En un año marcado por la intensificación de la vida en línea, la saturación de información y la proliferación de nuevas formas de interacción digital, tres términos han emergido como síntesis simbólica de lo que fue 2025 en el universo cultural y comunicativo: 6-7, parasocial y rage bait. Para diversas instituciones lingüísticas internacionales —como Dictionary.com, Cambridge Dictionary y Oxford English Dictionary— estas palabras no solo capturan tendencias lingüísticas, sino fenómenos sociales, psicológicos y tecnológicos que configuran nuestra vida colectiva.

Este trío de expresiones —aparentemente disímil— funciona como una lupa para entender aspectos tan diversos como la identidad generacional, la soledad contemporánea, la manipulación emocional y la economía de la atención en internet.

“6-7”: el absurdo que une y confunde a una generación

Entre las palabras seleccionadas destaca 6-7 (a veces escrito simplemente 67), un término que se ha vuelto omnipresente entre adolescentes y jóvenes de la Generación Alpha, pero cuya definición precisa es esquiva.

El concepto, que se asocia con una canción viral de rap y es acompañada a menudo de gestos o uso irónico, no apunta tanto a un significado concreto como a una sensación o actitud compartida. Algunos describen su uso como una forma coloquial de decir “más o menos”, “quizás sí, quizás no”, o incluso “no sé”; otros lo emplean de manera deliberadamente ambigua, como mecanismo para irritar o confundir a quienes no forman parte del grupo cultural que lo usa.

Para lingüistas y sociólogos, 6-7 no es una palabra en el sentido tradicional —no tiene un significado fijo— sino más bien un símbolo de un nuevo tipo de jerga digital, orientada más a la identidad y al sentido de pertenencia dentro de comunidades en línea que a la transmisión de información clara. En un mundo saturado de estímulos, esta expresión funciona como un código tribal: reconoce al interlocutor que “sabe de qué se habla” sin que haya un consenso universal acerca de lo que realmente significa.

En 2025, la elección de 6-7 como palabra del año por parte de Dictionary.com fue entendida como un reflejo del impacto de la cultura de internet en la lengua: el lenguaje ya no solo describe la realidad, sino que también actúa como marcador de identidad y pertenencia en comunidades digitales.

Parasocial: la intimidad que nunca fue recíproca

Si 6-7 representa el absurdo compartido, parasocial encarna la ilusión de intimidad que caracteriza a las relaciones en la era digital. Originado como término académico en la década de 1950 para describir las relaciones unilaterales entre audiencia y personaje mediático, el concepto ha encontrado nueva vida con las redes sociales y la inteligencia artificial.

Según Cambridge Dictionary, que la eligió como palabra del año 2025, parasocial describe la conexión emocional que alguien puede sentir hacia una celebridad, influencer, personaje ficticio e incluso una IA, pese a no existir un vínculo real.

Este fenómeno, lejos de ser anecdótico, forma parte de una transformación más amplia en la manera en que las personas buscan y experimentan intimidad: los medios digitales promueven interacciones que simulan cercanía sin reciprocidad. No se trata solo de admirar a alguien famoso: se trata de sentir una relación, una confianza o un vínculo afectivo con entidades que no responden de manera real ni consciente a sus seguidores.

La expansión de parasocial también va más allá de los personajes públicos tradicionales. Plataformas de inteligencia artificial que simulan empatía y conversación están generando relaciones afectivas entre usuarios y máquinas, borrando la línea entre herramientas digitales y “compañeros emocionales” aparentes. Aquí radica uno de los debates más delicados de nuestra época: ¿qué significa establecer un vínculo emocional profundo cuando solo una de las partes es consciente y sentiente?

Expertos en psicología y comunicación advierten que, aunque estas conexiones pueden ofrecer consuelo o entretenimiento, también plantean riesgos cuando sustituyen o distorsionan la manera en que las personas se vinculan entre sí. La ilusión de reciprocidad puede reforzar sentimientos de aislamiento, dependencia o confusión respecto a lo que constituye una relación humana genuina.

Rage bait: la monetización de la rabia

Si parasocial pone el foco en las relaciones emocionales, la tercera palabra seleccionada —rage bait— señala un fenómeno ético y tecnológico: la explotación deliberada de la ira y la indignación para capturar atención y generar engagement en plataformas digitales.

Elegida como palabra del año 2025 por el Oxford English Dictionary, rage bait (algo así como “cebo de ira”) refiere a contenido diseñado específicamente para provocar indignación, frustración u hostilidad entre los usuarios, con el objetivo de incrementar clics, comentarios y reacciones virales.

A diferencia del clásico clickbait, que atrae por la curiosidad o la promesa de información sensacional, el rage bait se aprovecha de nuestras respuestas emocionales más intensas: un comentario incendiario, una noticia presentada de forma provocadora, una imagen deliberadamente ofensiva o cualquier contenido diseñado para encender debates polarizados.

Lo que subyace a esta tendencia es la llamada economía de la atención: en un entorno saturado de estímulos, los algoritmos privilegian aquello que genera reacción —no necesariamente reflexión— y, dentro de las reacciones, la ira resultó ser uno de los impulsos más fiables para mantener a los usuarios enganchados.

La elección de rage bait como palabra del año no es una mera curiosidad lingüística. Es una crítica implícita a un modelo de comunicación que convierte la indignación en mercancía. La proliferación de este tipo de contenido tiene efectos profundos en la esfera pública —desde la polarización política hasta la erosión de la confianza en instituciones— y también modifica la manera en que las personas perciben y responden a la información.

¿Qué nos dicen estas tres palabras sobre nuestra sociedad?

Al analizar 6-7, parasocial y rage bait en conjunto, se revela una radiografía compleja de 2025: un año en el que la jerga generacional, las relaciones emocionales digitales y las estrategias manipulativas de comunicación convergen para reflejar las tensiones y paradojas de nuestra era digital.

Por un lado, 6-7 evidencia cómo comunidades digitales crean sus propias normas, formas de expresión y símbolos identitarios, muchas veces desvinculados de significado semántico tradicional. Por otro, parasocial expone cómo la tecnología rediseña la intimidad y la conexión humana, y rage bait denuncia cómo esa misma tecnología puede instrumentalizar nuestras emociones para fines comerciales o ideológicos.

Estas palabras no sólo capturan tendencias lingüísticas: reflejan aspectos psicológicos, sociales y culturales. Hablan de un mundo donde la atención es objeto de competencia feroz, donde las “relaciones” pueden ser simuladas y donde la respuesta emocional se convierte en el principal activo en juego en el espacio digital.

Lenguaje, poder y futuro

La selección anual de palabras por instituciones como Oxford, Cambridge o Dictionary.com no es solo un ejercicio académico, sino un espejo que nos obliga a preguntarnos cómo hablamos y por qué hablamos así. Las palabras del año son una forma de documentar lo que importa, lo que preocupa y lo que moldea nuestras vidas y relaciones colectivas.

Si en décadas anteriores fueron términos como selfie, binge-watching o cancel culture los que capturaron momentos culturales, en 2025 el énfasis recae en fenómenos que —al menos momentáneamente— articulan tensiones profundas: cómo nos definimos (6-7), cómo nos vinculamos (parasocial) y cómo nos manipulan nuestras propias respuestas emocionales (rage bait).

En última instancia, estas palabras nos recuerdan que el lenguaje no es neutro: forma parte de la realidad que define y modela. Las palabras que elegimos —y las que se vuelven virales— cuentan historias sobre quiénes somos, cómo nos relacionamos y hacia dónde podríamos estar yendo.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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