Las inundaciones por la destrucción de la presa Kakhovka, en Ucrania, ya afectan a una treintena de poblaciones mientras el agua no para de subir y siguen las evacuaciones. Decenas de miles de personas también se han quedado sin agua potable y la destrucción del embalse es otro golpe duro para la maltrecha agricultura ucraniano.

La destrucción de la presa ya ha negado 10.000 hectáreas. El presidente del país, Volodímir Zelenski, lo ha calificado de «desastre y ecocidio», y ha dicho que la acción es una bomba ambiental de destrucción masiva: un desastre humanitario, ecológico y económico.

Sin luz ni agua potable

Al menos 42.000 personas están siendo evacuadas. Voluntarios y personal de emergencias ayudan en las tareas de salvamento. Alrededor de 20.000 abonados se han quedado sin luz dentro del territorio controlado por Kíiv, ya que más de 120 subestaciones eléctricas han quedado inundadas.

Las depuradoras y el sistema de canalización y distribución del agua corriente también han quedado anegados. Centenares de miles de personas, según el gobierno ucraniano, se han quedado sin acceso normal al agua potable.

Miles de animales muertos

Dentro del Parque Nacional de Kherson, ocupado por Rusia, miles de animales han muerto a consecuencia de la riada, que ha provocado el desbordamiento de la presa. En la zona, de unas 80.000 hectáreas, vivían ejemplares de más de 70 especies.

También han muerto los animales del zoo de Nueva Kakhovka y miles de peces que vivían dentro del embalse.

La oficina presidencial ucraniano atribuye la mortandad de peces al derrame de aceite de motor almacenado en la sala de máquinas de la central hidroeléctrica. Denuncian que se habrían vertido al río y al mar Negro al menos 150 toneladas de aceite hidráulico.

Millones de euros en pérdidas

El Ministerio de Economía ucraniano estima que construir una nueva central hidroeléctrica puede costar más de 930 millones de euros. Calculan que los daños causados por la pérdida de recursos hídricos al menos son de 50 millones más, especialmente para el sector agrícola.

Reconstruir la presa será un trabajo de muchos años. Por lo tanto, el riesgo es que estas planicies se sequen, recuperen el aspecto de hace medio siglo y obliguen a marcharse los que vivían allí y aún no habían emigrado por la guerra.

La región que quedará afectada por la sequía representaba el 4% de la producción agrícola de Ucrania antes de la invasión. Puede parecer poco, pero se suma a las zonas de cultivo que ya se han perdido por la guerra y que, en parte, explican el alza del precio global de los alimentos.

Martin Griffiths, responsable de Ayudas de la ONU, ha declarado: «Tendrá consecuencias graves y de gran alcance para miles de personas en el sur de Ucrania, a ambos lados de la primera línea de fuego. Se pierden viviendas, alimentos, agua potable y las mínimas condiciones de vida.

Más de 500.000 hectáreas sin riego

Donde el lunes se veía el entramado del pueblo de Krinki, ahora solo se intuyen los tejados de las casas. Los campos cultivados han quedado totalmente anegados de agua, una catástrofe para el sector agrícola ucraniano.

El ministerio calcula que 584.000 hectáreas de cultivos, el equivalente en toda la provincia de Girona, quedarán sin riego. En buena parte porque dependían de esta extensa red de canales que salían del enorme embalse de Nueva Kakhovka, que se está vaciando.

En la provincia de Kherson, se han perdido el 94% de los sistemas de regadío, y en la de Zaporíjia, el 74%.

Acusaciones cruzadas

Ucrania mantiene que Rusia ha querido destruir la central hidroeléctrica para impedir una contraofensiva de Kíiv para llegar a la península de Crimea, bajo dominio ruso.

Rusia y Ucrania se culpan mutuamente de estar detrás de la catástrofe. En lo que sí están de acuerdo es en calificar la gravedad del destrozo.

El presidente ruso, Vladímir Putin, lo ha calificado de acto «bárbaro», «crimen de guerra» y «terrorismo», y afirma que ha provocado «una gran catástrofe ecológica y humanitaria» en Kherson. El gobernador interino impuesto por Rusia en la zona, Vladímir Saldo, sin embargo, ha admitido: «Desde el punto de vista militar, la situación operativa y táctica se ha vuelto más favorable a las fuerzas rusas», ya que ahora el embalse no es transitable.»

Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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