Las trabajadoras sexuales trans están sometidas a un triple estigma social: por ser trans (transfobia), por ejercer la prostitución (putofobia) y por ser migrantes en su gran mayoría (racismo y xenofobia). En consecuencia, se ven expuestas a múltiples manifestaciones de violencia, discriminación y exclusión por parte de sus familias, parejas y por la propia sociedad en general, tanto en su país de origen como en el de recepción.

Según constata el informe La Voz de las Olvidadas, esta discriminación se ve reflejada en la patologización de su identidad, inaccesibilidad a los servicios públicos y el no acceso al mercado laboral de manera normalizada, entre otras vivencias. Todo ello, las sitúa en una posición de exclusión social, repercutiendo en su salud física y mental y, en consecuencia, en su calidad de vida.

S., una de las protagonistas del informe, afirma que «aunque yo me sintiera parte de la sociedad, lo importante es que ellos sintieran que yo soy parte», testimonio muy en la línea de las afirmaciones de otras mujeres, como K.: «He llegado a someterme a todo lo que he hecho en mi cuerpo para llegar a alcanzar que la sociedad me vea como una mujer cis y pasar desapercibida».

En este informe se analiza el contexto en el que se encuentran estas mujeres, utilizando su voz como eje, para así comenzar a nombrar sus vivencias desde su propia existencia. De esta manera, se pretende visibilizar su realidad desconocida y proporcionar herramientas para fomentar su inclusión en todos los ámbitos de la sociedad.

La mayoría de las mujeres llegó a España buscando una mejora económica o por delitos de odio. Pero, algunas no han conseguido el cambio que esperaban, «yo creí que España era diferente a mi país, de mente más abierta, pero cuando vienes te das cuenta de que la mentalidad es casi igual», explica S.

Casi el 90% depende económicamente del ejercicio de la prostitución y la mayoría de ellas ingresan menos de 500 euros mensuales. A pesar de esta situación, solo el 6,48% recibe el Ingreso Mínimo Vital (IMV) o la Renta Mínima de Inserción (RMI). En cuanto a los entornos que las rodean, el 46,30% asegura no tener ningún apoyo familiar, pero más de la mitad tiene familiares a su cargo.

Llama la atención que más del 55% de las mujeres aseguran que su red de apoyo emocional son las ONG, muy lejos del 27% que se sienten apoyadas por los Centros de Servicios Sociales y del 9,26% por los Centros de salud. Para mejorar estas cifras, en el informe se recogen algunas recomendaciones como la formación y sensibilización en organismos públicos y privados para garantizar el acceso y el trato adecuado.

Si hablamos de salud mental, más del 86% asegura padecer algún malestar psicoemocional relacionado: el 74% dice haber sentido ansiedad y el 61% depresión, siendo estos dos estados emocionales los más habituales.

El 85,19% de las mujeres respondió que habían sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, siendo relevante el dato extraído de la suma de la violencia ejercida por parte de la administración pública y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, teniendo en cuenta que ambas son parte de las instituciones públicas que tienen como objetivos proteger y garantizar los derechos.

Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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