El Ministerio de Defensa y la Agencia Española del Medicamento (AEMPS) suscribieron en 2019 un convenio mediante el cual el Ejército español custodiaría una reserva de dos millones de dosis de vacuna ACAM 2000 contra el virus de la viruela, una enfermedad oficialmente erradicada en 1980, según consta en la disposición 12545, publicada en el BOE.

De acuerdo con dicha resolución, la AEMPS adquirió en junio de ese año dos millones de dosis de vacuna ACAM 2000 contra el virus de la viruela, la cual se presenta como un liofilizado, y debía ser conservada a la temperatura de -20 ºC ± 5 ºC; el lote incluía 20.800 viales de disolvente para la reconstitución de la vacuna liofilizada y de 2.100.000 agujas bifurcadas para llevar a cabo su administración en el proceso de vacunación.

Viruela del mono

La viruela del mono es endémica en reservorios animales en África subsahariana, mientras que su epidemiología humana parece estar cambiando.

La viruela del simio en animales pequeños importados de Ghana como mascotas exóticas fue el origen de un supuesto brote de viruela del simio humano en Estados Unidos en 2003. Surgieron casos en Reino Unido en 2018 y 2019, Israel en 2018 y Singapur en 2019.

Un grupo ad hoc y no oficial de expertos interesados ​​se reunió para considerar estos temas en Chatham House, Londres, en junio de 2019, con el fin de revisar los datos disponibles e identificar las lagunas en la investigación relacionada con la viruela del simio.

Desde 2019, la farmacéutica estadounidense Emergent Biosolutions tiene desarrollada una vacuna contra la viruela del simio.

El cónclave reunió a un reservado grupo de expertos para revisar el estado de la enfermedad de la viruela del simio humano. En el grupo había epidemiólogos con sede en el Reino Unido y los Estados Unidos, epidemiólogos de campo con sede en Nigeria y la República Democrática del Congo, donde se estaban produciendo los brotes, expertos en genómica y evolución de virus ADN y observadores de una empresa farmacéutica que ya estaba desarrollando y comercializando una vacuna no replicante para las indicaciones contra la viruela y la viruela del simio: la empresa Emergent Biosolutions, productora en su día de la polémica ‘vacuna’ contra el antrax y que en España proveé al Ejército “vacunas para operaciones de paz”.

La fabricante, considerada en los pliegos de contratación del Estado en España como una PYME, es quien tiene la patente de esta vacuna que se anticipó, dos años antes, al “brote” que hoy en día abre todos los informativos.

Cepas almacenadas en EEUU y Rusia

En el siglo XX, la viruela causó la muerte de casi 300 millones de personas alrededor del planeta.

Sin embargo, fue erradicada hacia 1980, una época en la que el mundo estaba dominado por dos potencias: EE.UU. y la Unión Soviética.

Una muestra quedó en territorio ruso, mientras la otra la conserva el los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., el CDC, en Atlanta.

Pero, ¿cómo quedaron esas dos muestras del virus de la viruela en dichos laboratorios durante de la guerra fría?

Con el fin de combatir la enfermedad en caso de que ocurriera otro brote, la OMS decidió guardar dos muestras en los únicos laboratorios que tenían el nivel suficiente de seguridad para albergar semejante virus: los CDC de Atlanta, en el corazón de EE.UU., y el laboratorio del Instituto Vector, en la Siberia rusa.

Lo curioso de este último laboratorio es que hacía parte de la infraestructura creada por la Unión Soviética con el ánimo de defenderse de un posible ataque biológico.

De acuerdo a los registros del libro “Riesgo biológico: la verdadera historia del mayor programa encubierto de armas biológicas en el mundo”, del científico ruso Ken Alibek, aunque la Unión Soviética firmó en 1972 un acuerdo para no producir armas biológicas, continuó investigando el tema porque “temía que Estados Unidos no cumpliera con lo pactado”.

Según Alibek -quien trabajó en dicho programa de defensa-, la Unión Soviética utilizó el laboratorio del Insituto Vector, debido a sus altos niveles de seguridad, como una de las instalaciones donde llevó adelante estas investigaciones.

Lo cierto es que, con el final de la guerra fría, varios organismos – entre ellos, grupos de investigación de la OMS- comenzaron a solicitar la destrucción total de las muestras para evitar una nueva epidemia, pero sobre todo para que no llegaran a las manos de agentes internacionales que pudieran convertirlas en armas biológicas.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 y los ataques con ántrax que ocurrieron días después llevaron a varios científicos de Estados Unidos, India, Rusia y Japón a solicitar que no se eliminaran las muestras, según investigó el periodista británico Steve Connor, del diario The Independent.

Hasta ahora, las dos posiciones contrapuestas se mantienen: están quienes piensan que es mejor destruir los virus de una vez y para siempre para evitar ataques biológicos, y quienes prefieren mantener las muestras para desarrollar nuevas vacunas si hiciera falta.

De hecho, en 2018, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó un medicamento para combatir el virus.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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