Un artículo de CNN firmado por cuatro corresponsales de la cadena explica que debido a que el Ejército estadounidense no está sobre el terreno, Washington y el resto de la OTAN dependen en gran medida de la información proporcionada por el Gobierno de Ucrania: “En privado, los funcionarios reconocen que Ucrania tiene un incentivo para dar solo información que refuerce su caso de más ayuda, más armas y más asistencia diplomática”.

“Es una guerra, todo lo que hacen y dicen públicamente está diseñado para ayudarles a ganar la guerra. Cada declaración pública es una operación de información, cada entrevista, cada aparición de Zelenski transmitida es una operación de información”, señaló una de las fuentes consultadas, especialista en inteligencia occidental.

Por supuesto que los funcionarios del Pentágono y de la Casa Blanca están al tanto de esto, pero es un riesgo que la Administración Biden está dispuesta a asumir.

“Tenemos fidelidad durante un corto tiempo, pero cuando entra la niebla de la guerra, tenemos casi cero. (…) Caes en un gran agujero negro y casi no tienes ni idea de ello después de un corto período de tiempo”, alertó al medio estadounidense otra fuente.

Según CNN, un funcionario de defensa admitió que al tomar la decisión de enviar miles de millones de dólares en armas y equipos a Ucrania, la Administración Biden “tuvo en cuenta el riesgo de que algunos de los envíos pudieran terminar en lugares inesperados”.

La falta de datos precisos en la que está sumergido EEUU no solo se refiere al destino y utilización de las armas, sino a la cantidad de bajas de las tropas ucranianas. “Occidente, incluidos los Estados Unidos, tiene algunas lagunas de información”, reconocen los periodistas.

Fuentes familiarizadas con la defensa explican que los misiles, rifles y municiones de Javelin y Stinger son naturalmente más difíciles de rastrear que los sistemas más grandes como el S-300, ya que estos son enviados por ferrocarril. El resto se envía en camiones sin marcar. Aunque los Javelin tienen números de serie, hay poca manera de rastrear su transferencia y uso en tiempo real.

“No podría decirle dónde están en Ucrania y si los ucranianos los están usando en este momento. No nos están diciendo cada ronda de munición que están disparando y a quién y cuándo. Puede que nunca sepamos exactamente hasta qué punto han usado los [drones] Switchblades”, admitió un alto funcionario de defensa a los periodistas a mediados de abril.

Según el secretario de prensa del Pentágono, John Kirby, el Departamento de Defensa no asigna las armas que envía a unidades particulares: “Depende de los ucranianos determinar a dónde van y cómo se asignan dentro de su país”. Estados Unidos solo puede hacer estimaciones confiando en Ucrania, que dirá lo que sea para conseguir más armamento, y en el uso extensivo de imágenes de satélite.

Un nuevo Afganistán, en Europa

Jordan Cohen, analista de defensa y política exterior del Instituto Cato que se centra en la venta de armas, opinó que el mayor peligro que rodea a la “avalancha de armas” que se envía a Ucrania es a dónde irá a parar cuando se termine el conflicto o cuando se transforme en un estancamiento prolongado.

Llenar de armas a Ucrania que vive un genocidio desde hace ocho años, podría ser muy peligroso para Europa. Hay quienes se atreven a opinar que en definitiva ese es el escenario que siempre ha buscado EEUU.

Durante décadas, Estados Unidos envió armas a Afganistán para armar a las fuerzas afganas en su lucha contra los talibanes, recordó el medio. Inevitablemente, algunas armas terminaron en el mercado negro, incluidos los misiles Stinger antiaéreos. Es el mismo tipo de armamento que Estados Unidos está proporcionando en este momento a Kiev.

“Gran parte de lo que Estados Unidos dejó atrás para ayudar a las fuerzas afganas se convirtió en parte del arsenal talibán después del colapso del Gobierno y el Ejército afganos”, recuerda CNN. Otros ejemplos de EEUU enviando armamento con los ojos cerrados son Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, donde buena parte terminó en manos de Al Qaeda.

“Esto podría ser un problema dentro de 10 años, pero eso no significa que no deba ser algo en lo que estemos pensando. (…) Más de 50 millones de proyectiles… Todas esas municiones no solo se usarán para luchar contra los rusos. Eventualmente, esas municiones se usarán indebidamente, ya sea intencionalmente o no”, señaló Cohen.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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