Pocas muertes pueden ser tan agónicas como las de Cipriano Martos. Este antifascista andaluz, obrero, minero y campesino, fue una de las incontables víctimas de la Guardia Civil durante el franquismo. Comprometido con la solidaridad obrera y la justicia social, dedicó su vida a ganarse el pan con el sudor de su frente y a luchar contra la dictadura, hasta que una mañana de 1973 fue detenido por realizar pintadas «subversivas» en Igualada.

Después de dos días de intensos interrogatorios y torturas sin delatar a nadie,​ sus captores -comandados por el teniente Braulio Ramo Ferreruela- le hicieron beber el denominado «cóctel de la verdad», una corrosiva combinación de ácido sulfúrico y gasolina similar a la composición de un cóctel molotov.

El mismo día y ante su estado gravísimo, la Guardia Civil lo llevó al Hospital de Sant Joan de Reus, donde fue atendido por varios médicos. Ligeramente recuperado, el 29 de agosto lo presentaron ante del juez, que no pudo tomarle declaración debido a la gravedad de sus lesiones.

El 17 de septiembre de 1973, diecinueve días después, con el aparato digestivo destruido, Cipriano murió por «hemorragia interna», según la partida de defunción, entre terribles sufrimientos. Martos fue enterrado en secreto el 20 de septiembre de 1973 en una fosa común del cementerio de Reus.

Cuarenta y nueve años después, tras la lucha incansable de su hermano Antonio, esta mañana ha comenzado la intervención para recuperar los restos de Cipriano Martos. Se prevé que se alargue durante semanas, ya que en el mismo espacio hay un centenar de personas enterradas.

La voluntad de la familia es trasladar los restos a Granada y sepultarlos con los de sus padres. Antonio Martos ha exigido al Estado que sea «responsable subsidiario» del traslado de los restos, así como del entierro. Por el momento, la exhumación irá a cargo del Departamento de Justicia, con el acompañamiento del Ayuntamiento de Reus.

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