El 47% de las personas sin hogar en Barcelona hace más de dos años que vive en la calle. Según el último recuento de la Fundació Arrels – con datos de 2021 – hay más de un millar de personas durmiendo cada noche en las calles de la ciudad, una cifra que la entidad tacha “de mínimos”, teniendo en cuenta que hay personas que se esconden porque no se sienten seguras. De hecho, según Arrels, el número de personas que duermen al raso no ha bajado en los últimos tres años, y si se compara con la cifra de 658 personas que se localizaron en el primer recuento que se hizo en la capital catalana en el año 2008, el número ha crecido un 62% en los últimos trece años.

José Luis tiene 53 años y es de Canarias, aunque se crio en la capital catalana. Es una de las personas que cada noche duerme en la calle en Barcelona. En declaraciones a la ACN, explica que hace más de dieciséis años que se encuentra en esta situación, una circunstancia que reconoce como desagradable. Asegura que es muy duro y que no todo el mundo puede afrontarlo. En su caso, relata, estuvo en la cárcel y cuando salió se encontró que nadie quería contratarlo ni tampoco alquilarle una habitación.

Una de las cosas que señala que hace difícil la situación que vive es “la mirada de desprecio” de algunas personas. “Esto le puede pasar a cualquier persona”, remarca. De hecho, él mismo ha notado cómo cada vez hay más personas que se encuentran sin hogar.

El impacto de la pandemia y otras trabas

Según Beatriz Fernández, de Fundació Arrels, la pandemia ha sido un elemento “claro” a la hora de contribuir a la cronificación de algunas personas sin hogar. Este y otros factores, como la demora en el acceso a algunos recursos o la unificación para acceder a los albergues y los recursos municipales de la ciudad – ahora hay una lista única de acceso – son algunos de los motivos.

“Antes de la pandemia había personas con alojamiento precario y ahora nos encontramos con que después de la pandemia vuelven a estar en la calle”, ha indicado Fernández en rueda de prensa.

Actualmente, apunta Arrels, hay que esperar entre 4 o 5 meses como mínimo para acceder a un albergue y todavía hay trabas en muchos casos si la persona tiene un animal de compañía o sufre alguna adicción o problema de salud mental. Por ello, Fundació Arrels pide que se habiliten espacios adaptados.

Más de 4.000 personas sin hogar

El sinhogarismo también incluye otras situaciones, como las de quien pernocta en albergues, pisos masificados, asentamientos, pensiones, instituciones temporales, refugios o casas de familiares y amigos. Así, 2.808 personas duermen en recursos públicos y privados de la ciudad, según datos de la XAPSLL. Además, según datos municipales, 865 personas viven en asentamientos informales y locales con dinámica de asentamiento. En conclusión, en Barcelona habría unas 4.737 personas sin hogar, frente a las 4.200 personas contabilizadas un año antes.

Según el último recuento de la fundación, el 91% de las personas que viven en la calle son hombres y el 7% mujeres, en torno a los 43 años. 7 de cada 10 personas son migradas y llevan unos 4 años y 8 meses de media en esta situación. La gran mayoría no tienen trabajo ni ingresos estables y casi tres cuartas partes de las personas preguntadas por Arrels no tenían ningún tipo de ingreso. Sólo una cuarta parte afirma que cobra algo regularmente, que puede ser algún tipo de prestación social o la pensión.

Agresiones

La fundación sostiene que también hay quien llega a esta situación después de sufrir una experiencia traumática, como abusos sexuales, o maltrato físico o psicológico. Lo afirma el 14% de las personas encuestadas, con un porcentaje que se eleva al 19% en el caso de las mujeres y al 30% entre las personas de 26 a 35 años.

José Luis, por ejemplo, fue víctima de una agresión, pero no lo denunció. Hace unos años dormía en la zona próxima al Parque de la Ciudadela y también permaneció un tiempo en el edificio de Correos que hay en la Via Laietana. Aquella zona no le gustaba y se sentía inseguro, por eso ahora ya hace tiempo que duerme en la entrada de un aparcamiento próximo al Hospital del Mar, una zona que está más aislada, pero donde hay cámaras de seguridad y lo conoce el personal del parking. Además, no duerme solo, ya que a pocos metros y duermen dos o tres personas más.

Desde Arrels aseguran que durante mucho tiempo las personas sin techo han normalizado ser víctimas de algún tipo de agresión o insulto, puesto que les han llegado varios casos. Además, en la mayoría de situaciones no se denuncia, por el hecho de que la víctima no confía en el sistema o hay dificultades para que la investigación avance, ya que la agresión se produce mientras duermen y no pueden identificar a los agresores. Con todo, la fundación también celebra que haya más conciencia de que son agresiones y que hay que denunciarlas.

Un colectivo muy vulnerable

En relación con años anteriores, Arrels ha identificado una ligera tendencia al alza del número de personas con grado de vulnerabilidad alta, que ya son más del 20% del total. Tal y como ha explicado la entidad, vivir en estas condiciones tiene una relación directa con tener un deterioro más grave, con los consiguientes problemas para la salud, y los riesgos de sufrir violencia física y verbal, que forman parte del día a día de las personas sin hogar.

De hecho, un 43% de las personas entrevistadas tenían algún problema de salud, un 26% de las alguna enfermedad crónica de hígado, riñones, corazón, estómago o pulmones. En el caso de José Luis, por ejemplo, se encontró en la calle cuando sufría tuberculosis. Recibió algunos tratamientos, pero señala que tiene una tuberculosis crónica.

También se ha notado un incremento del número de personas que expresan problemas de salud mental, concretamente un 18% (el doble que en 2019 y el cuádruple que en 2016). Además, un 40% de las personas que viven en la calle han visitado los servicios médicos de urgencias en los últimos seis meses.

Finalmente, un 15% no pueden cubrir sus necesidades básicas, que tienen que ver con la higiene, la alimentación y con encontrar un lugar donde guardar las pertenencias, entre otros. Por otro lado, 4 de cada 10 personas que viven en la calle no han sido atendidas por ningún trabajador social en el último medio año.

Esta es una de las quejas de José Luis, ya que aunque hace tres meses que cobra una pensión, explica que ha estado muchos años sin recibir ningún tipo de asistencia social y que antes sobrevivía, sobre todo pidiendo ayuda. Por otro lado, cubre una comida al día en el comedor social del Paralelo y es usuario del centro de día de Arrels, desde donde acompañas a personas como él en su día a día.

El Eixample y la Ciutat Vella, los distritos con más gente durmiendo en la calle

Recogiendo el último análisis, presentado en el informe de Arrels, los distritos de Ciutat Vella, L’Eixample, Sant Martí y Sants-Montjuïc suman el 80% de las más de mil personas que viven en la calle en la ciudad de Barcelona. Una proporción que – según Arrels – no tiene una relación directa con el número de recursos y equipamientos públicos y privados que hay en la ciudad para atender a las personas sin hogar.

Entre las medidas inmediatas que propone la fundación para paliar la situación está la de abrir espacios pequeños en cada barrio para que centenares de personas dejen de dormir en la calle, fortalecer los equipos de calle, abrir más espacios diurnos y atender las necesidades básicas desde todos los barrios, crear equipos de salud orgánica que visiten a las personas en la calle, así como más coordinación y formación de los cuerpos policiales.

Además, a medio y largo plazo, la fundación recomienda agilizar trámites y burocracia para obtener documentación básica, como el padrón y la tarjeta sanitaria, así como una ordenanza de civismo que no “criminalice” en su redactado a las personas que viven en la calle. Otra petición es incluir a las personas sin techo en la lista para acceder a un piso de la mesa de emergencia.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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