Varias embajadas y empresas con presencia en Cuba se encuentran en un proceso de revisión y actualización de sus planes de contingencia y evacuación ante un clima de creciente incertidumbre política, geopolítica y económica que sacude a la isla caribeña. La situación se da en un contexto marcado por tensiones internacionales, crisis energética en Cuba y medidas estadounidenses que han generado alarma entre gobiernos y actores privados.

Un clima de tensión internacional en ascenso

La tensión geopolítica en torno a Cuba ha aumentado drásticamente en las últimas semanas, impulsada por varios factores externos e internos. Uno de los más relevantes ha sido la reciente captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, un evento que ha profundizado las fricciones en América Latina y llevado la atención del Gobierno de Estados Unidos hacia la situación cubana.

En este marco, Washington, bajo la administración del presidente Donald Trump, ha adoptado una postura cada vez más dura con respecto al Gobierno de Cuba. El mandatario estadounidense ha llegado a calificar al país como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, y ha firmado órdenes ejecutivas que contemplan sanciones económicas contra naciones que suministren petróleo a la isla.

Paralelamente, funcionarios del Departamento de Estado han enfatizado que Washington aspira a un cambio político en Cuba en 2026 que permita a los cubanos ejercer “sus libertades fundamentales”, una declaración interpretada por analistas como un mensaje hacia el régimen de Miguel Díaz-Canel y, más ampliamente, hacia la comunidad internacional.

Embajadas reevaluando riesgos

En este contexto, varias embajadas de países europeos y latinoamericanos han iniciado la revisión de sus planes de emergencia y evacuación en La Habana. Según fuentes diplomáticas citadas por la agencia EFE, estas representaciones están actualizando listados de nacionales residentes en Cuba, contactándolos incluso de forma individual para verificar datos y ubicación, y evaluando escenarios de crisis de corto plazo.

Los motivos detrás de esta reevaluación obedecen a una combinación de factores. Por un lado, está la preocupación por una posible intervención militar —aunque sea limitada— ordenada desde Washington, un escenario que algunas fuentes consideran plausible dada la reciente presión estadounidense en la región y los hechos vividos en Venezuela.

Por otro, las misiones diplomáticas también se preparan para escenarios más prosaicos pero igualmente críticos: largos períodos sin servicios básicos como electricidad, agua o combustible, condiciones que varias legaciones consideran ya una posibilidad real debido a la crisis energética que enfrenta Cuba.

Empresas internacionales bajo alerta

No solo las representaciones diplomáticas han comenzado a moverse. Varias filiales de empresas internacionales con operaciones en Cuba han admitido que, ante la incertidumbre geopolítica, están revisando sus planes junto con sus casas matrices para evaluar los riesgos de continuidad operativa.

El deterioro de la situación económica y logística en la isla ha sido un factor decisivo para estas consideraciones. Con apagones prolongados, escasez de combustible y una capacidad industrial cada vez más limitada, algunas empresas señalan que la producción y la logística podrían volverse insostenibles si los envíos de crudo y derivados no se normalizan o aumentan.

Uno de los casos más llamativos es el de la multinacional británica Unilever, que según fuentes cercanas a la compañía ya habría evacuado a las familias de sus trabajadores extranjeros en Cuba como medida preventiva. Aunque la empresa no ha confirmado oficialmente la información, este paso simboliza la cautela creciente en el sector privado internacional.

Crisis energética y económica interna

La preocupación diplomática y empresarial no surge en el vacío. Cuba atraviesa una de sus peores crisis energéticas en la historia reciente. La principal termoeléctrica del país, Antonio Guiteras, ha sufrido apagones significativos, mientras que los datos reportados por fuentes especializadas dan cuenta de reservas de petróleo que podrían agotarse en unas pocas semanas si no se reanudan los suministros.

La situación se agrava por la cancelación de envíos de petróleo procedente de México, que anteriormente había funcionado como un enlace crítico tras la interrupción del suministro de Caracas. Aunque México ha insistido en su soberanía y en que no responde a presiones externas, la reducción de estos envíos ha aumentado la escasez de combustible en Cuba y ha sido un factor clave en el colapso de servicios básicos.

El impacto es amplio. Más allá de los apagones, la escasez de gasolina afecta actividades cotidianas como la recolección de basura y el transporte público, mientras que el sector turístico —tradicionalmente una fuente importante de divisas para la isla— ha visto un notable descenso en visitantes y actividad.

Repercusiones geopolíticas

La situación en Cuba no solo es una cuestión bilateral entre La Habana y Washington. La escalada de tensión tiene implicaciones más amplias para las relaciones internacionales en la región. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela marcó un punto de inflexión en las dinámicas entre Estados Unidos y varios gobiernos latinoamericanos, generando una ola de incertidumbre sobre el futuro de la cooperación regional.

Además, las nuevas medidas estadounidenses —como la amenaza de imponer aranceles a países que suministren petróleo a Cuba o incluso contemplar un bloqueo naval para detener importaciones energéticas— han despertado reacciones y debates sobre la soberanía de naciones como México y otros potenciales proveedores.

Este contexto ha llevado a que algunos gobiernos reconsideren su postura en relación con La Habana. Aunque muchos reafirmaron su compromiso con la no intervención y el respeto a la soberanía cubana, la persistente presión externa y la volatilidad del entorno han impulsado una mayor cautela en las decisiones diplomáticas y comerciales.

Comunicación oficial y respuestas cubanas

El Gobierno cubano ha reaccionado de manera crítica a las medidas y presiones externas. Autoridades y medios oficiales han denunciado los intentos de injerencia en sus asuntos internos, acusando a Estados Unidos de buscar la desestabilización del país y de provocar sufrimiento social. Desde La Habana se asegura que la soberanía nacional no está en discusión y que el pueblo cubano resistirá las adversidades.

Las declaraciones oficiales también han enfatizado el derecho de Cuba a mantener relaciones internacionales independientes y a gestionar sus recursos energéticos y económicos sin injerencias externas. El discurso gubernamental apunta a contrarrestar la narrativa de crisis con llamados a la unidad interna y solidaridad frente a lo que consideran un cerco diplomático y económico.

Perspectivas y escenarios futuros

Los analistas coinciden en que diversas fuerzas están moldeando el presente y futuro inmediato de Cuba. La conjunción de un deterioro económico interno, el endurecimiento de políticas estadounidenses y una gestión diplomática cautelosa por parte de países con presencia en la isla crea un escenario complejo y de alta incertidumbre.

Para las embajadas, el principal reto será equilibrar la seguridad de sus nacionales con la preservación de relaciones bilaterales y misiones diplomáticas activas. Ese desafío implica actualizar protocolos sin generar pánico ni tomar decisiones precipitadas que puedan agravarel clima de tensión.

En el ámbito empresarial, la continuidad de operaciones dependerá en gran medida de la evolución de la situación energética y logística. Si las condiciones internas no mejoran, no sería sorprendente ver un incremento en planes de repliegue, reducciones operativas o incluso salidas definitivas de algunos actores privados.

Finalmente, el papel de actores externos —tanto regionales como globales— será clave para determinar si la actual fase de tensión se intensifica o si se abren espacios para la negociación y la reducción del conflicto. Este equilibrio entre presión y diplomacia podría definir no solo el futuro de Cuba, sino también las relaciones hemisféricas en los próximos años.

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