Heliofilia: cuando el sol fue una revolución cultural y política en Barcelona

El proyecto artístico que recupera la memoria de Els Amics del Sol revela una historia olvidada sobre naturismo, emancipación obrera, danza moderna y ecologismo en la Cataluña del siglo XX, al tiempo que interpela nuestra relación contemporánea con el cuerpo, la naturaleza y el espacio urbano

Hay historias que permanecen ocultas durante décadas no porque carezcan de relevancia, sino porque resultan incómodas para los relatos oficiales. La historia de Els Amics del Sol pertenece a esa categoría de memorias sumergidas. Nacido en la Barcelona de 1915, este colectivo naturista convirtió la búsqueda de la luz solar en mucho más que una práctica de bienestar: fue una forma de resistencia cultural, una pedagogía del cuerpo y una apuesta política por una vida diferente. Hoy, más de un siglo después, el proyecto artístico Heliofilia rescata aquel legado y lo sitúa en el centro de debates tan actuales como la crisis climática, la mercantilización del bienestar o la necesidad de reconectar con los entornos naturales.

La investigación impulsada por la artista Lola Lasurt y desarrollada en diálogo con la coreógrafa Mireia de Querol ha permitido reconstruir una experiencia colectiva que desafía muchas de las ideas preconcebidas sobre la modernidad catalana. Lo que emerge de esta recuperación histórica no es únicamente el retrato de un grupo excursionista o de una asociación naturista. Es, sobre todo, la historia de una comunidad que entendió el sol como un elemento transformador, capaz de articular nuevas formas de relación entre el individuo, la sociedad y el medio ambiente.

Para comprender la importancia de Els Amics del Sol es necesario regresar a la Barcelona de principios del siglo XX. La ciudad vivía una profunda contradicción. Mientras se consolidaba como motor industrial y económico, amplias capas de la población obrera sufrían condiciones de vida extremadamente precarias. Los barrios más densamente poblados acumulaban problemas de insalubridad, falta de ventilación y enfermedades asociadas a la pobreza. En aquel contexto, conceptos que hoy parecen habituales —la necesidad de espacios verdes, el acceso universal a la naturaleza o la importancia de la salud preventiva— formaban parte de una auténtica reivindicación social.

La respuesta de muchos sectores vinculados al pensamiento libertario y a los movimientos de renovación social fue desarrollar una visión integral del bienestar humano. La naturaleza dejó de entenderse únicamente como un paisaje para convertirse en una herramienta de emancipación. El contacto con el aire libre, el ejercicio físico, la alimentación saludable y la exposición al sol adquirieron una dimensión política. No se trataba simplemente de mejorar la salud individual, sino de construir una sociedad más equilibrada y menos dependiente de las dinámicas alienantes de la industrialización.

En este escenario surgió Els Amics del Sol. Vinculados inicialmente al entorno del movimiento excursionista y a los círculos culturales populares de Barcelona, sus integrantes desarrollaron una filosofía que combinaba naturismo, educación, cultura física y experimentación artística. Sus salidas periódicas a playas y espacios naturales no eran simples actividades recreativas. Eran auténticos laboratorios sociales donde se ponían en práctica nuevas formas de entender el cuerpo y la convivencia.

Uno de los aspectos más sorprendentes de esta historia es su estrecha relación con la evolución de la danza moderna. Lejos de limitarse a las prácticas naturistas, Els Amics del Sol adoptaron los principios desarrollados por Isadora Duncan y Raymond Duncan, pioneros de una concepción revolucionaria del movimiento corporal. Frente a la rigidez académica de la danza clásica, defendían movimientos más orgánicos, fluidos y conectados con los ritmos de la naturaleza. Aquellas prácticas, realizadas en playas y paisajes abiertos, introdujeron algunos de los fundamentos de la danza moderna en la península y anticiparon debates sobre corporalidad que siguen plenamente vigentes.

La recuperación de este patrimonio intangible constituye uno de los núcleos más relevantes de Heliofilia. Lasurt no se limita a reconstruir documentos históricos. Su propuesta convierte la investigación en una experiencia artística viva. Los paseos coreografiados desarrollados junto a Mireia de Querol funcionan como recreaciones contemporáneas de aquellas excursiones originales. A través del movimiento, los participantes exploran la memoria de unos territorios profundamente transformados por el desarrollo urbano y las infraestructuras metropolitanas.

La elección de los espacios no es casual. Muchas de las actividades históricas de Els Amics del Sol se desarrollaron en la antigua playa de Can Tunis, un enclave hoy desaparecido bajo la expansión portuaria y las transformaciones industriales del litoral barcelonés. Allí donde antes se celebraban encuentros dedicados al ejercicio físico, la lectura, la reflexión colectiva y el contacto con la naturaleza, hoy predominan infraestructuras logísticas y paisajes industriales. Esta transformación convierte el proyecto en una reflexión sobre la memoria territorial y sobre la manera en que las ciudades han redefinido su relación con el entorno natural.

La fuerza conceptual de Heliofilia reside precisamente en esa capacidad para conectar tiempos históricos diferentes. El proyecto observa el pasado sin nostalgia idealizada, pero tampoco desde la distancia arqueológica. Las preguntas que planteaban aquellos naturistas siguen resonando con intensidad en el presente. ¿Qué significa vivir de manera saludable en un entorno urbano cada vez más complejo? ¿Cómo se construyen comunidades en una época dominada por la hiperconectividad digital? ¿Qué lugar ocupa la naturaleza en sociedades donde la experiencia del paisaje suele estar mediada por el consumo y la imagen?

La figura del sol actúa como un hilo conductor extraordinariamente eficaz para abordar estas cuestiones. Durante siglos, el astro ha ocupado un lugar central en imaginarios religiosos, científicos y culturales. Sin embargo, la relación contemporánea con el sol parece marcada por una paradoja. Mientras crece la conciencia sobre los riesgos asociados a la exposición solar y el calentamiento global convierte las olas de calor en una amenaza creciente, persiste una poderosa fascinación estética y emocional por la luz solar.

El proyecto recupera un momento histórico en el que el sol era percibido fundamentalmente como una fuente de salud y regeneración. Para Els Amics del Sol, la helioterapia representaba una oportunidad de mejora física y moral. La exposición consciente a la luz solar formaba parte de una visión científica y racional del bienestar. El conocimiento debía permitir aprovechar los beneficios de la naturaleza de forma responsable y colectiva.

La comparación con el presente resulta inevitable. En una cultura dominada por las redes sociales, el bienestar se ha convertido frecuentemente en un producto de consumo. Las prácticas vinculadas al cuerpo, la meditación o la conexión con la naturaleza suelen presentarse como experiencias individualizadas y comercializables. Frente a ello, la historia de Els Amics del Sol recuerda una dimensión comunitaria que parece haberse debilitado. Su apuesta no consistía en optimizar el rendimiento personal, sino en construir formas compartidas de vida más libres y saludables.

También resulta especialmente relevante la dimensión ecológica de aquel movimiento. Mucho antes de que el ecologismo adquiriera su configuración contemporánea, estos colectivos ya expresaban preocupaciones relacionadas con la degradación ambiental, la contaminación urbana y los efectos sociales de determinados modelos de desarrollo. Su defensa de estilos de vida más próximos a la naturaleza puede interpretarse hoy como una de las manifestaciones tempranas de la conciencia ecológica moderna.

En este sentido, Heliofilia se inserta en una tendencia cada vez más visible dentro del arte contemporáneo: la recuperación de historias marginales para repensar desafíos actuales. La investigación artística deja de ser únicamente una práctica estética para convertirse en una herramienta crítica capaz de activar memorias olvidadas y generar nuevas conversaciones públicas.

La dimensión visual del proyecto refuerza esta vocación. Los frisos pictóricos creados por Lasurt dialogan con materiales de archivo, fotografías históricas y publicaciones producidas por los propios Amics del Sol. Esa combinación de documentación e interpretación artística permite reconstruir no solo hechos concretos, sino también sensibilidades, deseos y formas de imaginar el futuro.

Quizá uno de los aspectos más fascinantes de esta recuperación sea comprobar hasta qué punto aquellos pioneros anticiparon debates que hoy ocupan el centro de la agenda cultural. Hablar de salud integral, sostenibilidad, corporalidad, educación comunitaria o relación con el paisaje parece extraordinariamente contemporáneo. Sin embargo, muchas de estas preocupaciones ya articulaban las prácticas de aquellos grupos hace más de cien años.

La recuperación de Els Amics del Sol permite además cuestionar ciertos relatos simplificados sobre la historia urbana de Barcelona. Más allá de la imagen internacional asociada al turismo, la arquitectura o los grandes eventos, emerge una tradición libertaria, popular y ecologista que ha desempeñado un papel fundamental en la construcción de la identidad cultural de la ciudad. Una tradición que no siempre ha recibido la atención que merece y cuya visibilidad resulta especialmente pertinente en un momento de profundas transformaciones sociales y ambientales.

Al final, Heliofilia no habla únicamente del pasado. Habla del presente y, sobre todo, del futuro. La investigación de Lasurt y la reinterpretación coreográfica de Mireia de Querol convierten la memoria en una herramienta para imaginar otras formas de habitar el mundo. Frente a una sociedad acelerada, fragmentada y crecientemente digitalizada, la historia de aquellos amigos del sol propone una pregunta tan sencilla como radical: ¿qué sucede cuando una comunidad decide volver a mirar hacia la naturaleza no como un recurso, sino como un espacio compartido de aprendizaje, libertad y transformación?

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