El bombardeo de la capital catarí, Doha, perpetrado ayer martes por la aviación israelí contra una reunión de líderes de Hamás y la Yihad Islámica, ha desatado una tormenta de interrogantes. A mayor número de preguntas, mayor es la confusión: el Estado atacado no es solo un aliado estratégico de Estados Unidos, sino que se presenta como mediador de paz, recibe delegaciones palestinas e israelíes y alberga la mayor base militar norteamericana en Oriente Medio, equipada con sistemas avanzados de detección.
Versiones contradictorias
Con el paso de las horas, las versiones se multiplican y el panorama se vuelve más enrevesado:
La Casa Blanca: su portavoz, Karoline Leavitt, aseguró que la administración estadounidense fue informada del ataque la mañana del 9 de septiembre de 2025 a través del ejército y que el presidente Trump instruyó a su enviado especial, Steve Witkoff, para advertir a las autoridades cataríes de la ofensiva inminente.
Doha: el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ofreció la versión opuesta: explicó que la llamada estadounidense llegó “mientras se escuchaban las explosiones”, es decir, durante o después de la ejecución, negando que existiera una alerta previa y calificando lo demás como “informaciones sin fundamento”.
Axios: un funcionario estadounidense declaró que Washington no supo del ataque hasta que los misiles ya estaban en el aire, lo que impidió cualquier reacción, contradiciendo las versiones anteriores.
Canal 14 israelí: sostuvo que la operación probó la capacidad de Israel de actuar en un espacio aéreo protegido por sistemas como “Patriot 3” y “NASAMS”, e insinuó que partes de la defensa aérea catarí podrían haber sido apagadas deliberadamente.
Canal 12 israelí: informó de la presencia de aviones de inteligencia estadounidenses y británicos, además de cazas cataríes, en el cielo de Doha poco antes del ataque, lo que plantea la pregunta: ¿cómo pudo Israel ejecutar su bombardeo en un espacio tan vigilado?
Al Hadath (Arabia Saudí): reveló que los líderes de Hamás no estaban en sus oficinas, sino en un hotel, lo que abre la hipótesis de información defectuosa o de una estrategia de engaño por parte del movimiento.
Fuentes turcas: medios en Ankara informaron que radares turcos detectaron el trayecto de los aviones israelíes y alertaron a Catar antes del ataque, pero la advertencia no se tradujo en evacuación ni respuesta defensiva. ¿Llegó tarde la alerta o Doha prefirió no confrontar?
Reuters: señaló que la inteligencia egipcia recomendó a la delegación de Hamás moverse en grupos, lo que facilitó que escaparan al bombardeo. Posteriormente, El Cairo les confirmó que tenía indicios de un posible ataque, aunque sin certeza sobre su naturaleza.
En cualquier caso, más allá de las versiones, lo indiscutible es que una capital árabe fue atacada desde el aire.
Mensajes de Israel
El bombardeo buscó enviar múltiples mensajes:
A Hamás y la Yihad Islámica: la próxima vez puede tratarse de asesinatos selectivos contra la cúpula dirigente; ninguna capital ofrecerá refugio.
A Catar: debe aumentar la presión sobre Hamás para que acepte las condiciones israelíes; incluso con la protección estadounidense, su cielo es vulnerable.
Al mundo árabe e islámico: ninguna capital está a salvo. Desde Beirut, Damasco y Teherán, hasta ahora Doha. ¿Cuál será la siguiente? El poder de disuasión israelí alcanza el corazón de las capitales árabes e islámicas.
Además, el ataque confirmó lo que Israel ya había adelantado semanas atrás: que las próximas negociaciones podrían trasladarse a otro país, posiblemente Emiratos Árabes Unidos, en el marco de una reconfiguración regional destinada a controlar los espacios de mediación.
Opciones de Doha
Las alternativas de Catar son limitadas:
1. Continuar con la mediación pese al golpe a su prestigio.
2. Escalar diplomáticamente y suspender temporalmente su papel, insinuando incluso una revisión de la presencia militar estadounidense en la base de Al Udeid, o la posibilidad de sustituirla por una presencia china o turca como herramienta de presión.
3. Jugar la carta más sofisticada: acudir al Consejo de Seguridad de la ONU. Allí, Estados Unidos se vería obligado a elegir entre permitir la aprobación de una resolución que presione a Israel o vetarla y quedar en evidencia. En ambos escenarios, Catar ganaría influencia, reforzando su papel mediador e incluso proponiendo un plan para un alto el fuego humanitario en Gaza.
Sin embargo, con la temeridad de Netanyahu, el narcisismo de Trump y la ausencia de un verdadero movimiento árabe o regional, solo me queda advertirles: esperen su turno, pues sus declaraciones de condena ya están listas.
