En un avance que resalta la creciente ambición de China en el dominio espacial, científicos del país han revelado un innovador lanzador de proyectiles diseñado específicamente para combatir el creciente problema de los desechos orbitales. Este dispositivo, compacto y sigiloso, promete eliminar basura espacial peligrosa que amenaza satélites y misiones tripuladas. Sin embargo, su potencial como arma dual-use ha encendido alarmas en círculos de defensa internacional, recordándonos que en el espacio, la línea entre la paz y el conflicto es tan delgada como la atmósfera terrestre. Este desarrollo, publicado en julio de 2025 en la revista china Acta Aeronautica et Astronautica Sinica, podría redefinir no solo la gestión de desechos espaciales, sino también las estrategias militares en órbita.

El problema de los desechos espaciales no es nuevo. Desde el lanzamiento del Sputnik en 1957, la humanidad ha acumulado más de 36.000 objetos rastreables en órbita, junto con millones de fragmentos más pequeños que viajan a velocidades de hasta 28.000 kilómetros por hora. Estos desechos, resultado de colisiones, explosiones y misiones abandonadas, representan un riesgo catastrófico. Un impacto con un fragmento de apenas un centímetro podría destruir un satélite valorado en cientos de millones de dólares o poner en peligro vidas humanas, como en la Estación Espacial Internacional (EEI), que ha tenido que maniobrar más de 30 veces para evitar colisiones en los últimos años. Organizaciones como la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) estiman que, sin intervenciones activas, el «síndrome de Kessler» —una cascada de colisiones que genera más debris (escombros)— podría hacer inutilizables ciertas órbitas para el 2050.

China, como potencia espacial emergente, ha contribuido tanto al problema como a las soluciones. En 2007, su prueba de un misil antisatélite (ASAT) destruyó un satélite propio, creando miles de fragmentos que aún orbitan y han sido criticados por la comunidad internacional por agravar el clutter orbital. Desde entonces, Beijing ha invertido en tecnologías de mitigación, incluyendo satélites como el Shijian-21, lanzado en 2021 para «verificar tecnologías de mitigación de desechos espaciales». Ahora, este nuevo lanzador representa un salto cualitativo: un sistema que combina propulsión tradicional con ingeniería de vanguardia para operar en el vacío espacial sin comprometer la plataforma de lanzamiento.

Descripción Técnica del Lanzador

El dispositivo, desarrollado por un equipo interdisciplinario de ingenieros aeroespaciales de Nanjing, Shanghai y Shenyang, y liderado por Yue Shuai, profesor asociado de ingeniería mecánica en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Nanjing, se basa en el principio de propulsión por pólvora, un invento chino del siglo IX, pero adaptado a la era espacial. A diferencia de cañones convencionales, que generan flashes cegadores, vibraciones intensas y nubes de residuos, este lanzador es «sigiloso»: no produce humo, luz ni vibraciones significativas al disparar.

El mecanismo es ingenioso. Al activarse, una pequeña carga genera gas a alta presión que impulsa un pistón hacia adelante. Una sección débil prediseñada se rompe a una presión específica, liberando el proyectil —una cápsula que contiene una red desplegable para capturar debris—. Cerca del cañón, un anillo inclinado a 35 grados choca con el proyectil, absorbiendo la mayor parte de la energía cinética y la vibración, doblándose como una «flor cayendo». Esto minimiza el retroceso, reduciendo el desplazamiento del cañón a solo 3,45 milímetros y el empuje pico en más de un 9% comparado con ángulos menores. Un tapón contiene el gas, evitando contaminación orbital que podría dañar componentes sensibles de naves espaciales.

En pruebas de laboratorio, el sistema demostró precisión para lanzar la red hacia objetivos específicos, atarlos y arrastrarlos hacia la atmósfera para su incineración. Su tamaño compacto lo hace ideal para integración en satélites o estaciones espaciales, como la Tiangong china. Yue y su equipo enfatizan que resuelve desafíos históricos de armas espaciales, como la desestabilización de instrumentos sensibles o el consumo excesivo de energía.

El Uso Pacífico: Limpiando los Cielos Orbitales

El lanzador aborda un vacío crítico en la gestión de desechos. Tecnologías existentes, como brazos robóticos (probados por China en 2017) o láseres orbitales propuestos en 2018, tienen limitaciones. Los láseres, por ejemplo, requieren energía masiva y podrían fragmentar debris en lugar de removerlo. El método de red, en cambio, es «activo» y selectivo, ideal para objetos grandes como etapas de cohetes abandonadas.

China no está sola en esta carrera. Empresas como Astroscale (Japón) y Sustain Space (China) han asegurado fondos para misiones de remoción. Beijing argumenta que su tecnología promueve el uso sostenible del espacio, alineándose con tratados como el de 1967 sobre el Espacio Exterior, que prohíbe armas nucleares en órbita pero permite actividades pacíficas. En foros como el Comité de las Naciones Unidas para los Usos Pacíficos del Espacio Exterior, China ha apoyado directrices no vinculantes para mitigar debris.

Sin embargo, el contexto geopolítico complica esta narrativa. Con más de 3.000 satélites en órbita, China depende cada vez más del espacio para comunicaciones, navegación (BeiDou) y vigilancia militar. Limpiar debris no solo protege activos propios, sino que posiciona a Beijing como líder en gobernanza espacial, potencialmente influyendo en normas internacionales.

El Potencial Militar: Un Arma Dual-Use

Aquí radica la controversia: el lanzador es inherentemente dual-use. Su sigilo —sin emisiones detectables— lo hace ideal para operaciones encubiertas. En lugar de una red, podría lanzar proyectiles cinéticos para impactar satélites enemigos, disruptir comunicaciones o cegar sensores ópticos. Expertos en defensa, como los de la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE.UU., han advertido que tecnologías chinas para «inspección y reparación de satélites» o remoción de debris podrían funcionar como armas antisatélite.

Históricamente, China ha demostrado capacidades ASAT. La prueba de 2007 generó 3.000 fragmentos rastreables, destacando el riesgo de weaponización que crea más debris. En 2021, el lanzamiento del Shijian-21 fue visto por algunos como una «arma satelital» capaz de «agarrar» objetivos. Propuestas como láseres orbitales para debris también han suscitado temores de uso militar, ya que un láser podría dañar sensores enemigos sin destrucción total.

En un conflicto, este lanzador podría integrarse en plataformas como el sistema de bombardero orbital fraccional chino o constelaciones de mega-satélites. Su bajo retroceso permite disparos repetidos sin desestabilizar el satélite portador, ideal para guerra asimétrica en espacio. Analistas como Nicholas Johnson de NASA señalan que cualquier sistema que manipule objetos orbitales podría escalar tensiones, especialmente con la dependencia de EE.UU. en satélites para GPS y inteligencia.

Reacciones internacionales han sido mixtas. En redes como X (anteriormente Twitter), usuarios han destacado el «uso dual» del dispositivo, con posts advirtiendo sobre su potencial como «arma encubierta». La Comisión de Revisión Económica y de Seguridad EE.UU.-China ha expresado preocupaciones sobre ambiciones chinas para «dominar» el espacio comercial y militar. Canadá ha propuesto moratorias multilaterales en pruebas ASAT para reducir debris, pero sin avances significativos en la Conferencia de Desarme.

Implicaciones Geopolíticas y Estratégicas

Este desarrollo se enmarca en la expansión espacial de China. Con planes para mega-constelaciones y cohetes reutilizables, Beijing busca paridad con EE.UU., que domina con empresas como SpaceX. En defensa, implica un cambio hacia «armas suaves» que evitan debris masivo, alineándose con doctrinas de «guerra informativa» donde disruptivos satélites es clave sin escalada nuclear.

Para Occidente, representa un desafío. La OTAN ha clasificado el espacio como dominio operativo desde 2019, y EE.UU. invierte en contramedidas como satélites maniobrables. Sin embargo, la comercialización podría mitigar riesgos: empresas privadas chinas como Sustain Space podrían exportar tecnología, fomentando cooperación.

Expertos como Paul Meyer, exembajador canadiense en la CD, abogan por normas que limiten tecnologías dual-use, argumentando que el debris afecta a todos. Estudios chinos sobre «varas de Dios» (proyectiles orbitales) muestran que incluso sistemas no destructivos podrían tener impactos limitados, pero suficientes para disuasión.

Perspectivas Futuras

El lanzador de proyectiles de China es un testimonio de innovación, pero también un recordatorio de la militarización espacial. Si se despliega pacíficamente, podría liderar esfuerzos globales contra debris, beneficiando a la humanidad. Pero su potencial como arma subraya la necesidad de diplomacia: tratados actualizados, transparencia en pruebas y colaboración internacional.

En última instancia, el espacio no pertenece a una nación. Como dijo el Tratado de 1967, debe usarse «en beneficio de todos los pueblos». Si China equilibra ambición con responsabilidad, este dispositivo podría limpiar órbitas en lugar de congestionarlas con tensiones. De lo contrario, podría precipitar una carrera armamentista que haga el espacio inhabitable para generaciones futuras.

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