Ada Colau anunciaba hoy desde Kiev que seguirá prestando la «ayuda necesaria» a Ucrania. Mientras tanto, en la playa de la Barceloneta, un grupo de migrantes, la mayoría de ellos subsaharianos, malviven en un campamento improvisado. Los que tienen más suerte pueden dormir dentro de tiendas de campaña, otros han levantado un refugio con parasoles e, incluso, algunos pernoctan directamente al raso, sobre toallas en la arena.

La mayoría de estas personas son ciudadanos senegaleses, aunque también los hay llegados de Letonia. La situación no es nueva, pero con la llegada del invierno se han agravado sus circunstancias. Muchos de estos jóvenes no tienen el permiso de residencia y los que disponen de él no encuentran trabajo y, por ende, un lugar donde vivir.

Son los vecinos del barrio los que se preocupan por ellos y les ayudan con comida o ropa. Los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona están al corriente de la situación, pero la realidad es que estos jóvenes continúan tirados en la playa. Según alguno de sus testimonios, prefieren seguir en la calle antes de ocupar una vivienda, cosa que les comportaría aún más problemas.

Cada mañana, la Guardia Urbana se presenta en el sitio y les obliga a levantar el campamento bajo coacciones. Entonces, con sus cosas a cuestas, pululan por la capital catalana tratando de sacarse algunos eurillos. Cuando cae la noche vuelven a orillas del Mediterráneo, el mar que una vez tuvieron que sortear para vivir el sueño europeo.

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