Con las iniciales J.L.C. se identifica un exlegionario del Tercio Gran Capitán que lucha por Ucrania desde fines de marzo. En una entrevista con La Razón, este francotirador madrileño que combate contra los rusos ha revelado quién lo contrató y cuánto le pagan por cada hombre que abate.

El exlegionario de 42 años, que sirvió como francotirador durante 13, ha relatado que respondió al llamamiento de Zelenski por voluntad propia y sin intenciones de cobrar, pero que terminó siendo contratado por una empresa de seguridad estadounidense que, para su sorpresa, resultó ser una de varias que operan en Kiev.

“Aquí no he visto milicias de civiles armados. Lo que hay son empresas militares de muchos países, incluida Ucrania. (…) Hay polacas, suecas, danesas y, sobre todo, de EEUU. Ellos montan equipos de seis personas y si eres la carta de la baraja que les falta, te contratan. Tengo entendido que el número cuatro de Zelenski es quien se encarga de coordinar las operaciones con los mandos, que en su mayoría son estadounidenses”, revela J.L.C.

Agrega que terminó firmando un contrato con una empresa norteamericana porque “así es como funcionan las cosas”. Relató que algo que le sorprendió fue el viaje hasta Polonia que hizo en una caravana con material humanitario, comida y medicamentos porque además de eso llevaban cuatro paquetes negros que dejaron en Alemania.

“Imagino que sería cocaína, pero vamos, que no es todo tan bonito como lo pintan. Al menos ese conductor aprovechó que a estas furgonetas no las para, ni las registra nadie, ni en las fronteras, ni en las aduanas, para sacarse un sobresueldo”, precisa.

J.L.C. se niega a revelar el nombre de su empleador y el sueldo que reciben cada 15 días en una cuenta ucraniana los extranjeros que han sido contratados igual que él. Pero especifica que la cantidad que reciben por estas “empresas de seguridad extranjeras” varía de acuerdo a las tareas que cada uno cumple.

“En mi caso, son 300 dólares por hombre abatido. Y no, no te voy a decir cuántos pluses he cobrado ya, solo que no compensa estar aquí ni lo que haces. Por mucho dinero que te paguen. Más que nada porque hay que estar muy bien psicológicamente para hacer esto y ver lo que ves”, confiesa.

Asimismo, detalla que para cumplir las misiones que le designan usa una M-110, un rifle de asalto de la OTAN, una Glock, que es una pistola, y un AR-15 porque él actúa solo porque son pocos los francotiradores en las filas ucranianas y sus misiones consisten en cubrirlos cuando salen a atacar. “Somos muy poquitos. Hacemos más bajas que nadie después de la artillería. Luego están los que pilotan los drones, que están muy demandados. Es alucinante lo que hacen”, detalla.

En la entrevista con La Razón, J.L.C. admite que el trabajo que hacen él y los extranjeros que luchan armados para Ucrania es el que hacen los mercenarios y que por eso no tiene problema en que lo llamen así.

“Es que los que están como yo, aunque suene mal, lo son. Mercenarios puros y duros que pueden dedicarse a la extracción de personas importantes de un edificio o a la compra de armas. (…) Mercenarios los hay en todas las guerras para que otros no tengan que mancharse las manos”, explica.

El español comenta que este es el conflicto más duro en el que ha participado porque ha notado que ha envejecido varios años y le han salido canas en las pocas semanas que está en Ucrania. También señala que está consciente de que sus posibilidades de sobrevivir son del 50%.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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