El RACC ha pedido al Ayuntamiento de Barcelona que instale nuevos radares fijos únicamente en entornos escolares y túneles, frente a la previsión del Gobierno de Ada Colau de poner en servicio 48, pasando de seis a 54 radares en la ciudad.

En un comunicado este martes, el RACC ha dicho que considera «excesiva» esta decisión, dada la caída del número de víctimas y heridos graves en accidentes de tráficos en la última década en la capital, pasando de 304 en 2010 a 155 en 2020. También destaca la tendencia claramente descendiente, al margen de la pandemia, por lo que asegura que instalar ocho veces más radares de los que ya hay es una medida «injustificada» desde el punto de vista de la seguridad vial.

La entidad señala que solo tienen sentido 16 de los radares, y que el resto tienen un objetivo más bien cívico. Para el RACC, si se trata de ir mejorando los comportamientos de la ciudadanía «sería lógico ser tan flexibles como hasta ahora se ha sido» con el comportamiento de los usuarios de bicicletas y patinetes, a quienes no se sancionaba hasta hace poco. Además, destaca que el consistorio ya dispone de radares móviles que pueden realizar la misma función cuando convenga y en los puntos donde sea realmente necesario.

Los radares que considera justificados son los 12 que quieren ubicarse en entornos escolares donde se ha establecido un límite de 30 kilómetros por hora –donde hasta hace poco se circulaba a 50– y cuatro radares de tramo que quieren ponerse en túneles urbanos a punto de entrar en servicio o previstos: en la ronda del Mig, el túnel de la Rovira, el de Glòries y en la ronda Litoral –entre Miramar y la Barceloneta–.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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