Es decir, que Cataluña no pierda posiciones relativas en el ranking de financiación tras aportar más al sistema. Un principio que, aunque ampliamente citado, rara vez se ha respetado en la práctica. Junqueras lo coloca de nuevo en el centro del debate como línea roja irrenunciable.

El IRPF como símbolo de poder político

La recaudación del IRPF no es solo una cuestión técnica o administrativa. Es, sobre todo, una cuestión de poder. Controlar el IRPF significa tener una herramienta clave de soberanía fiscal, capacidad de decisión y autonomía real. Por eso ERC insiste en que este es el verdadero núcleo del acuerdo, y no tanto la arquitectura general del modelo de financiación.

“Si el acuerdo sobre la recaudación del IRPF tarda más, la negociación presupuestaria tardará más”, advierte Junqueras, dejando claro que no habrá atajos. En su relato, el PSOE ha intentado invertir el orden de los factores: primero cerrar el modelo de financiación y después abordar la recaudación del IRPF. ERC, en cambio, considera que sin este segundo elemento el primero queda vacío de contenido.

Esta discrepancia revela una diferencia de enfoque profunda. Para los socialistas, el modelo de financiación puede presentarse como un logro político de alcance general, susceptible de ser defendido ante el resto de comunidades autónomas. Para ERC, en cambio, el IRPF es el termómetro real de la cesión de poder del Estado hacia Cataluña.

Una ley aplazada, una presión intacta

ERC no ha permanecido de brazos cruzados. En septiembre, registró en el Congreso de los Diputados una proposición de ley para que Cataluña recaude el IRPF. Un movimiento que demostraba voluntad política y capacidad legislativa. Sin embargo, la formación republicana decidió aplazar su tramitación parlamentaria hasta 2026 para no “distorsionar” las negociaciones sobre el modelo de financiación.

Este gesto, que podría interpretarse como una concesión al Gobierno, es presentado ahora por Junqueras como una prueba más de la paciencia de ERC. Pero esa paciencia, insiste, no es infinita. El aplazamiento no puede convertirse en un cajón donde duerma el compromiso. La ley está registrada, la demanda es clara y el calendario político avanza inexorablemente.

No es casual que tanto ERC como el PSC se hayan marcado enero como fecha clave para desbloquear la negociación de la financiación. La idea es cerrar un acuerdo que pueda presentarse en el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF), cuya convocatoria la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, situó entre el primer y el segundo mes de 2026. Un calendario que, para ERC, empieza a resultar demasiado largo.

La recta final… o el bucle infinito

Junqueras introduce una ambigüedad calculada: reconoce que el acuerdo no está cerrado y que “no hay acuerdo hasta que hay un acuerdo”, pero al mismo tiempo asegura que las negociaciones están en la recta final. Esta dualidad refleja bien el momento político: todo parece cerca, pero nada está garantizado.

La advertencia sobre la irresponsabilidad de alargar indefinidamente las negociaciones apunta directamente al Gobierno. ERC sugiere que prolongar el proceso no solo es una estrategia dilatoria, sino una decisión política con costes sociales. En otras palabras, si no hay acuerdo, no será por falta de propuestas republicanas, sino por falta de voluntad socialista.

Desconfianza aprendida a base de experiencia

Quizá el fragmento más revelador de las declaraciones de Junqueras es aquel en el que reconoce haber visto “muchos cambios” de opinión en el Gobierno y en el PSOE. Desde prometer que cumplirían hasta insinuar que no lo harían, y finalmente asumir que sin cumplimiento no habría nuevos acuerdos.

Esta frase resume años de relación tensa entre ERC y el socialismo español. Una relación marcada por promesas, rectificaciones y negociaciones al límite. Junqueras no oculta su escepticismo, pero tampoco su convicción de que la presión constante ha sido eficaz.

“También hemos visto que ERC no ha cedido”, afirma, reivindicando la persistencia como virtud política. Para el líder republicano, esa insistencia es la que acabará dando a Cataluña un resultado “a la altura de las necesidades del país”. Es una declaración de intenciones, pero también un mensaje de advertencia: ERC no está dispuesta a firmar acuerdos vacíos.

Si dependiera solo del PSOE…

La conclusión de Junqueras es tan dura como reveladora: “si dependiera solo del Partido Socialista, nada de todo esto pasaría”. Es una acusación directa que sitúa a ERC como el motor del cambio y al PSOE como una fuerza reactiva, más preocupada por gestionar equilibrios internos y territoriales que por cumplir compromisos concretos.

Esta afirmación tiene una doble lectura. Por un lado, refuerza el relato republicano de que solo la presión independentista arranca concesiones al Estado. Por otro, deja al Gobierno en una posición incómoda, cuestionando su credibilidad como socio negociador.

En definitiva, Junqueras ha decidido elevar la apuesta. Ha colocado la recaudación del IRPF en el centro del tablero y ha vinculado directamente ese avance a la estabilidad presupuestaria del país. El mensaje es claro: sin hechos, no habrá más acuerdos. Y en política, cuando las advertencias se formulan con tanta claridad, ignorarlas suele tener consecuencias.

alejandra maller

Alejandra Maller

Periodista en Revista Rambla | Web |  Otros artículos del autor

Periodista y catalana.

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