19 septiembre, 2020

773 millones de personas en el mundo, sin competencias básicas en lectura, escritura o cálculo

La educación sigue siendo, sin duda, la principal herramienta para salir de la pobreza, pero el apoyo a este sector se hace más prioritario por los impactos de la Covid-19
Grupo de escolares en la Índia. (Manos Unidas)
R@MBLA

Han pasado 53 años desde que se estableciera el 8 de septiembre como el Día Internacional de la Alfabetización y a pesar de algunos logros, la cifra de analfabetismo en el mundo sigue siendo escandalosa. En pleno siglo XXI, no podemos admitir que aún haya 773 millones de personas que no posean, todavía, las competencias básicas en materia de lectura, escritura o cálculo. A lo que se suma la tremenda brecha que se está formando con el uso, cada vez mayor, de las nuevas tecnologías, creando los llamados analfabetos digitales”, explica Isabel Vogel, responsable del área de Proyectos en Manos Unidas.

Manos Unidas, que tiene la educación como uno de sus siete sectores básicos de actuación, ha visto cómo, en los últimos meses, este sector ha acusado, de forma muy importante, los efectos del coronavirus.

La educación sigue siendo, sin duda, la principal herramienta para que las personas puedan salir de la pobreza –insiste Vogel– pero el apoyo a este sector se hace todavía más prioritario cuando millones de personas han visto postergado o anulado el acceso a este derecho básico como consecuencia de los impactos de la Covid-19 en muchos lugares del planeta”.

Alfabetización en Angola: frente a una pandemia

Y es que la llegada del virus está teniendo una repercusión negativa en el aprendizaje de los jóvenes y adultos en numerosos países y muchos programas se han suspendido, manteniéndose solo una pequeña parte de forma virtual, mediante la radio y la televisión o los espacios al aire libre.

“Con la epidemia del coronavirus y la prohibición de todas las actividades, un gran número de familias se han quedado sin ingresos y en situación crítica. Además, existe una preocupación añadida: no tendrán medios para generar ingresos, por lo que la vuelta a la escuela no será una prioridad y arrojará alarmantes cifras de abandono escolar”, explica Covadonga Suárez, del departamento de Proyectos de Manos Unidas en Angola.

Allí, desde que se desatara la pandemia, en el mes de marzo, Manos Unidas ha financiado diversas iniciativas, como la que se está desarrollando en la ciudad de Lobito.

Los Misioneros Seglares Vicencianos (MISEVI), no sin las dificultades derivadas de la pandemia, están dando formación y sensibilizando sobre el virus y las medidas de prevención necesarias frente a él, dotando a las familias de unos kits con productos de higiene y alimentos. Pero, además, están facilitando a las mujeres unos kits para venta ambulante (con aceite, jabones, plásticos y lejía), que les permitirán comenzar a generar ingresos, y a los alumnos en situación de vulnerabilidad unos kits escolares (con cuadernos, lápiz, goma y sacapuntas) para animar y facilitar a su regreso a las aulas tras el confinamiento”, concluye Suárez.

Pero no solo estamos apoyando iniciativas derivadas de la crisis de la Covid-19. La Organización financia, cada año, cientos de proyectos destinados a mejorar este ámbito en decenas de países de África, América y Asia. Así, durante los últimos cuatro años, hemos aprobado un total de 595 proyectos educativos, por un valor superior a 33 millones de euros, que van a beneficiar a más de 294.000 personas.

Alfabetización en El Salvador: la mujer en el centro

La alfabetización y continuidad educativa para personas jóvenes y adultas requiere de la participación de diferentes instancias. Manos Unidas ha contribuido a que miles de personas aprendan a leer y escribir y continúen sus estudios hasta sexto grado de educación básica y otros hasta tercer ciclo y bachillerato”.

Una mujer aprende a leer en El Salvador. (Manos Unidas)

Son las palabras de María Angélica Paniagua, de CIDEP, coordinadora de uno de los proyectos que Manos Unidas apoya en El Salvador, en dos de los municipios catalogados como de “extrema pobreza moderada”. CIDEP, nuestro socio local, ha venido trabajando en los últimos 28 años para garantizar el cumplimiento de los derechos humanos en el país, específicamente de la educación de la población más vulnerable. “El proyecto -continúa Paniagua- se dirige principalmente a las mujeres, otro de los sectores que más acusa la falta de alfabetización. La educación se convierte en algo crucial, ya que, tradicionalmente, han sido apartadas de ella y de la participación comunitaria, social y económica. Y han sido las Asociaciones de Desarrollo Comunitario y las Alcaldías las que han asumido una actitud de compromiso en el desarrollo educativo y productivo de las mujeres de sus municipios, para garantizar que se superen académicamente y que puedan ser personas emprendedoras, con un oficio que les permita convertirse en microempresarias y mejorar su condición de vida a nivel familiar, específicamente la de las madres solteras”.

Alfabetización en India: rehabilitando infancias

Se estima que en India hay 32 millones de niños y niñas, de hasta 13 años de edad, que nunca han estado escolarizados. Conseguir el acceso a la educación formal de estos colectivos es el principal objetivo de muchas organizaciones locales con las que Manos Unidas trabaja en este país, como vía de cambio para estos niños, y como salida a un futuro mejor y más seguro. La congregación “Daughters of Our Lady of Gardens” realiza una labor de rescate y reinserción educativa con niños de la calle de los “slums” de Khandwa, capital del distrito del mismo nombre en el estado de Madhya Pradesh.

En su afán de mejorar la situación de los niños trabajadores y sin escolarizar para que puedan incorporarse a la educación formal y optar por un futuro mejor, tratan de recogerles, darles educación y entrar en contacto con sus padres, para rehabilitarles”, explica Ana Cárcamo, del departamento de Proyectos de Manos Unidas en India. “Actualmente, esta Congregación pretende desplegar centros de apoyo escolar en las zonas donde niños trabajan, juegan o vagan sin rumbo. La experiencia nos demuestra que estos centros de educación no formal se convierten en una herramienta eficaz y vital para impulsar un giro hacia un futuro mejor. Se atenderán en ellos a 450 niños cada año, el 67% de ellos chicas, y tendrá una repercusión no solo en ellos, que podrán terminar integrándose en las escuelas gubernamentales y terminar la educación elemental, sino en sus padres, maestros y otros miembros de la comunidad”, concluye Cárcamo.

Iniciativas como las llevadas a cabo en Angola, El Salvador o India demuestran que esta situación puede cambiarse, y por ello sigue apostando Manos Unidas en los 57 países donde trabaja desde hace 61 años.

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