En un giro que parece sacado de una novela distópica, la primera dama de Francia, Brigitte Macron, se prepara para presentar «pruebas científicas y fotográficas» ante un tribunal estadounidense para demostrar que no es un hombre. Esta declaración, hecha por el abogado de la pareja presidencial, Tom Clare, en una entrevista con la BBC, marca un nuevo capítulo en una saga de desinformación que ha perseguido a los Macron desde la era de la pandemia. La demanda por difamación contra la influencer ultraconservadora Candace Owens no solo expone las grietas de la era digital, donde las teorías conspirativas se propagan como virus, sino que también plantea interrogantes profundos sobre la transfobia, la libertad de expresión y el costo personal de la fama política.

La controversia, que ha capturado la atención global, surge de afirmaciones infundadas que alegan que Brigitte Macron, de 72 años, nació como hombre bajo el nombre de Jean-Michel Trogneux, su propio hermano, y que habría transicionado en algún momento de su vida adulta. Owens, una figura prominente en la derecha estadounidense con millones de seguidores en redes sociales, ha apostado su «reputación profesional entera» en esta narrativa, promovida en videos de YouTube, pódcast y publicaciones en X. En marzo de 2024, Owens declaró públicamente: «Apuesto mi reputación profesional entera a que Brigitte Macron es un hombre». Esta afirmación, repetida en una serie de ocho episodios de pódcast titulada «Becoming Brigitte», ha acumulado millones de vistas y ha sido calificada por los Macron como un acto deliberado de difamación para ganar audiencia y monetizar el escándalo.

Orígenes de una falsedad pandémica

Para entender el contexto, es necesario retroceder a 2021, en plena crisis del COVID-19 en Francia. En un momento de desconfianza generalizada hacia las instituciones —con protestas contra las vacunas y el confinamiento en auge—, dos blogueras francesas, Amandine Roy y Natacha Rey, publicaron un video en YouTube especulando sobre el género de Brigitte Macron. Alegaban, sin evidencia sólida, que la primera dama había asumido la identidad de su hermano Jean-Michel, quien supuestamente habría desaparecido de los registros públicos. Esta teoría, alimentada por fotos antiguas manipuladas y genealogías falsificadas, se viralizó rápidamente en círculos de extrema derecha y antivacunas.

Los Macron respondieron con una demanda por difamación en Francia. En 2024, un tribunal inicial falló a su favor, condenando a Roy y Rey por propagar mentiras. Sin embargo, en julio de 2025, una corte de apelaciones revocó la sentencia, argumentando que no cumplía con la definición legal estricta de difamación y priorizando la libertad de expresión. Brigitte Macron y su hermano apelaron ante la Corte de Casación, la más alta instancia judicial francesa, donde el caso aún pende. Este revés no disuadió a los propagadores; al contrario, lo interpretaron como una validación implícita, exacerbando la difusión internacional de la teoría.

La narrativa ha mutado en redes sociales como X, donde búsquedas semánticas revelan un ecosistema de posts que van desde memes satíricos hasta afirmaciones serias.

La demanda transatlántica: De París a Delaware

El salto al escenario estadounidense ocurrió en julio de 2025, cuando los Macron presentaron una demanda de 22 cargos por difamación contra Owens y su empresa en la Corte Superior de Delaware. La elección de esta jurisdicción no es casual: Owens reside en Tennessee, pero su negocio opera en Delaware, un estado favorable para demandas corporativas. La querella acusa a Owens de ignorar «toda evidencia creíble que desmiente su afirmación» y de «alentar teóricos conspirativos conocidos y difamadores probados» para monetizar el contenido.

En respuesta, Owens ha presentado una moción para desestimar el caso, argumentando falta de jurisdicción, prescripción bajo la ley francesa y el principio de «forum non conveniens» —es decir, que el litigio debería resolverse en Francia—. En una entrevista con Tucker Carlson en julio de 2025, Owens insistió en que la demanda es un intento de «intimidar a una reportera» y que el caso es «más grande» que ella misma, insinuando una conspiración global. Sin embargo, fuentes como The Guardian destacan que esta teoría forma parte de un patrón más amplio de ataques contra mujeres poderosas, desde Michelle Obama hasta Lady Gaga, donde se las acusa de ser transgénero como forma de deslegitimación.

El anuncio de las «pruebas científicas» por parte de Tom Clare ha intensificado el debate. En el pódcast «Fame Under Fire» de la BBC, Clare explicó que Brigitte Macron está dispuesta a someterse a un proceso «increíblemente intrusivo» para «establecer el récord». Esto podría incluir testimonios expertos, fotografías de su embarazo y crianza de sus tres hijos (de un matrimonio anterior), y posiblemente análisis genéticos o médicos que confirmen su sexo biológico. Clare enfatizó que las alegaciones no solo son falsas, sino que acusan implícitamente a los Macron de actos criminales, como fraude de identidad y conspiración para engañar al mundo.

Brigitte, una ex profesora de literatura que conoció a Emmanuel Macron cuando él era su alumno adolescente (ella tenía 40 años y él 15), ha sido blanco de escrutinio por su diferencia de edad de 24 años. Esta relación, que culminó en matrimonio en 2007 tras el divorcio de Brigitte, ha sido romantizada en Francia, pero criticada en círculos conservadores como un ejemplo de «grooming» (engaño pederasta). Owens ha explotado esto, alegando que Brigitte «engañó» a Emmanuel antes de su supuesta transición.

Implicaciones sociales y políticas: Transfobia y el precio de la verdad

Este caso trasciende lo personal y toca fibras sensibles en la sociedad contemporánea. Expertos en género, como los citados en The 19th News, ven en estas acusaciones un «patrón de teorías conspirativas que atacan a mujeres prominentes en política y cultura», reforzando estereotipos tránsfobo. En Francia, donde la igualdad de género es un pilar constitucional, la demanda ha dividido opiniones: algunos la ven como una defensa necesaria contra la desinformación, mientras que otros, como la columnista Róisín Michaux en X, argumentan que no castigar a los difamadores podría estigmatizar a las personas trans.

Políticamente, para Emmanuel Macron, en medio de una crisis gubernamental —con la reciente caída del primer ministro en un voto de no confianza—, esta distracción llega en un momento inoportuno. El presidente, quien ha defendido la libertad de expresión, pero criticado su abuso (incluso lanzando una pulla a Donald Trump en agosto de 2025), ve en este litigio una oportunidad para «defender su honor». Sin embargo, críticos argumentan que someterse a pruebas tan íntimas legitima las teorías conspirativas al darles un foro judicial.

Hacia un veredicto: Lecciones de la era digital

Mientras el caso avanza, con posibles audiencias en 2026, surge una pregunta fundamental: ¿Puede la justicia contrarrestar la viralidad de las mentiras? Fuentes como Reuters han desmentido repetidamente interpretaciones erróneas de fallos judiciales, aclarando que ninguna corte ha validado la teoría sobre el género de Brigitte. No obstante, la persistencia de estos rumores –ampliados por algoritmos que priorizan el engagement– subraya la necesidad de regulaciones más estrictas en plataformas digitales.

Brigitte Macron, una figura que ha navegado el escrutinio público con gracia, emerge aquí no como víctima pasiva, sino como defensora activa de su dignidad.

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