La ministra del Interior británica, Pritti Patel, ha firmado hoy la orden para extraditar al fundador de Wikileaks, Julian Assange, a Estados Unidos, que lo reclama por espionaje, conspiración y piratería informática.

La decisión de Patel, llega después de que el Tribunal de Magistrados de Westminster denegara el recurso presentado por el despacho de abogados de Baltasar Garzón, que lleva la defensa de Assange, que argumentan que los problemas de salud mental de su defendido indican que existe riesgo de suicidio.

Pese a todo, el ministerio del Interior señala, en una declaración, que: “Los tribunales del Reino Unido no han detectado que sea opresivo, injusto o haya habido un abuso en el proceso de extradición de Assange”.

Las autoridades británicas aducen que la extradición no es incompatible con el respeto a los derechos humanos, el derecho a un juicio justo y a la libertad de expresión. Y apuntan que, mientras esté en Estados Unidos, “será tratado de manera adecuada, también en cuanto a su salud.”

Sin embargo, la defensa del fundador de Wiklileaks todavía puede recurrir al Tribunal Superior. De hecho, la organización ya ha respondido en la red apuntando que, a pesar de la resolución de este viernes, la lucha continúa: “Hoy no es el final de la lucha. Sólo es el inicio de una nueva batalla legal. Apelaremos a través del sistema legal, y la próxima apelación será ante el Tribunal Supremo.”

Si el Tribunal Supremo no estima la apelación, lo que permitiría que, de momento, Assange continuara en prisión preventiva en el centro londinense de Belmarsh, deberá ser extraditado a Estados Unidos en 28 días.

Un ataque a la libertad de prensa

Los abogados del australiano, que actualmente tiene 50 años, dicen que una extradición a Estados Unidos podría conllevar tener que hacer frente a una condena de 175 años de prisión, aunque desde el otro lado del Atlántico apuntan que los años de reclusión serían inferiores.

El caso ha sido denunciado por organizaciones de derechos humanos como un grave ataque a la libertad de prensa. Se le acusa de 18 cargos, entre los que se están los de conspiración, piratería informática y espionaje.

El estiramiento legal de Assange hace años que se arrastra. Estados Unidos quiere juzgarlo por la difusión, a partir de 2010, de más de 700.000 documentos clasificados sobre actividades militares y diplomáticas, en particular en Irak y en Afganistán.

Comprometido con la verdad

Héroe, espíritu altruista, periodista comprometido con la verdad… para muchos, Julian Assange es todo eso desde que WikiLeaks publicara las imágenes de un helicóptero estadounidense asesinando a civiles inocentes en Bagdad. Pero no todos comparten esa opinión: para ciertos poderosos individuos, es un villano egocéntrico, un espía que merece algo mucho peor que pasar años encerrado en una embajada y más tarde en una cárcel británica. ¿Qué hay de cierto en todo de lo que se le acusa?

Julian Assange se atrevió a hacer lo que nadie había hecho nunca: creó un buzón digital anónimo conectado a la organización mediática WikiLeaks para permitir la transmisión de enormes volúmenes de datos y facilitar las filtraciones de informantes.

Entre las revelaciones de WikiLeaks figuran archivos que documentaron la realidad de la industria internacional de la vigilancia masiva. “¿Quién de ustedes tiene un iPhone? ¿Quién de ustedes tiene un Blackberry? ¿Quién de ustedes usa Gmail? Pues bien: la han fastidiado”, advirtió Assange en 2011.

Los Papeles de Afganistán e Irak —documentos clasificados del Pentágono sobre las acciones bélicas de EE.UU. en esos dos países 2004 y 2009— fueron la mayor filtración de la historia y arrojaron luz sobre crímenes de guerra presuntamente perpetrados por Washington y sus aliados, sin que ningún miembro del Ejército estadounidense haya afrontado responsabilidades por ellos.

“Es interesante lo difícil que es detener a organizaciones como WikiLeaks. Y no acabará con WikiLeaks, incluso aunque WikiLeaks desapareciera, cosa que no parece que vaya a pasar. Se ha convertido en una especie de movimiento guerrillero que lucha por la libertad de expresión”, dijo Vaughan Smith, periodista de investigación.

Los cables diplomáticos de EE.UU. filtrados por WikiLeaks en 2010 contienen correspondencia diplomática norteamericana desde 1966 hasta 2010 e incluyen 100.000 documentos señalados como “confidenciales” y 15.000 como “secretos”. “Si imprimiéramos todos esos cables, cubrirían la distancia que hay entre Moscú y San Petersburgo”, comparó Assange para dar a entender la magnitud del material divulgado.

Durante una entrevista en 2011, el fundador de WikiLeaks afirmó que “casi todas las guerras iniciadas en los últimos 50 años han sido resultado de mentiras en los medios de comunicación”. “Básicamente, al pueblo no le gusta la guerra, y hay que engañar al pueblo para meterlo en una guerra”, razonó.

Assange, ¿espía o periodista?

Según el Departamento de Justicia de EE. UU., que solicita su extradición, Julian Assange no solo recibió información de un informante, porque de ser así no habría hecho nada ilegal, ya que los periodistas tienen derecho a hacerse con información de sus fuentes, aunque esta sea clasificada. Sin embargo, el Gobierno estadounidense sostiene que Assange actuó en connivencia con la exsoldado Chelsea Manning y le ayudó a acceder a la información clasificada con el propósito de perjudicar al país norteamericano.

¿Quién es Assange al final? Mientras Washington espera demostrar que es un espía, no un periodista, la periodista Mary Kostakidis lo ve como un “idealista” que “tiene la misión de empoderar la gente con información”. “Si a Julian Assange, un editor, lo mandan a la cárcel precisamente por serlo, por informar, y por ninguna otra razón, entonces no hay reglas. En este juego no hay reglas”, afirmó el periodista Johannes Wahlstorm.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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