El Rey reitera: la Constitución del 78 y la unidad de España están escritas en piedra

Todos los cruceros en una web

Autor: Santiago Lupe

El discurso de Felipe VI de este 2019 se grabó por primera vez solo 24 horas antes de su emisión. La situación de crisis política persistente que vive el Régimen del 78 hace todo más volátil. En medio de las negociaciones entre el PSOE y ERC para que salga adelante el gobierno Sánchez-Iglesias, con la Judicatura marcando agenda con la inhabilitación de Torra y el previsible incumplimiento de la sentencia del TJUE sobre Junqueras, todo puede pasar. De hecho, la anunciada decisión de la Abogacía del Estado sobre Junqueras para el lunes, se pospuso para no sumar interferencias y puede que para tener en cuenta la opinión del “discurso más personal” de Su Majestad.

En este marco de incertidumbre la Corona quiso hacer gala de su naturaleza más profunda, lo perenne. Esta reaccionaria institución representa eso, lo inamovible, aquello que no puede ser modificado más allá de los vaivenes de la política y de cualquier voluntad popular. Felipe VI entró en la Nochebuena de millones de familias para reiterar que todo escenario próximo no se saldrá del guión. Toda negociación o salida a los problemas, retos y preocupaciones -con esta palabra definió a Catalunya- deberán quedar encorsetadas dentro de la Constitución del 78 y el mantenimiento de la unidad territorial de España. Vamos, el “atado y bien atado” que ya pronunciara su abuelo político, el general Franco.

Hoy muchas plumas del periodismo “progre” han querido ensalzar un tono más suave que en ocasiones anteriores. Felipe VI ha pasado de hablar de “deslealtad inadmisible” para referirse al independentismo catalán, a “integrar las diferencias”. Es cierto que este no fue el mensaje del “a por ellos” de la Navidad de 2017. Como también es cierto que la magnanimidad borbónica solo se aplica cuando se tiene ya a los “desleales” “cautivos y desarmados” y a sus dirigentes en plena escalada de claudicación. El discurso del Rey fue ya el tercero con presos y presas políticas independentistas -mientras su cuñado Urdangarín cenaba en familia- y, más allá de tonos y campechanadas borbónicas, parece que aún quedan muchos más por delante.

El gobierno en funciones salió a saludarlo y asumir sus palabras “que sintoniza con lo que defiende el Gobierno”. Sobre la defensa del corsé constitucional lo consideró “una reflexión dirigida a los jóvenes, sobre las reglas que nos hemos dado todos y que debemos cumplir todos”. Su posible vicepresidente Pablo Iglesias, haciendo gala de sus nuevas responsabilidades, omitió cualquier crítica al monarca y consideró que su intervención tuvo “claves interesantes y aciertos que reconocer”. Para quien considera que la institución que representa no está en crisis y que Leonor hablando en “perfecto catalán” es ya toda una concesión al pueblo catalán, Felipe VI reconoció que “se equivocó asumiendo la tesis de la derecha sobre Catalunya” y que “ abandona el discurso del 3 de octubre y habla de convivencia y respeto a la diversidad”. Todo un capote, otro, a la Corona para blanquear su rol en la escalada represiva vigente contra el independentismo y los derechos democráticos.

Iglesias de hecho parece querer rivalizar en ver quien hace la mejor reverencia a Su Majestad. Sus elogios son solo comparables a los de las tres derechas, aunque éstas lo hagan con la interpretación opuesta. Tanto PP, Cs como Vox, junto a la prensa conservadora, han interpretado las palabras del Rey más ajustadas a la letra y el currículum del monarca. Esto es, como un límite contundente a las posibles tentaciones del PSOE para lograr algún tipo de gobernabilidad apoyándose en ERC. Sánchez e Iglesias no dejarán pues de ser los carceleros y represores del movimiento democrático catalán. La defensa del Estado, la Constitución y la unidad de España ya tienen una receta, la dictó Su Majestad el 3 de octubre de 2017, y se podrá cambiar el tono, conformar mesas de diálogo y otros gestos, pero lo esencial de aquel mensaje seguirá vigente.

Por el contrario quienes más han salido a criticar las palabras del Borbón han sido los dirigentes independentistas. El más contundente y provocador ha sido Rufián, que refiriéndose a sus esencias lo ha calificado como un mitín de Vox. El president de la Generalitat Quim Torra y el del Parlament Roger Torrent han coincidido en que lo preocupante no es Catalunya, sino la sistemática violación de derechos democráticos que se perpetran en el Estado español. Una declaraciones que, sin embargo, pasan por alto que lo dicho por el Rey coincide con hoja de ruta del gobierno al que ERC quiere dar su abstención.

Este fue el grano del discurso. La paja cundió muchos más minutos, pero su interés es el que es. A estas alturas la preocupación de un señor que recibe más de 8 millones de euros anuales por las desigualdades sociales, del embajador de las multinacionales españolas que generan el 70% de las emisiones por el cambio climático, del amigo de la monarquía saudí por los derechos de las mujeres o de quien está en el cargo por la gracia de Franco y no ha sido ni será nunca votado por los valores democráticos, solo pueden ser atendidas por los tertulianos y periodistas de la Corte que tanto abundan en los independientes medios españoles.

En las redes el discurso navideño de Zarzuela fue respondido con hastags como #NochebuenaSinRey o en Catalunya #ApagaElRei. Lucía Nistal, portavoz de la plataforma ReferendumUAM y militante de la CRT, colgó un contramensaje denunciando esta reaccionaria institución y a los viejos y nuevos políticos cortesanos. El cuestionamiento a la Corona sigue creciendo y su compromiso cada vez más público y notorio con los intentos de dar un cierre reaccionario a la crisis del Régimen del 78 lo seguirán ampliando.

Mandar a esta reaccionaria institución al Museo de Historia, acabar con la represión y persecución política y un régimen al servicio del IBEX35 y los grandes capitalistas seguirá siendo parte de los propósitos de año nuevo. Algo que solamente podremos conseguir desatando una gran movilización social con la clase trabajadora al frente, que se prepare para enfrentar al nuevo gobierno “progresista” que será tan monárquico y ajustador como nos tiene acostumbrados el PSOE, que luche por procesos constituyentes libres y soberanos en Catalunya y el resto del Estado y abra el camino a poder constituir repúblicas de trabajadores.

*Artículo publicado originalmente en La Haine.

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