El Ayuntamiento de Badalona activó el pasado fin de semana el llamado Operativo Frío ante la llegada de una ola de bajas temperaturas en Cataluña y habilitó —de manera excepcional— el pabellón polideportivo de La Colina para acoger a personas sin hogar que duermen en la calle. Sin embargo, en la primera noche desde su apertura no se registró ninguna persona durmiendo en su interior, lo que ha generado críticas de organizaciones sociales, oposición política y expertos en pobreza extrema sobre la insuficiencia y la comunicación de los recursos ofrecidos.
Un pabellón abierto… y vacío
El Ayuntamiento, dirigido por el alcalde Xavier García Albiol (Partido Popular), decidió abrir el pabellón de La Colina el domingo por la noche por la previsión de temperaturas especialmente bajas en la comarca del Barcelonés. En teoría, se trataba de un recurso temporal para ofrecer cobijo durante la ola de frío que afecta a buena parte de Catalunya, con temperaturas al borde de los cero grados, incluso en zonas costeras.
Según las fuentes municipales consultadas por EFE, el pabellón sí estaba equipado con comida y bebida para quienes acudiesen, además de contar con presencia de servicios sociales, Protección Civil y Guardia Urbana durante la noche. No obstante, el primer día ninguna persona sin hogar decidió pasar la noche dentro del espacio, a pesar de la bajada de temperaturas y de que —en teoría— las personas que duermen en la calle fueron informadas de su apertura.
Algunas organizaciones que trabajan directamente con personas en situación de exclusión social aseguraron que el espacio no era percibido como un refugio atractivo o útil para quienes duermen al raso. Denuncian que el pabellón no contaba con camas ni colchones, y que incluso no se permitió el ingreso de esterillas o sacos de dormir por motivos sanitarios, lo que reducía de facto su utilidad frente a dormir en la calle con cobertores propios.
Críticas desde el tercer sector
Carles Sagués, portavoz de la plataforma Badalona Acoge, destacó que el pabellón se había preparado “como un espacio improvisado” sin condiciones mínimas para permitir que las personas sin hogar durmiesen con cierta dignidad: «No sé si esperaban que durmieran sobre la pista del pabellón, sin camas ni mantas», explicó después de visitar La Colina.
Además de la falta de camas, otros testimonios advirtieron de la carencia de servicios básicos que sí existen en albergues o centros especializados, como duchas o zonas de higiene, algo que habitualmente se ofrece en recursos de emergencia social.
Desde Creu Roja (Cruz Roja), que también ha activado varios albergues de emergencia en diferentes municipios catalanes por la ola de frío, se informó que en las próximas noches sí se dispondrán camas plegables para quienes deseen acudir al pabellón, y que el dispositivo —aunque limitado— estará activo mientras continúe la alerta por bajas temperaturas.
Situación de las personas sin hogar en Badalona
La noticia de la apertura del pabellón en Badalona no puede desligarse de la compleja realidad que vive esta ciudad desde finales de diciembre, tras el desalojo del antiguo instituto B9, que albergaba a más de 400 personas en situación irregular y sin recursos.
Después del desalojo judicial del edificio —declared unsafe y evacuado por las autoridades— muchos de sus antiguos ocupantes quedaron a la intemperie. Cáritas, la Fundación Sant Joan de Déu, la Fundación Llegat Roca i Pi, Cruz Roja y otras entidades colaboraron con el Departamento de Derechos Sociales de la Generalitat para ofrecer alojamiento temporal a decenas de ellos, aunque no a todos.
Algunos grupos de las personas desalojadas se instalaron bajo el puente de la autopista C-31 que cruza la ciudad, donde se mantienen en condiciones precarias, con tiendas de campaña e improvisadas zonas de descanso, enfrentándose al frío, la lluvia y otras dificultades propias de la vida en la calle.
La oposición política: “operación frío inexistente”
La reacción política no se ha hecho esperar. El PSC, ERC, Badalona en Comú Podem y Guanyem Badalona emitieron un comunicado conjunto criticando duramente la gestión municipal de la llamada operación frío. Para estos partidos, el dispositivo no fue más que una “estafa” o “simulación”: un anuncio espectacular sin recursos reales detrás.
En su comunicado, la oposición recuerda que el Ayuntamiento anunció un recurso para acoger a 15 personas, pero que finalmente no hubo camas, colchones, mantas, duchas ni ningún equipamiento mínimo de acogida, por lo que tachan la intervención de “insuficiente” y “no digna”. Subrayan además que alrededor de 50 personas continúan durmiendo en tiendas bajo el puente de la C-31, y que centenares más siguen sin techo en las calles de Badalona.
Estas críticas no solo se centran en la respuesta ante la ola de frío de estos días, sino en una política social más amplia que, según ellos, ha ido debilitándose durante el mandato de Albiol, empezando por el cierre de recursos como el albergue Can Bofí Vell, que antes proporcionaba alojamiento y servicios a personas en situación de vulnerabilidad.
La gestión municipal y su defensa
Por su parte, fuentes municipales han defendido la activación preventiva del Operativo Frío, que —según aseguran— se activa cada invierno cuando las condiciones meteorológicas lo requieren. En esta fase, el Ayuntamiento cuenta con un centro de acogida nocturno con unas 100 plazas que opera de manera permanente, aunque con listas de espera, y que se complementa con recursos extraordinarios como el pabellón de La Colina.
Según versiones oficiales, la falta de personas en el pabellón la primera noche se debió, en parte, a que muchos de quienes duermen al raso no estaban en zonas fácilmente localizables ni fueron alcanzados por los dispositivos informativos o de patrullaje habituales para invitar a los sin hogar a trasladarse.
No obstante, voluntarios y activistas han subrayado que uno de los problemas clave es la difícil llegada de información a las personas sin hogar, que en muchos casos no conocen recursos disponibles o desconfían de ellos por experiencias previas o por barreras de comunicación e identidad.
Respuesta del tercer sector y propuestas estructurales
Mientras tanto, entidades sociales y ONG han reforzado sus peticiones de medidas más estructurales para hacer frente al fenómeno del sinhogarismo en Badalona y en toda Catalunya. Caritas Barcelona, por ejemplo, ha instado a un “pacto contra la exclusión residencial” que implique a administraciones locales, autonómicas y estatales para garantizar alternativas habitacionales dignas y sostenibles, en lugar de soluciones puntuales de emergencia.
En esta línea, hace pocos días se presentó en el Parlament de Catalunya una proposición de ley para erradicar el sinhogarismo, que plantea reconocer el derecho a una vivienda digna como un derecho subjetivo exigible a las administraciones. Según los impulsores de la iniciativa, esta normativa —si llega a aprobarse— evitaría situaciones como la vivida en Badalona, obligando a los municipios a ofrecer soluciones de hospedaje dignas cuando las personas no tengan otra alternativa.
Realidades duras bajo el puente
Pese a todos los esfuerzos, la cruda realidad de quienes fueron desalojados del B9 continúa. Decenas de personas siguen bajo el puente de la C-31, soportando el frío nocturno, la lluvia y condiciones higiénicas precarias. Testimonios recogidos en las últimas semanas muestran no sólo la dureza del clima invernal, sino también las tensiones internas dentro de esos asentamientos y un nivel de vulnerabilidad extrema que no desaparece con recursos ocasionales.
Un punto de inflexión social
La situación en Badalona ha desatado un debate más amplio sobre cómo se atiende a las personas sin hogar en las ciudades españolas, especialmente ante fenómenos meteorológicos adversos. Más allá de la discusión política sobre la gestión municipal, organizaciones civiles, partidos políticos y expertos coinciden en que es necesario reforzar infraestructuras públicas, sistemas de información efectivos y estrategias de inclusión social de largo plazo.
Mientras tanto, las noches frías continúan, la ciudad mantiene abierto el pabellón de La Colina para quien quiera acudir, y muchos observadores señalan que lo visto en Badalona estos días es un síntoma de una problemática social con raíces profundas que exige respuestas estructurales y solidarias.
Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.






