DESIGUALDADES ENTRE MUNDOS

altCada siete segundos, un niño muere de hambre en África. Ahora mismo, justo en este preciso momento. Es una realidad que todos conocemos, el pan de cada día de los países subdesarrollados, sumidos en la miseria desde tiempos inmemoriales. Los líderes mundiales se hacen los despistados, no se esfuerzan en sacar al continente de la pobreza. Para calmar su conciencia y limpiar su imagen, cada equis tiempo prometen ayudas,

 

Texto: Blanca Mendiguren Gomila  Fotos: Silvana F.

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Cada siete segundos, un niño muere de hambre en África. Ahora mismo, justo en este preciso momento. Es una realidad que todos conocemos, el pan de cada día de los países subdesarrollados, sumidos en la miseria desde tiempos inmemoriales. Los líderes mundiales se hacen los despistados, no se esfuerzan en sacar al continente de la pobreza. Para calmar su conciencia y limpiar su imagen, cada equis tiempo prometen ayudas, pero éstas  llegan en cuenta gotas o directamente se extravían a medio camino. El mundo de los ricos hace oídos sordos, no quiere escuchar las peticiones de los pobres, que piden ayuda a gritos.

 

Por suerte, existen muchas organizaciones que luchan para cambiar la tragedia del Tercer Mundo. Justicia y Paz, asociación cristiana sin ánimo de lucro presente en todo el estado, es una de ellas. Arcadi Oliveres, presidente de la sede de la entidad perteneciente a la diócesis de Barcelona, nos explica su visión de las desigualdades entre mundos.

 

Justicia y Paz es una entidad cristiana que lucha por la defensa de los derechos humanos, la justicia social, la paz, la solidaridad… En este sentido, impulsáis propuestas concretas de sensibilización para cambiar ciertas realidades. La campaña “Justicia para África” es una de ellas. Desde vuestro punto de vista, ¿en qué términos el mundo es injusto con África y, en general, con lo que denominamos el Tercer Mundo?

 

En muchísimos aspectos. El más grave de todos es el que no permite la subsistencia de los seres humanos. Si consideramos los datos de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, diariamente mueren alrededor de 60.000 personas de hambre en el mundo, especialmente en África, cuando habría recursos más que suficientes para que no tuvieran que morir.

 

Hace dos años, la FAO hizo una demanda de urgencia a los países ricos del mundo pidiéndoles la creación de un fondo de emergencia que debería ser dotado con 50.000 millones de dólares al año. Este fondo serviría para instalar regadíos, construir caminos rurales, llevar a cabo formación profesional agraria… Y, según la FAO, evitaría con mucha facilidad el hambre en el mundo. Los países ricos contestaron que sus presupuestos eran muy limitados. Tres meses más tarde, empezaba la crisis financiera y los gobiernos proporcionaban una inyección financiera a los bancos. El dinero entregado a los bancos hasta ahora es de dos billones setecientos mil millones de dólares. Se les ha dado cincuenta y cuatro veces más de lo que serviría para erradicar el hambre en el mundo. Éste es un mundo completamente injusto.

 

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Los países que pasan hambre, cuando ven este apoyo a los bancos, ¿no opinan que tenemos una doble moral?

 

Naturalmente, pero no tienen ningún altavoz que reproduzca sus palabras aquí. Además, los que pueden decir algo en nombre del Tercer Mundo son sus responsables políticos y, por lo general, éstos son títeres al servicio de los países del norte, con lo cual… (niega con la cabeza)

 

Desde Justicia y Paz, ¿en qué actividades y medidas concretas se traduce vuestra contribución a cambiar realidades como la desigualdad entre los países desarrollados y los no desarrollados o en vías de desarrollo?

 

Bien. Hemos tenido distintas etapas. Justicia y Paz empezamos pronto en España. Nuestra primera campaña fue en 1981, cuando aquí todavía se hablaba muy poco de los problemas de los países no desarrollados. Y en aquel momento insistimos para que el Gobierno Español viera en los presupuestos del estado la posibilidad de entregar como cooperación al Tercer Mundo el famoso 0,7% del PIB.

 

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Que no se ha llegado a dar nunca…

 

No. En aquel momento, cuando empezamos la campaña, no estábamos en el 0,7%. Estábamos en el 0,07%, en la décima parte de lo que se tenía que estar. Y ahora, veintinueve años después de esta campaña, resulta  que estamos en el 0,34%, la mitad del 0,7%. Además, con un agravante, que el 0,7% tenía su razón de ser hace treinta años, cuando la distancia entre el norte y el sur era más pequeña que actualmente. Durante estos treinta años, la distancia ha aumentado tanto que aunque ahora se diera el 0,7%, ya no serviría de nada.

 

Ahora podríamos estar perfectamente en el 6 o 7% de necesidad. Y, en lugar de ello, no hemos llegado ni al 0,7%. Un verdadero desastre. Ninguna voluntad de cooperar.

 

¿Y la medida que ahora proponen los Gobiernos español y francés de crear un impuesto para ayudar al Tercer Mundo? ¿Es viable?

 

Bueno, no estaría mal pero no la van a hacer. Esta propuesta ya la hizo un premio nobel de economía llamado James Tobin en 1971 y nadie le hizo caso. La volvió a plantear en 1990 y tampoco le hicieron caso. Y a finales del año pasado, el que entonces aún era Primer Ministro de Gran Bretaña, el señor Gordon Brown, dijo que pensaba que esta propuesta  hecha veinte años atrás podría ser útil ahora, en momentos de crisis. Al día siguiente de sus declaraciones, el Ministro de Economía del señor Barack Obama voló con urgencia de Washington a Londres para quitarle de la cabeza esa perniciosa idea al señor Gordon Brown, diciendo que iba a perjudicar a la economía norteamericana.

 

En la política, la moral no existe. Estamos en manos de poderes económicos y políticos que no son otra cosa que representantes de la delincuencia.

 

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Hablando de la crisis económica, desde 2008 el mundo se encuentra sumergido en ella y parece que seguirá así durante un tiempo. Se originó en los países ricos, pero ¿cómo afecta a los pobres?

 

Ésta es fundamentalmente una crisis de ricos pero, naturalmente, afecta a los países pobres. En primer lugar, por las restricciones de la actividad comercial. Si los países ricos están en una mala situación, evidentemente compran menos, con lo cual los mercados de los países pobres se encuentran con menos posibilidades de poder acudir a estos países.

 

En segundo lugar, y lo hemos visto aquí en España, automáticamente se cierra el grifo de la ayuda al desarrollo. Recientemente, se impulsó el plan Zapatero del mes de mayo que, si no me falla la memoria, restringió 600.000.000 de euros a la cooperación de un modo inmediato.

 

Finalmente, cabe destacar un tercer elemento, que es básico. Y es que se cierran las puertas a la inmigración. La válvula de escape que para muchos países suponen las remesas de inmigrantes se va cerrando automáticamente. Menos comercio, menos remesas, menos ayuda.

 

Precisamente en 2008 los países del G-20 celebraron una cumbre en Washington para debatir cómo reformar el sistema financiero mundial para poder enfrentarse a la crisis. La práctica totalidad de los países africanos no forman parte del grupo y, por tanto, no fueron invitados. ¿Qué lectura puede hacerse de este hecho?

 

Bueno, el G-20 es una institución antidemocrática por definición. Veinte países más o menos privilegiados pretenden resolver una crisis que es global. Todas las decisiones que hasta ahora han tomado han sido para proteger los intereses de los especuladores de los banqueros y han ido siempre en contra de los de la población. Es una institución perversa que debe ser disuelta de forma inminente.

 

En relación con esto, quiero poner sobre la mesa una anécdota de la que se habló poco. El año pasado, presidía la asamblea general de la ONU un nicaragüense que se llama Miguel d’Escoto. Este señor llegó a la conclusión lógica de que la crisis era mundial y de que no eran veinte países los que tenían que resolverla sino un grupo de 192, el de los 192 miembros de Naciones Unidas. Hizo una convocatoria para que asistieran a una reunión en Nueva York para intentar resolver la crisis. Sólo respondió un jefe de estado. Un señor que se llama Rafael Correa al cual los golpistas querían sacar de Ecuador la semana pasada. Ya vemos cómo está el mundo.

 

 

alt¿Se podría decir que los países desarrollados, unidos en el G-20, no quisieron escuchar la voz de los no desarrollados, aunque estos conforman el 80% del planeta?

 

Claro. No la quieren escuchar nunca. Pero llegará un momento en que la tendrán que escuchar, cuando el planeta quede destruido, el día en que los bosques ya no existan, el agua escasee y no tengamos petróleo. Aquel día quizás empezaremos a pensar que hay que tratar el planeta de otra manera. Pero, de momento, la opinión pública no está por la labor sino por la imbecilización colectiva que da la televisión.

 

Entonces, vosotros como entidad, ¿qué posición adoptasteis respecto a la cumbre de Washington y las sucesivas?

 

Bueno, nosotros nos hemos quejado de todas. De la cumbre de Washington, de la de Londres, de la de Pittsburgh y de la última, en Toronto. Nos hemos quejado una vez tras otra de la falta de democracia. Hacemos una crítica severa de lo que se está haciendo.

 

A pesar de centrarse en debatir la situación de los mercados financieros, la cumbre de Washington también concluyó que era necesario ayudar a los países emergentes y en desarrollo a conseguir acceso a la financiación en las difíciles condiciones financieras actuales, incluyendo instrumentos de liquidez y programas de apoyo. En la práctica, ¿se tiene en cuenta este acuerdo?

 

Bueno, después de tomar las decisiones, al final siempre dicen un par de palabras simpáticas para quedar bien con la opinión pública, sin la menor voluntad de hacer nada. Lo único que hacen es salvar sus intereses, y me atrevería a decir que ni eso, porque si esta crisis afecta al norte tiene una raíz clara y es la especulación financiera. Bueno, pues me he leído los resultados de estas cuatro cumbres celebradas por el G-20, y en ninguna de ellas se ha tomado ni una sola decisión para frenarla. Se han tomado decisiones para blindar a los bancos, para los paraísos fiscales, para los sueldos de los directivos bancarios… pero para frenar esta perversidad enorme que se llama especulación financiera ni una.

 

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Existe la teoría de que no se debe intervenir en la evolución de un país, que ha de ser éste el que se desarrolle. Algunos consideran que con las intervenciones se amortigua el desarrollo autónomo de las regiones para fomentar su dependencia externa. ¿Qué opina al respecto?

 

Es cierto, lo que pasa es que hoy en día es inevitable. Un país que produce café, por decirte alguna cosa, o lo exporta al mercado internacional o no tira hacia adelante. ¿Que lo mejor sería que un país no dependiera del exterior? no hay ninguna duda. Pero va a depender.

 

El aislamiento, aquello que antes se llamaba la autarquía, es muy difícil de conseguir a día de hoy. Hay una interacción, lo que conocemos como la globalización económica mundial, que impide que esta autarquía se produzca. Por tanto, habida cuenta de que estas relaciones existirán, por lo menos hay que lograr que sean justas.

 

En cuanto a la citada globalización, ¿ayuda o perjudica?

 

Depende de las condiciones en que se produzca. La globalización es un hecho completamente inapelable. No la podemos evitar. Nosotros también estamos globalizados. Por la mañana, tocamos un despertador que viene de Hong Kong y nos duchamos con agua caliente de Kuwait, tomamos un café de Colombia, etc. etc.

 

¿Quién vende el café? Pues el campesino colombiano. ¿Quién compra el café? Nestlé. ¿Quién tiene más poder? Por supuesto, Nestlé. Han de vigilarse estas condiciones.

 

altHace diez años, los líderes mundiales establecieron en la ONU unos objetivos que era necesario cumplir. Erradicar la pobreza y el hambre extrema, fomentar una alianza mundial para el desarrollo y conseguir la enseñanza primaria universal eran algunos de ellos. Se fijó el 2015 como fecha límite para cumplir la mayoría de estos propósitos. Vista la situación actual, ¿será posible?

 

No. En la conferencia que se celebró hace unas tres semanas para evaluar cómo iba en el 2010, en los dos tercios del período, el cumplimiento de los objetivos del milenio, ya todo el mundo constató que esto era imposible. A ver, no sería imposible si hubiera voluntad política, pero como no la ha habido durante estos diez años y no parece que la vaya a haber en los próximos cinco, no se alcanzarán. ¿Se ha podido mejorar en algunos aspectos? Pues parece que sí. Por ejemplo, ahora mueren menos mujeres que antes al dar a luz, la mortalidad infantil se ha reducido… Algunas pequeñas cosas se van consiguiendo, pero el grueso de las peticiones –la pobreza, la alianza mundial para el desarrollo, la reducción del SIDA…- no se van a conseguir.

 

¿Cómo cree que África podría salir de ese agujero negro en el que se encuentra?

 

Pues separándose de Europa, de Asia y de todos los países. Explicaré una anécdota que siempre me ha parecido muy instructiva. Uno de los países más pobres de África es Tanzania. Tanzania firmó la independencia hacia el año sesenta y pico, y tuvo un magnífico presidente, de los pocos que merecen el aplauso general, JuliusNyerere. Este señor, a principios de los años 70, recibió a una comisión de ONGs británicas que habían recaudado fondos para ayudar al desarrollo de Tanzania y que entregaron un cheque a Nyerere. Éste se lo devolvió al momento y les dijo: “Ahora es Tanzania la que les hace un donativo a ustedes. Con este cheque les ruego que regresen a Londres y que hagan el favor de gastárselo explicando a los británicos que el precio al que pagan el té que nosotros les mandamos es irrisorio, y diciéndoles que no vengan a dejar todos sus residuos de búnkeres a la costa de nuestro país y que paguen bien los minerales que les suministramos, etc., etc., etc.”. Entonces Nyerere añadió: “Si ustedes consiguen, con el dinero que les acabo de dar, que los ciudadanos ingleses cambien de actitud, para nosotros será mucho más positivo que las dos escuelas u hospitales que yo pueda construir con ese dinero”.

 

Entonces, a grandes rasgos, ¿que debería cambiar a nivel mundial para que se hiciera justicia?

 

La voluntad. Pero la voluntad depende del pensamiento de cada uno. Así que yo diría que, en primer lugar, lo que hace falta es crear una opinión pública muy sensible y capaz de presionar tanto a gobernantes como a poderes económicos para que las cosas cambien. Mi gran preocupación es que hoy en día estamos frente a unos medios de comunicación que lo que intentan es que la opinión pública se calle y no vea la realidad de las cosas. Para mí, lo más importante para que cambie la situación es que la población deje de estar atontada y confundida. Con los medios en este plan, poco conseguiremos.

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