La productora audiovisual Mediapro atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La salida progresiva de sus principales fundadores, el deterioro continuado de sus resultados económicos y la creciente desconfianza del accionista mayoritario han desembocado en una reestructuración de gran calado que puede redefinir el futuro del grupo. En este contexto, la compañía se enfrenta a despidos masivos, a una auditoría exhaustiva de sus cuentas y a movimientos políticos y empresariales destinados a garantizar su continuidad y su influencia en el sector audiovisual español.

Jaume Roures, uno de los fundadores y rostro más reconocido de Mediapro, fue invitado a abandonar la compañía en 2023, coincidiendo con el momento en que los resultados financieros comenzaron a mostrar un fuerte deterioro. Su salida marcó el inicio visible de una crisis interna que llevaba tiempo gestándose, especialmente tras el impacto de la pandemia en el negocio audiovisual. Roures, que durante años fue la figura clave en la expansión internacional del grupo y en la consolidación de su modelo de negocio, quedó así apartado de la gestión en un momento crítico.

Poco después, Tatxo Benet, inseparable de Roures durante décadas y considerado el otro gran arquitecto del proyecto Mediapro, también ha enfilado el camino de salida. Benet había mantenido un papel relevante en la estructura directiva tras la marcha de Roures, pero su continuidad se volvió insostenible cuando el accionista mayoritario, Southwind Capital a través del holding Orient Hontai, decidió prescindir de él. La decisión se produjo hace apenas unas semanas y puso fin a la intención de Benet de seguir como presidente del grupo, con un consejero delegado nombrado de consenso con Hao Tang, propietario del fondo chino que controla el 85% de las acciones.

La negativa de Orient Hontai a mantener a Benet al frente de la compañía responde, según fuentes cercanas al proceso, a una creciente impaciencia ante las pérdidas acumuladas y a la sospecha de una gestión negligente desde el estallido de la pandemia. El accionista mayoritario no está dispuesto a seguir inyectando capital sin garantías de un cambio profundo en la dirección estratégica y en los mecanismos de control interno. La desconfianza se ha extendido a decisiones concretas adoptadas en los últimos años, que ahora serán objeto de revisión.

La situación financiera de Mediapro es especialmente preocupante. El grupo, que integra productoras de gran peso en el panorama audiovisual español como Globomedia, El Terrat de Andreu Buenafuente, 100 Balas o Big Bang Media, se plantea un ajuste laboral de grandes dimensiones. En estos momentos se estudia el despido de alrededor de mil empleados, quinientos de ellos en España, como parte de un plan para contener costes y adaptar la estructura a la nueva realidad del negocio. Paralelamente, se prevé la realización de una auditoría de las cuentas para esclarecer el alcance real de las pérdidas y depurar posibles responsabilidades.

Es en este contexto de dificultades financieras y de pérdidas económicas continuadas donde, según ha publicado el diario ABC, la Generalitat de Cataluña estaría explorando la búsqueda de un comprador para Mediapro. El objetivo de esta operación sería garantizar la continuidad del grupo y, al mismo tiempo, preservar una determinada influencia política en una compañía que ha tenido un papel relevante en la producción de contenidos y en la configuración del ecosistema mediático. La información apunta a movimientos discretos para sondear posibles interesados que puedan hacerse cargo del grupo o de una parte significativa de su capital.

Un elemento clave en este nuevo escenario es el nombramiento de Sergio Oslé como presidente de Mediapro. Oslé, expresidente de Movistar Plus y exconsejero delegado de Telefónica España, es considerado una persona de plena confianza del entorno socialista y un perfil con amplia experiencia en la gestión de grandes estructuras empresariales del sector de las telecomunicaciones y los medios. Según las informaciones publicadas, su figura podría resultar determinante para facilitar una eventual venta de la compañía, siempre y cuando la oferta cumpla las expectativas económicas del multimillonario Hao Tang.

La entrada de Tang en el accionariado de Mediapro se produjo en 2018, cuando el empresario chino invirtió alrededor de 1.000 millones de euros en la compañía. En aquel momento, el grupo vivía una etapa de fuerte crecimiento: facturaba cerca de 1.800 millones de euros y registraba un beneficio antes de impuestos de 225 millones. La operación fue interpretada entonces como un respaldo al modelo de negocio de Mediapro y a su ambición de consolidarse como un actor global en la producción y distribución de contenidos audiovisuales.

Sin embargo, el escenario cambió de forma drástica tras la pandemia. La paralización de rodajes, la caída de ingresos en determinadas áreas y el aumento de los costes operativos afectaron gravemente a las cuentas del grupo. Desde entonces, Mediapro no ha dejado de acumular pérdidas. El deterioro de la situación obligó a Hao Tang a realizar una nueva aportación de capital de unos seiscientos millones de euros para evitar la quiebra, lo que incrementó su participación hasta el 85% del accionariado y reforzó su posición de control sobre la compañía.

A pesar de este esfuerzo financiero, los números no han logrado enderezarse. Según datos publicados por El Confidencial, Mediapro ha registrado pérdidas de 72 millones de euros en el último año. Estas cifras han encendido todas las alarmas entre los inversores y han reforzado la idea de que el grupo necesita un cambio profundo en su gobernanza y en su estrategia. Para Tang y su entorno, la prioridad es frenar la sangría económica y asegurar que las decisiones futuras se adopten con criterios estrictamente empresariales.

La primera misión de Sergio Oslé cuando asuma oficialmente la presidencia, el próximo 1 de enero, será precisamente poner en marcha una auditoría integral por encargo del accionista mayoritario. Esta revisión pretende arrojar luz sobre la gestión realizada en los últimos años y esclarecer si se produjeron errores graves o decisiones poco justificadas. Entre las operaciones que despiertan más recelos se encuentra la apertura de una delegación en Los Ángeles, una apuesta por el mercado estadounidense que, según el citado digital, no habría ofrecido el retorno esperado y habría incrementado significativamente los costes.

La nueva dirección también ha comenzado a desmontar el equipo directivo vinculado a Tatxo Benet. Todos los directivos de su máxima confianza han sido apartados de sus funciones, en algunos casos con indemnizaciones de elevado importe. Este relevo en la cúpula busca marcar un punto de inflexión y enviar un mensaje claro tanto al mercado como a la plantilla: la etapa anterior ha terminado y se abre un periodo de revisión y de ajustes, con el objetivo declarado de salvar la viabilidad de la empresa.

Mientras tanto, la incertidumbre se extiende entre los trabajadores y entre las productoras integradas en el grupo. Mediapro ha sido durante años un referente en la industria audiovisual española, responsable de algunos de los formatos de ficción y entretenimiento más exitosos y con una presencia destacada en la producción de eventos deportivos. El posible despido de un millar de empleados y la eventual venta de la compañía generan inquietud sobre el futuro de estos proyectos y sobre el mantenimiento del empleo en un sector ya de por sí marcado por la precariedad.

El desenlace de esta crisis dependerá de varios factores: la capacidad de la nueva dirección para recuperar la confianza del accionista mayoritario, el resultado de la auditoría y la evolución de las conversaciones para una posible venta. Hao Tang, que ya ha comprometido una inversión multimillonaria, busca ahora una salida que minimice pérdidas o que le permita recuperar parte del capital invertido. Al mismo tiempo, los movimientos políticos y empresariales alrededor de Mediapro reflejan la importancia estratégica que se atribuye a la compañía en el ámbito mediático.

En definitiva, Mediapro se encuentra en una encrucijada histórica. La salida de sus fundadores, el relevo en la presidencia, los ajustes laborales y la posible entrada de un nuevo propietario configuran un escenario de profunda transformación. Lo que está en juego no es solo el futuro de una empresa emblemática, sino también el equilibrio de poder en el sector audiovisual español en los próximos años.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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