En un momento histórico en que la religión —sea vivida, ignorada, criticada o reinterpretada— vuelve a ocupar un lugar sensible en el discurso público, la última película de Alauda Ruiz de Azúa, Los domingos, se erige como un lente cinematográfico para pensar la fe humana en plural. No es una película confesional, ni tampoco un alegato secular: es un ejercicio de filosofía aplicada al cine, un desafío a la manera en que nuestras circunstancias más íntimas y nuestras creencias (o su ausencia) moldean las decisiones que consideramos trascendentes. (Canal UGR)
Estrenada con gran éxito en España tras su Palmarés de Concha de Oro en el Festival de San Sebastián 2025, Los domingos ha generado debates más allá de la crítica cinematográfica, precisamente porque toca el nervio de la religión como experiencia vivida, no solo como sistema doctrinal. La película cuenta la historia de Ainara, una adolescente de 17 años que, huérfana de madre, anuncia a su familia que desea convertirse en monja de clausura. Esta simple declaración desencadena un choque profundo entre los miembros de su entorno, revelando no solo los conflictos familiares, sino las tensiones conceptuales sobre la fe, la libertad y el sentido de la vida. (Wikipedia)
I. Las circunstancias humanas y la fe: una ecuación orteguiana
El filósofo español José Ortega y Gasset afirmó que “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Esta frase podría fungir como epígrafe para entender lo que la película propone y lo que la reflexión filosófica que hemos examinado intenta articular: la religión, la fe y la decisión de creer no se dan en abstracto, sino en síntesis con la historia vital del individuo y su contexto social. Ainara no elige ser monja porque haya leído un tratado teológico concluyente; lo hace en el contexto de una vida familiar marcada por la pérdida, la incertidumbre y el deseo de sentido. (Canal UGR)
Esta perspectiva recuerda a una visión antropológica de la religión como fenómeno humano más que como simple adhesión a dogmas: los creyentes y no creyentes, todos, habitan un mundo de circunstancias que explotan precisamente en los momentos decisivos de la existencia. Ahí reside la fuerza dramática del relato: no se trata de convencer sobre la verdad objetiva de la fe, sino de examinar la forma en que nuestras decisiones existenciales se insertan en un entramado de afectos, historias personales y expectativas culturales.
II. Dos actitudes ante lo divino: crítica y aprecio
Uno de los méritos filosóficos del enfoque narrativo de Los domingos es que plantea dos figuras antagónicas que encarnan posiciones clásicas del pensamiento sobre la religión: la tía de Ainara, claramente escéptica y hostil a lo religioso, y la madre superiora del convento, que representa una visión de la fe como llamada irresistible. (Canal UGR)
La tía puede leerse como una figura que acumula varios argumentos sobre la religión desde Freud hasta Marx y Nietzsche: para Freud, la religión es una ilusión producto de procesos psicológicos profundos; para Marx, una forma de consuelo que puede alienar a las personas de su verdadero interés material; para Nietzsche, una construcción que en muchos casos promueve la sumisión y reprime los instintos vitales. (Yahoo Noticias) Estas tesis —con raíces en la filosofía moderna— proponen que la religión no tiene una realidad sobrenatural, sino que sería una proyección humana de necesidades afectivas, sociales o psicológicas.
En contraste, la madre superiora sostiene que la vocación religiosa de Ainara no es simplemente una proyección subjetiva, sino la manifestación de algo mayor o de un sentido más profundo de la vida. Esta posición se acerca más a la filosofía de la fe y de la experiencia religiosa como algo irreductible a explicaciones meramente sociológicas o científicas: no es necesariamente un argumento de certeza objetiva, sino una afirmación de sentido que puede sostenerse dentro de una vida vivida.
Estas dos posturas —la crítica y la afirmativa— no se contraponen como tesis absolutas en el filme; más bien, se presentan como modalidades de comprensión que requieren inspección filosófica profunda. ¿Es la religión una ilusión reconfortante o una experiencia genuina de trascendencia? ¿O puede ser ambas cosas a la vez desde diferentes perspectivas humanas?
III. Duda saludable: William James y la pluralidad de experiencias religiosas
Un punto crucial en la reflexión planteada por el artículo (que reseña la película desde un punto de vista experto) es la invitación a acoger la duda como parte de la vida religiosa y filosófica. No se trata de eliminar la fe ni de negarla con argumentos apriorísticos, sino de reconocer que nuestras certezas y nuestras dudas están constitutivamente mezcladas en la experiencia humana. (Yahoo Noticias)
El filósofo William James, en Las variedades de la experiencia religiosa, proponía que la religión debería estudiarse no desde prerrequisitos dogmáticos, sino como un fenómeno diverso que se manifiesta de múltiples formas en los sujetos. James defendía que la importancia de una experiencia religiosa radica en su impacto pragmático en la vida del individuo, no en su veracidad metafísica per se.
La película encarna esta idea: Ainara, la tía, y la madre superiora no poseen acceso a una verdad objetiva común. Su diálogo es, más bien, un intento de traducir experiencias radicalmente diferentes. Esto refleja el concepto de que en muchas discusiones sobre religión no hay un “idioma común” perfecto, sino múltiples vocabularios culturales y existenciales. Esta pluralidad es una condición fundamental para pensar la religión de forma filosófica, sin reducirla a dogmas, ni descartarla con desdén.
IV. La dimensión cultural de la religión: más allá del credo
A pesar de que la directora de Los domingos, Ruiz de Azúa, se declara no creyente, ha señalado que el catolicismo está intrincado en la cultura española y, por extensión, en muchas culturas occidentales. Esta afirmación subraya que la religión no actúa solo como conjunto de doctrinas sino también como fenómeno cultural que modela formas de relacionarnos, de pensar el sufrimiento, la comunidad y la libertad. (El País)
Desde esta perspectiva cultural, la religión puede entenderse como un sistema simbólico que afecta las prácticas sociales y las narrativas personales. Esto se refleja también en el modo en que los personajes de la película interactúan: sus reacciones ante la vocación de Ainara no se limitan a un argumento teórico sobre la existencia de Dios, sino que emergen de contextos familiares, afectivos y sociales.
Este enfoque conecta con corrientes filosóficas que consideran la religión no solo como creencia en lo sobrenatural, sino como estructura de sentido que orienta prácticas sociales. También recuerda teorías que ven aspectos de la vida moderna —como el capitalismo, el consumismo o las relaciones personales— como si fueran religiones secularizadas: estructuras que funcionan como respuestas a preguntas profundas sobre sentido, felicidad y comunidad, aunque no se formulen en términos tradicionales de fe (véase, por ejemplo, la idea de que el capitalismo mismo puede funcionar como religión moderna). (Wikipedia)
V. Libertad, autonomía y discernimiento: una ética de creer o no creer
Más allá de si la religión es verdadera o falsa, Los domingos plantea una pregunta ética fundamental: ¿cómo debemos responder ante la libertad de otro para creer o no creer?. Esta pregunta no es retórica, sino moralmente exigente: exige reconocer la capacidad del otro para elegir, incluso cuando su elección nos resulte ajena o desconcertante.
En el centro de esta ética está la noción de discernimiento: no un juicio precipitado sobre lo que es correcto o incorrecto, sino una apertura cuidadosa al otro como sujeto autónomo. Ese discernimiento no es un método infalible, ni garantiza certezas, pero sí constituye un modo de relacionarnos con la diferencia sin reducirla a la hostilidad o la indiferencia.
Esta ética se parece a la postura de muchos filósofos contemporáneos que sostienen que el respeto por la autonomía y la capacidad de entendimiento entre diversos puntos de vista es un valor en sí mismo. La tarea filosófica no consiste en demostrar quién tiene razón, sino en facilitar el espacio para que cada persona y cada perspectiva puedan ser escuchadas, examinadas y puestas en diálogo.
Conclusión: una filosofía no dogmática para tiempos inciertos
Los domingos no ofrece respuestas definitivas sobre la existencia de Dios ni sobre el valor intrínseco de la religión. Su fuerza reside en poner en escena la complejidad de las experiencias humanas vinculadas al sentido, la pérdida, la libertad y la fe. En ello, la película se convierte en un laboratorio filosófico para pensar no solo la religión, sino la manera en que cada uno de nosotros se enfrenta a las grandes preguntas de la vida sin certezas objetivas y con plena responsabilidad personal.
Lejos del dogmatismo y la polémica estéril, la reflexión que articula —y que el artículo de Agustín Moreno Fernández rescata— invita a una filosofía de la comprensión y la duda, una que no rehúye las preguntas más difíciles sobre la fe, sino que las acoge como parte inseparable de nuestra circunstancia humana. (Canal UGR)
