¿Cuánto hace que no toman un descanso?

Autor: William Acero Peraire

Ilustración: Ricardo Jurado

Slow Movement, una iniciativa filosófica que promueve el valor del tiempo, la lentitud, detenernos y respirar.

¿Por qué vivimos con tanta prisa? ¿Por qué nos infunden que para realizar un buen trabajo hay que acabar estresado? ¿Sabemos disfrutar de nuestro tiempo? ¿El trabajo se ha apropiado de nuestra vida dominándola completamente? Una doctrina quiere aportar luz a todas estas preguntas. El ‘Movimiento Slow’, un concepto de vida que apuesta por aparcar las prisas y disfrutar del momento.

En este artículo me dispongo a poner en seria duda uno de conceptos más presentes en nuestra sociedad actual, la inmediatez. Se pone en valor la rapidez, el dinamismo, la prouctividad y la rentabilidad, el no parar de trabajar o estar en continua acción, muchas veces a costa de perder calidad de vida, de información, de servicios… ¿vale la pena? Precisamente hay toda una corriente que crítica este sistema de vida, se trata del Slow Movement (Movimiento Lento)

La principal intención del movimiento Slow es mostrarnos la posibilidad de llevar una vida plena y desacelerada, haciendo que cada individuo pueda controlar y adueñarse de su existencia. Es una filosofía que reivindica una nueva escala de valores y no está organizada ni dirigida por ninguna asociación, es simplemente una manera diferente de entender la vida y que ha causado impacto en algunos ámbitos. Lucha contra los atascos, las prisas, el ruido, el estrés, el consumo rápido, las urgencias y la impaciencia. Hay muchas personas que necesitan constantemente realizar actividades ya sea laborales o fuera del ámbito laboral como cursillos de idiomas, gimnasio, talleres, asociaciones…. Una necesidad de tener la agenda llena, exprimir hasta el último segundo de cada día para hacer algo productivo. Se podría resumir una frase: trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

El origen de esta corriente se encuentra a finales de los años 80, concretamente en 1989 cuando el periodista italiano Carlo Petrini, organizó una propuesta en la Plaza de España, en Roma, contra la apertura de una famosa hamburguesería de comida rápida. En la actualidad el concepto está creciendo como respuesta a la evolución que está viviendo nuestra sociedad. Se puede aplicar a muchos campos: ya existe el Slow Travel (“Viajar despacio”), el Slow Shopping (“Comprar despacio”) e incluso el Slow Design (“Diseño tranquilo”). Según dicen sus teóricos, vivimos como si no hubiera mañana, como si los recursos naturales fueran infinitos, y sabemos que no lo son. Así pues hay bastantes elementos en la vida moderna que combinados con la rapidez nos empujan directamente a la superficialidad.

Expresiones de esta filosofía en la realidad

Los países desarrollados han puesto en práctica un sistema de vida marcado por y para el trabajo, una de sus consecuencias es que padecemos problemas físicos a causa de este ritmo de vida acelerado y frenético como el estrés, obesidad, insomnio…

En Estados Unidos y también en Canadá pueden observarse propuestas como la de Take Back Your Time, una iniciativa que lucha contra “la epidemia del exceso de trabajo y horarios extremos, que amenazan la salud, la vida familiar y la relación con el medio ambiente”. Y es que la prisa tiene consecuencias en nuestro cuerpo y con los nuestros.

En Austria se encuentra “La Sociedad para la Desaceleración del Tiempo” que incita a prestar más atención al presente y disfrutar de la cultura. En Tokio existe el “Sloth Club”, que apuesta por una vida más tranquila, disfrutando de la naturaleza, y en eliminar el consumo como necesidad. Esta filosofía también ha llegado a la publicidad, que en muchas ocasiones funciona como manipulación de lo que debemos ser o lo que deseamos ser. Se puede encontrar un ejemplo en España, en la campaña “Camina, no corras”, de la zapatera española Camper, que anima así a sus clientes a llevar un modo de vida más relajado.

Esta filosofía no solo tiene en cuenta el valor de los ratos libres sino que pone en valor el trabajo hecho a partir de la calma y la calidad, dejar de considerar la inmediatez como un punto positivo ya que la cualidad acaba siendo más baja.

También surgieron las Slow Cities, para “mejorar la calidad de vida en las ciudades”, concebidas para apoyar la diversidad cultural y el carácter de la ciudad. Esta tendencia ha llegado a ciudades de Alemania, México, Noruega, Líbano, Brasil y Reino Unido, y en España, hay algunos núcleos en localidades como Lekeitio (Vizcaya), Begur o Pals (Gerona), o Bigastro (Alicante). Estas ciudades tienen puntos en común, no superan los 50.000 habitantes, cumplen una serie de requisitos de calidad medioambiental y urbanística, y abogan por el comercio local.

A todo esto hay que preguntarse cuáles son las desventajas de todo este movimiento. Básicamente que el actual sistema de sociedad repele estos pensamientos, la realidad es que estas iniciativas aun son muy minoritarias, en gran parte porque como sociedad moderna sufrimos un consumismo pasivo y activo implantado des de hace muchas generaciones que hacen muy difícil la concepción de un modo de vida diferente. En otras palabras, es muy difícil que alguien que viva en una ciudad como Madrid, Londres o Nueva York pueda aplicar esta teoría si se pretende llevar a cabo una vida normal des de la concepción que tenemos.

Con todo y con eso creo que se pueden realizar pequeños cambios en nuestro día a día, encontrar nuestros momentos para parar y no hacer nada, apagar el móvil desconectarse de todo i quedarse solamente con uno mismo y sus pensamientos, aprender a disfrutar del tedio, ya sea media hora de descanso o una mañana entera si se dispone. Creo que si la sociedad entera fuera capaz de hacer esto sin colapsar experimentaríamos un aumento en calidad de vida exponencial y posiblemente mejoraría también por efecto dominó el nivel de producción de bienes y servicios. Si cada uno consigue esto y lo pone en valor poco a poco todos deberíamos ser capaces de entender mejor cuales son nuestras prioridades y demandas de cara al futuro.

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