En los últimos meses, los servicios de seguridad libaneses arrestaron a más de 100 personas implicadas en supuestas redes de espionaje israelíes. Entre ellos se encontraban mujeres jóvenes encargadas de fotografiar lugares en los suburbios chiítas del sur de Beirut, el principal bastión de Hezbolá, y el barrio sunita de Tariq Al-Jadida en la parte occidental de la ciudad.

Según las investigaciones realizadas por los servicios de seguridad libaneses, la mayoría de los detenidos habían solicitado ofertas de empleo online, antes de ser contactados desde números de teléfono pertenecientes a ciudadanos israelíes. A algunos de los acusados ​​se les pidió que compraran tarjetas SIM locales y las enviaran a direcciones en el extranjero.

Desde hace meses, el Líbano ha sido objeto de un asalto israelí encubierto sin precedentes, durante el cual la agencia de espionaje de Israel, el temido Mossad, ha reclutado a cientos de ciudadanos libaneses para hacer su trabajo sucio.
Este repunte de la actividad de espionaje en el país no es casualidad. Bajo la apariencia de empresas privadas que buscan empleados, el Mossad israelí está aprovechando la difícil crisis económica que atraviesa el Líbano para reclutar agentes y asignarles misiones de recopilación de inteligencia.

Libertad sin cargos

Pero lo que es más llamativo es que el poder judicial militar del Líbano ha dictado sentencias indulgentes y veredictos rápidos para absolver a muchos de los arrestados. ¿Es esto una señal de normalización progresiva con el enemigo israelí, comenzando por el sistema judicial libanés? ¿O se ha encomendado a los tribunales militares que ignoren estos casos por diferentes razones?

Como se mencionó, los servicios de seguridad libaneses arrestaron a varios sospechosos a los que se les asignó fotografiar edificios y automóviles en los suburbios del sur de Beirut (Dahiyeh). Las investigaciones revelaron que a algunos de estos detenidos se les encomendaron tareas aparentemente mundanas para probar su voluntad de cooperar con la inteligencia israelí.

Entre los arrestados se encontraba un individuo conocido como Layal R., quien tomó fotografías de las calles de Dahiyeh y de apartamentos en el área de Tariq Al-Jadida, que, según parece, estaría habitada por líderes del movimiento palestino Hamás. Como Tariq Al-Jadida es un área predominantemente sunita, adyacente a Dahiyeh, de mayoría chiíta, los israelíes podrían haber asignado estar tareas en dichas zonas para iniciar futuros enfrentamientos entre ambos bandos.

Los servicios de seguridad libaneses también arrestaron al periodista Mohammad S., quien admitió que los israelíes le habían encomendado escribir informes sobre temas que fomentaran los conflictos internos: acusar a Irán de “ocupar” el Líbano y culpar a Hezbolá por la explosión del puerto de Beirut del 4 de agosto de 2020, que mató a varios libaneses opositores, controlar los pasos fronterizos ilegales y de ser contrabandistas con los estados árabes en el Golfo Pérsico. El tribunal militar, sin embargo, lo absolvió alegando que Mohammad no sabía que Israel era su benefactor, a pesar de que los investigadores libaneses descubrieron exactamente lo contrario.

La resistencia islámica, en el punto de mira

Hamás es plenamente consciente de que está bajo la vigilancia de una red de espionaje libanesa controlada por el Mossad, y de que sus líderes y miembros son monitoreados por Israel en todas partes. Esta vigilancia ha aumentado en los últimos años, a medida que Hamás fortalece sus relaciones con Hezbolá y el Eje de la Resistencia.

Los israelíes temen que Hamás aumente su influencia en los campos de refugiados palestinos en el Líbano, lo que le permitirá construir bases militares para llevar a cabo ataques desde fuera de la Palestina ocupada.

La Yihad Islámica Palestina (PIJ, por sus siglas en inglés) es otra facción de la resistencia a cuyos líderes y miembros se les encargó fotografiar. Por eso se cree que la inteligencia israelí tiene una lista de objetivos de líderes de todas las facciones de la resistencia.

La Yihad Islámica Palestina está bajo el objetivo de Israel desde hace lustros. El asesinato de dos líderes de la PIJ, los hermanos Mahmoud y Nidal Al-Majzoub, en la ciudad sureña de Sidón el 26 de junio de 2006, fue, por ejemplo, una operación llevada a cabo por la inteligencia israelí.

Algunos de los espías detenidos recibieron sumas de dinero que oscilaban entre $100 y $200, a través de transferencias bancarias, a cambio de proporcionar información a sus reclutadores mediante las redes sociales.

Otros trabajaron para el Mossad, no por razones económicas, sino por mero odio político o sectario hacia Hezbolá, al que culpan de “destruir” el país y acusan de ser un representante iraní.

Los investigadores también encontraron que algunos de los sospechosos realizaron a cursos de fotografía, vigilancia y hasta pruebas poligráficas.

¿Está el poder judicial del Líbano cortejando a Israel?

La actuación del poder judicial libanés plantea muchas preguntas. Los jueces pasaron de puntillas por estos juicios de espionaje y emitieron sentencias con una velocidad sin precedentes, y no se molestaron en interrogar a fondo a los detenidos.

Gran parte de sus sentencias judiciales no superan las dos o tres páginas, lo que es muy poco habitual para lo que se consideran delitos graves. Varios sospechosos ni siquiera fueron juzgados debido a la “falta de pruebas”, aunque se sospechaba que la mayoría de ellos trabajaban para la inteligencia israelí debido a la naturaleza específica de sus tareas asignadas.

Esto es extremadamente inusual en la historia de los tribunales militares del Líbano. Las sentencias en tales casos suelen oscilar entre 5 y 15 años de prisión. Para cualquier observador, parecería que altos funcionarios militares y/o políticos tomaron la decisión de esconder bajo la alfombra los casos de espionaje israelí.

(*) Con información de The Cradle.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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