El origen histórico de la Nochevieja

Autor: R@mbla

¿Cuál es el origen de la Nochevieja? Cada país y familia tiene sus propias costumbres para celebrar la entrada del nuevo año. Las uvas, ponerse ropa interior roja y salir a correr con maletas para viajar mucho durante los próximos doce meses son solo algunas de ellas. Sin embargo, hay algo que prácticamente no cambia alrededor del mundo. Hasta los menos fiesteros han salido alguna vez la madrugada del 1 de enero y han intentado disfrutar de la última noche del año. Además, en estas fechas no puede faltar el tradicional brindis, una costumbre que algunas personas practican hasta altas horas de la noche y mezclando otros tipos de bebidas alcohólicas.

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Nochevieja en Berlín.

Cada uno celebra la entrada del nuevo año a su manera aunque en prácticamente todo el mundo es un motivo de celebración y de fiesta. Esta tradición no es nada nuevo y la historia nos ha demostrado que no hemos sido los únicos en celebrar la Nochevieja por todo lo alto, ya que estas costumbres forman parte de las herencias de nuestros antepasados.

Mesopotamia

La primera celebración de fin de año tuvo lugar en Mesopotamia alrededor del año 2.000 a.C., la cual se llevaba a cabo entre los meses de marzo y abril porque significaba el comienzo de la nuevas cosechas. El inicio de la primavera y su primera luna creciente daba comienzo a una de las fiestas más importantes, llamada Akitu. La celebración consistía en renovarse para dar la bienvenida a un nuevo año durante doce días, en los que se realizaban ceremonia en el templo Esagila, el hogar del dios Marduk.

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Imagen de Marduk presente en el Museo del Louvre.

Además de significados agrícolas, Akitu también hace referencia al amor y a la fecundidad al centrarse en los dioses Innana y su marido Dumuzi. Para apostar por campos fértiles y un buen año económico, se celebraban procesiones y banquetes en donde los habitantes recibían regalos y abundante comida. Según la tradición, esta fiesta también era el momento idóneo para beber, drogarse y practicar sexo sin tener en cuenta el estatus social o la religión de las personas.

Imperio Romano

No fue hasta muchos años después, en el 46 a.C. que el emperador Julio César decidiera que el día 1 de enero sería la fecha para celebrar la entrada del nuevo año. Los ciclos de la Luna no son constantes y eso hacía que las estaciones se desafasaran según el calendario mesopotámico.

Por ello, César encargó a astrónomos como Sosigenes que establecieron un nuevo calendario solar, el llamado juliano por el dios Janus, que simboliza los inicios y que está representado con una parte de la cara mirando hacia el pasado y otra hacia el futuro.

A partir de ahí, el día 1 de enero fue la fecha destinada para dar la bienvenida al nuevo año, pero también el motivo perfecto para prolongar las fiestas. Las Saturnales era la fiesta en honor a Saturno, el dios de la agricultura, y una mezcla entre una celebración navideña y el carnaval. Regalos, banquetes, bebidas… Todo financiado por el estado, el cual centraba sus esfuerzos en hacer la mejor de las fiestas del 17 al 23 de diciembre.

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Las Saturnales por Thomas Couture.

El desenfreno siguió hasta el cristianismo, cuando las Saturnales fueron sustituidas por la Navidad el 25 de diciembre. La fiesta, sin embargo, seguía siendo considerada motivo de excesos para la gente, por lo que, durante el concilio de Tours, se instauraron tres días de ayuno en año nuevo. Esta tradición cristiana se mantuvo hasta que el papa Gregorio XIII reformó el calendario, el a partir de entonces llamado gregoriano, y estableció definitivamente el 1 de enero como inicio de año.

El ayuno de fin de año pudo bajar la intensidad de algunas de las fiestas, pero siempre nos quedaría una de las costumbres más antiguas y representativas: el brindis. El origen de esta tradición se remonta al siglo IV a.C., en la Antigua Roma.

En aquella época era común asesinar a los enemigos con veneno y, con los amigos, se mostraba la confianza con el choque de copas, en los que se derramaban los líquidos para demostrar que no estaban envenenados y que todos bebían lo mismo. Por otro lado, el cristianismo también utilizó el brindis como símbolo de buena suerte y, según una teoría, el ruido de las copas al chocar alejaba al diablo.

También, el origen de la Nochevieja y la festiva noche del 31 de diciembre, ese tránsito celebrado entre un año que acaba y otro que empieza, tiene su origen en un hecho nada amistoso sino sangriento: la guerra, la que declaró la expansiva Roma contra los belos, la etnia celtíbera que dominaba una amplia extensión geográfica del nordeste peninsular y que tenía un poderoso centro social y administrativo en Segeda -actual término municipal de Mara, en la provincia de Zaragoza-.

Años de convivencia pacífica acabaron en guerra. Roma decidió poner fin a la autonomía de los belos. Consideró que habían roto los pactos y usó como argumento el hecho de que Segeda hubiera procedido a ampliar las murallas de la ciudad, lo que atentaba al pacto de paz que habían firmado en el año 179 antes de Cristo.

Así que, 25 años después de aquel acuerdo, la paz se comprió y se transmutó en guerra. Fue en el 154 antes de Cristo. Hasta entonces -y ahí está la razón de que la Nochevieja caiga el 31 de diciembre- el año administrativo en los dominios de Roma acababa el 14 de marzo; y lo que hoy es el día de Añonuevo tocaba el 15 de marzo, jornada en la que arrancaba el calendario y en la que se elegían a los cónsules.

La operación bélica de Roma contra Segeda fue de una gran dimensión. Y para dirigirla hacía falta un cónsul -en vez de un pretor, de rango inferior-. Roma decidió actuar con rapidez, no esperar a la fecha del 15 de marzo para cumplimentar el proceso de elección de cónsules. Así que, para ganar tiempo, tomó la rotunda decisión de cambiar el calendario político-administrativo que había regido hasta entonces, de forma que el primer día del año pasó a ser el 1 de enero.

Aquello quedó para la posteridad. Fue el origen del calendario occidental que ha llegado a nuestros días y, po rtanto, el origen de que la Nochevieja tenga lugar el 31 de diciembre. El Senado romano movilizó un ejército de 30.000 hombres para atacar a Segeda, el doble de lo que hasta entonces era habitual en los contingentes que llegaban a la Península. Segeda fue solo el principio, la punta de lanza de una campaña bélica que sembró de sangre las tierras de Hispania. Tras arrasar esta ciudad celtíbera, los romanos fueron a por Numancia.

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Numancia (1881), de Alejo Vera, refleja el momento en que los últimos defensores numantinos deciden suicidarse antes de ser capturados por los romanos.

Así, para conocer el origen de la celebración de Nochevieja debemos remontarnos a los inicios del Imperio Romano. Para ellos, el mes de enero estaba dedicado al dios Janus, dios que mira delante y detrás, es decir, al año que se va y al principio del que viene. Por esta razón se le representaba con dos rostros, uno viejo y con barba, y otro joven, como el nuevo año que comienza. Los romanos comían con sus familiares y amigos, y se intercambiaban higos y dátiles con miel, con la intención de empezar el año de la manera más dulce posible.

Las 12 uvas de la suerte

Las “doce uvas de la suerte” tienen un origen más reciente. Fue en la Nochevieja de 1909 cuando en España comenzaron a tomarse de manera masiva, debido a un excedente de cosecha de uva en Alicante. Aunque la costumbre de comerlas y brindar con champagne por el año nuevo ya se tenía desde el siglo XIX, pero sólo disfrutaba de ella la clase burguesa.

En España, cada uva representa un mes del año nuevo que comienza, y deben comerse con cada una de las campanadas del reloj. En otros países se comen otros alimentos típicos para saludar al nuevo año. En Italia y otros países sudamericanos es costumbre comer un plato de lentejas estofadas, para atraer la fortuna y la prosperidad. En cambio, en Grecia elaboran un pastel típico llamado Vassilopitta, el cual contiene una moneda de plata u oro, y quién la encuentre será la persona más afortunada en el nuevo año que llega.

Pero como en todas las costumbres, saber exactamente el origen de las 12 uvas es complicado, pero la historia está plagada de secretos e incógnitas que hacen las delicias de los curiosos. A pesar de que algunos historiadores vaticinan que la combinación de uvas con espumantes proviene de la clase burguesa francesa y alemana, la mayoría apuntan a dos posibles orígenes ubicados en Madrid y Alicante. A continuación se detallan:

Algunos historiadores aseveran que en 1882, las clases más adineradas de la sociedad solían juntarse en los fastuosos salones de sus casas para festejar el fin de año de una manera tan especial como extravagante.

Como parte de sus copiosos banquetes, se gastaban auténticas fortunas en uvas y champán para que la suerte les fuera favorable al año que entraba. Hay antecedentes escritos en diarios como ‘El Siglo Futuro’ o ‘El Imparcial’. Debido a la pobreza que había en aquellos momentos en la sociedad española, los ritos de los ricos irritaban a las clases más desfavorecidas de Madrid que a duras penas tenían la posibilidad de llenar el estómago.

Por tal motivo, la clase baja decidió ironizar y tomarse con sorna la tradición de aquellos ricos. Empezaron a burlarse de ellos tomando las uvas en plena calle en la Puerta del Sol, por lo que el aire de glamour y exclusividad se evaporó para siempre.

Uvas.

El ritual de las 12 uvas se democratizó. De hecho, fuentes del Consejo Regulador de la Denominación de Origen ‘Uva Embolsada del Vinalopó’ (Alicante) aseguran que esta tradición se popularizó debido al carácter contestatario y satírico de los estamentos sociales más desfavorecidos. Madrid fue el origen y, debido al éxito, poco a poco fue extendiéndose a diferentes zonas españolas hasta convertirse en una tradición plena.

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen ‘Uva Embolsada del Vinalopó’ cifra que en una sola noche se consumen  algo más de 2 millones kilos de uva en toda España. Otra leyenda apunta a que en 1909 hubo un excedente masivo en la producción de uva en Alicante, por lo que los agricultores decidieron comercializarla de manera ingeniosa.

Para vender su producción decidieron denominar a su producto como ‘uvas de la suerte’ y que por cada una que se comiera, había que pedir un deseo. De esta manera, los agricultores no dejaban que se pudriera la cosecha, sacaban un beneficio  y promocionaban el consumo entre la gente.

Un siglo después, Alicante sigue siendo la zona principal que abastece la gran mayoría de los hogares para que esta tradición mágica no se pierda. La felicidad se ha mantenido y la alegría familiar ha perdurado. Tal fue el éxito de tomarse las 12 uvas que España exportó esta tradición a la mayoría de los países conquistados en 1492. Por tanto, a partir del siglo XX, culturas tan diferentes como la mexicana, la boliviana, la costarricense, la salvadoreña o la venezolana incorporaron el ritual de la docena de uvas para tener un año próspero.

Y, aunque parezca increíble, esta tradición llegó hasta las antípodas, concretamente a Hay Flat, en la Australia Meridional, cerca de Adelaida. Un hecho histórico sorprendente ya que este país oceánico está sustentando principalmente por antecedentes ingleses, griegos e italianos.

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