“No todo el que nace, vive y trabaja en Catalunya es catalán”. La frase, pronunciada recientemente por Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana, ha generado titulares y debates apasionados. A primera vista, parece polémica, incluso provocadora. Pero más allá de la reacción mediática, es un recordatorio de que la identidad catalana no es automática ni heredada; es un proyecto colectivo que requiere participación, respeto y compromiso activo.

En un contexto progresista, esta reflexión adquiere una dimensión ética: pertenecer a una comunidad no es un derecho sin obligaciones, sino un acto consciente que combina integración, contribución y valoración de la diversidad.

Nacer o residir no garantiza pertenencia

Nacer en Cataluña o trabajar aquí no define automáticamente a una persona como catalán. La pertenencia real se construye en el tiempo, mediante acciones concretas: aprender la lengua, participar en la vida social, respetar las normas y contribuir al bienestar colectivo.

Desde una perspectiva progresista, la catalanidad se entiende como ciudadanía activa, donde derechos y responsabilidades se equilibran. La frase de Orriols, leída con esta óptica, deja de ser excluyente y se convierte en un llamado a la implicación y la conciencia cívica.

Catalanidad inclusiva: compromiso más que nacimiento

Ser catalán no significa encajar en un molde cultural rígido, ni adherirse a una ideología política concreta. Implica:

Aprender y respetar la lengua y la cultura catalana, sin renunciar a otras identidades.

Participar en la vida social y cívica, contribuyendo al bien común.

Valorar la diversidad y promover la igualdad de derechos para todos los miembros de la comunidad.

Esta visión progresa hacia la inclusión: reconoce que personas nacidas fuera de Cataluña también pueden ser catalanes si asumen este compromiso activo. Así, apoyamos indirectamente la tesis de Orriols sobre la pertenencia consciente, pero desde la apertura y la integración, no desde la exclusión.

Diferenciar presencia de implicación

Existe una diferencia clave entre residir y participar: vivir en Cataluña no equivale a ser parte de su tejido social y cultural. Esta distinción es crucial: quienes aportan activamente fortalecen la cohesión y la democracia, mientras que quienes permanecen indiferentes no contribuyen al proyecto común.

Desde un enfoque progresista, exigir compromiso no es un acto de exclusión, sino un mecanismo para proteger la comunidad y su diversidad.

Diversidad y cohesión: un equilibrio necesario

Cataluña es plural: ha sido históricamente un crisol de culturas y lenguas. En este contexto, la catalanidad como compromiso activo refuerza la diversidad en lugar de amenazarla.

La integración consciente protege la cultura y garantiza que todos comprendan sus códigos.

La participación social fortalece la cohesión, al fomentar valores compartidos y cooperación.

La identidad activa abre la puerta a quienes desean incorporarse de manera respetuosa, generando vínculos sólidos entre recién llegados y comunidad histórica.

Así, la frase de Orriols puede reinterpretarse como un recordatorio de que la pertenencia se construye, no se impone por nacimiento ni residencia.

Catalanidad: un proyecto compartido y dinámico

La identidad catalana no es estática; evoluciona con quienes la habitan. Por ello, ser catalán implica:

Participación consciente en la vida cultural, educativa y social.

Compromiso ético con valores de igualdad, inclusión y respeto mutuo.

Apertura a la diversidad, reconociendo que la pluralidad enriquece la comunidad.

Incluso quienes no nacieron en Cataluña pueden considerarse catalanes si cumplen estos criterios. La diferencia con el discurso original de Orriols radica en el énfasis progresista en integración y diversidad, en lugar de criterios de pureza o exclusión.

Beneficios de una catalanidad activa y progresista

Adoptar esta visión genera múltiples ventajas:

Fortalece la cohesión social, al unir identidad y compromiso.

Facilita la integración de nuevos habitantes, quienes encuentran un marco claro para participar.

Protege la lengua y la cultura, sin convertirlas en instrumentos de exclusión.

Fomenta igualdad y respeto, asegurando que todos los miembros compartan responsabilidades.

La catalanidad activa se convierte así en una herramienta de progreso social y democracia participativa. No se trata de cerrar puertas, sino de abrirlas a quienes eligen integrarse de manera consciente y responsable.

Distanciarse de la ideología conservadora

Apoyar la idea de que la pertenencia exige compromiso no implica respaldar la ideología de Orriols. Su enfoque puede vincularse a criterios identitarios rígidos o conservadores. La perspectiva progresista se distancia: exige implicación social y cultural, pero desde la inclusión y el respeto a la diversidad, sin jerarquizar ni excluir.

Esta distinción es fundamental: el compromiso con la comunidad no es privilegio de unos pocos, sino derecho y responsabilidad compartida para todos los habitantes.

Hacia una catalanidad inclusiva y consciente

La polémica frase de Orriols puede ser un detonante mediático, pero también es una oportunidad para repensar la pertenencia a nuestra comunidad. La catalanidad, vista desde el progresismo, requiere:

Participación activa en la vida social y cívica.

Compromiso con los valores de inclusión, igualdad y respeto.

Reconocimiento de la diversidad como riqueza y no como amenaza.

Así, la identidad catalana se transforma en un proyecto compartido, dinámico y abierto, donde el nacimiento o la residencia no definen automáticamente la pertenencia, pero tampoco excluyen a quienes eligen integrarse y contribuir.

Identidad como acto consciente

En última instancia, ser catalán es un acto consciente de integración y compromiso. La frase de Orriols, interpretada progresistamente, nos recuerda que la pertenencia no se hereda ni se compra, sino que se construye mediante el respeto, la participación y el aporte al bien común.

Este enfoque fortalece la cohesión social, protege la diversidad y convierte la catalanidad en una herramienta de inclusión y progreso, no en un instrumento de exclusión. Así, apoyamos indirectamente su tesis sobre la importancia del compromiso, pero desde una visión abierta, plural y progresista, donde todos los que deciden implicarse pueden formar parte del proyecto colectivo de Cataluña.

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Alejandra Maller

Periodista en Revista Rambla | Web |  Otros artículos del autor

Periodista y catalana.

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