Cipriano Martos.

El caso de Cipriano Martos fue incluido en 2014, a instancias de un hermano de la víctima, en la macroquerella presentada ante la Justicia argentina por delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen franquista. Ahora será exhumado por el Govern.

Tras fallecer el 17 de setiembre de 1973 en el Hospital de Sant Joan de Reus, las autoridades franquistas enterraron el cuerpo en una fosa del cementerio de esta localidad, sin permitir a la familia asistir a la inhumación ni llevarse el cuerpo a su tierra de origen, entre los municipios granadinos de Loja y Huétor-Tájar.

Una de las reivindicaciones de la familia y de las entidades memorialistas dedicadas a hacerse eco de este caso, como la Xarxa Catalana i Balear de Suport a la Querella Argentina, es exhumar los restos de la víctima –siguiendo las coordenadas que constan en el registro del cementerio– para poder entregarlos a la familia, una reclamación que ahora está dispuesta a llevar a cabo la Generalitat.

Recientemente, fuentes de la Conselleria de Justicia que dirige Lourdes Ciuró han explicado a Efe que se trata de «un caso singular, identificado y localizado, de una fosa del tardofranquismo situada dentro de un cementerio».

«No podemos reparar el daño a esta víctima del franquismo si no exhumamos y devolvemos los restos a la familia, que siempre lo ha reivindicado», han asumido.

Torturado durante 55 horas

Cipriano Martos nació en 1942, en el seno de una familia de campesinos, en un núcleo rural dentro del municipio de Loja (Granada) y emigró en 1969 a Sabadell, en pleno auge de las organizaciones obreras antifranquistas.

En Sabadell, Martos se enroló en las filas del Partido Comunista de España (marxista-leninista), una escisión del PCE que propugnaba intensificar las acciones contra la dictadura y no renunciaba a la lucha armada. El PCE (m-l) promovió la constitución del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).

Falleció a los 30 años de edad, después de haber sido detenido por la Guardia Civil a la entrada de la fábrica en la que trabajaba, conducido al registro de su piso y después al cuartel de Reus, donde permaneció incomunicado.

Fue ingresado en el hospital después de padecer torturas ininterrumpidas durante 55 horas. Los agentes que le tenían confinado le introdujeron por la boca un líquido que contenía ácido sulfúrico, gasolina y otros productos corrosivos, cuyos efectos fueron letales.

En 2019, el Ayuntamiento de Sabadell le dedicó una plaza en el barrio de la Plana del Pintor, donde residió.

Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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