4 diciembre, 2020

El toque de queda vuelve a evidenciar la vulnerabilidad de las personas sin hogar

En Barcelona hay más de 1.200 personas viviendo al raso. (Arrels)
R@MBLA

Con el establecimiento del toque de queda, la situación de las personas sin hogar se puede agravar: además de tener más dificultades para cubrir necesidades básicas, pueden sufrir más inseguridad porque quedarán expuestas en la calle y podrían ser sancionadas.

A las 22h de la noche del pasado domingo se iniciaba el toque de queda en Cataluña y las calles quedaban prácticamente vacías. Como ya ocurrió durante el estado de alarma, no todo el mundo ha podido quedarse en casa porque no todo el mundo tiene un hogar.

No hay datos actualizados que permitan saber a cuántas personas afectará esta nueva medida contra el covid-19. Los últimos datos del gobierno catalán que permiten saber cuántas personas viven en la calle en Cataluña son del año 2017 y hablan de 2.347 personas. Según los últimos recuentos de personas sin hogar, en Barcelona hay más de 1.200 personas viviendo al raso, en Tarragona son unas setenta personas y en Girona y en Lleida hay contabilizadas, como mínimo, 60 y 55 personas sin hogar, respectivamente.

Durante los meses del estado de alarma ya pasó: las personas que viven al raso se vieron más solas y se sentían más inseguras porque había poca gente por la calle, más presencia policial y las informaciones sobre dónde comer, descansar o ducharse iban cambiando.

En Barcelona, ​​además, se produjeron tres homicidios que acabaron con la vida de tres hombres que vivían en la calle y actualmente sigue el procedimiento judicial, en el que la Fundación Arrels participa como acusación popular. También se dieron casos en municipios como Barcelona y Sant Adrià del Besòs en los que se multó a personas que estaban en la calle y que no se podían confinar. De hecho, desde Arrels, ya se tiene constancia de 16 personas que han recibido sanciones por este motivo.

Con el toque de queda actual, las ciudades y municipios catalanes quedarán más vacías para la noche y “nos preocupa que pueda aumentar la inseguridad hacia las personas que viven al raso, así como la posibilidad de ser multadas por no poder cumplir la norma”, señalan desde la Fundació Arrels.

“Nos preocupa que la información sobre esta nueva situación no llegue a todas las personas que viven al raso y también algunas dificultades añadidas que estos días están encontrando las personas que viven en la calle, como es acceder a un lavabo, tomar un café caliente o descansar, porque no se puede acceder a bares y restaurantes”, explican desde Arrels.

Desde el inicio de la pandemia, la mayoría de comedores sociales ofrecen la comida para llevar; esto puede hacer que haya personas que lleven más de siete meses que no coman ni cenen caliente. Otros recursos importantes como los espacios de día donde las personas pueden descansar han tenido que limitar el aforo y, en consecuencia, las personas que duermen en la calle se ven obligadas a pasar más tiempo al raso durante el día.

Las actuaciones de urgencia desarrolladas por diferentes municipios de Catalunya desde el inicio de la pandemia por covid-19 han puesto de manifiesto la problemática de las personas que viven en la calle. “Vamos tarde -prosiguen en Arrels- en disponer de una estrategia y una actuación a largo plazo coordinada entre las diferentes administraciones y agentes sociales. Faltan, a todos niveles, políticas decididas que garanticen el derecho a la vivienda y recursos para conseguir que nadie tenga que dormir en la calle. Aunque hay pocos municipios que apuesten por recursos estables para las personas sin hogar, para acompañar y generar vínculos de confianza durante todo el año, y por la vivienda permanente y digno”.

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