Catalunya. Contra la sentencia y la represión: Organización y lucha. Buch y Marlaska dimisión. Por la amnistía y la República catalana

Todos los cruceros en una web

Autor: Lucha Internacionalista

La sentencia del Tribunal Supremo quiere ser un castigo ejemplar, una revancha por la derrota política que el Estado español sufrió el 1 y el 3 de octubre de 2017, cuando su brutalidad fue impotente ante la fuerza del movimiento popular. Las largas penas de prisión -99 años en total- por el delito de sedición establecen además un peligroso precedente que criminaliza la libertad de expresión, reunión y manifestación. Es todo un aviso a navegantes contra las protestas políticas y sociales que puedan surgir, en Cataluña pero también más allá.

La masiva respuesta en las calles esta semana ha cambiado la dinámica de desmovilización y retrocesos que habían impuesto las direcciones de ERC y JxCat. Se ha vencido el miedo, se ha recuperado la fuerza en la calle y se ha vuelto a respirar el ambiente de octubre: movilización, lucha y solidaridad. Codo a codo hemos vuelto a hacer las calles nuestras. La protesta en el aeropuerto de Barcelona y los cortes de carreteras por todas partes, movilizaciones estudiantiles multitudinarias en secundaria y universidad con ocupación de los rectorados, las marchas por la libertad avanzando por el territorio demuestran la fuerza y la combatividad de un movimiento popular que no se da por vencido…

Y esto es lo que más teme el aparato del régimen, que no tiene más respuestas que la represión.. Y también el Gobierno catalán, que de ninguna forma quiere que las cosas se le escapen de las manos y ha puesto los Mossos al servicio de la represión. Las brutales cargas de estos días, en coordinación con la Policía Nacional, han dejado decenas de heridos y han sido temerarias y totalmente gratuitas. Miquel Buch, consejero de Interior, tiene que dimitir inmediatamente, al igual que el ministro Grande Marlaska. Después de los siete miembros del CDR a los que se ha aplicado sin ninguna prueba la ley antiterrorista, se han dictado cinco nuevos encarcelamientos. Aragonés y Torra ya han salido a apuntalar la criminalización de la lucha y avalar abiertamente la represión. Nosotros no nos sumamos al coro de condenas a la «violencia», porque nunca surgen ante la violencia del Estado, sino contra gente que ya está harta. Los violentos son la policía que vacía ojos y atropella manifestantes, los fascistas (a quienes ayer la policía no impidió campar por las calles de Barcelona apaleando jóvenes), los jueces que dictan sentencias que destrozan vidas con total impunidad. Vidas como las de los 16 presos políticos catalanes, o como las de los jóvenes de Altsasu. En la calle apostamos por movilizaciones masivas y organizadas desde abajo, en los centros de estudio y de trabajo y en los barrios, esta es nuestra mejor arma para avanzar y vencer la represión.

Para avanzar en la liberación nacional y también para abrir una perspectiva para la liberación de los presos es imprescindible superar las direcciones de JxCat y ERC –que se empiezan a desbordar, recuperando los CDRs- y que quede claro que detrás de los discursos por «la unidad estratégica del independentismo» se esconde un objetivo: evitar el choque con el Estado y continuar reculando. ¿Alguien se cree que desdecirnos de lo que hicimos en octubre servirá por qué el Estado afloje la represión y opresión sobre el pueblo catalán? Las vacilaciones e incumplimientos de octubre del 2017 no pararon el régimen, y a la vez marcaron los límites de las actuales direcciones de ERC y JxCat.

El tripartito de derechas del PP, C’s y Vox quiere el aplastamiento sin concesiones y la derrota total del movimiento independentista. El PSOE, a la espera del resultado electoral, aparca de momento el 155 pero avisa que no descarta ninguna medida. Valora que la represión puede no ser suficiente para liquidar el movimiento, y busca su derrota política, es decir, que una parte sustancial de la dirección independentista se recoloque en el marco autonomista monárquico, y así desactive y desmoralice el movimiento de ruptura. Ya sabemos que el PSOE es un partido del régimen monárquico y al servicio de las órdenes del Estado y el IBEX 35 y deja que sea el estado y su aparato represivo judicial y mediático quién marque la pauta. Por eso el ministro Jaime Àvalos se queda sin palabras cuando se le recuerdan el indulto a Barrionuevo por los GAL o el tercer grado de Urdangarín o que la mayoría de golpistas del 23F están en la calle mientras el PSOE reclama el cumplimiento íntegro de las penas por los condenado por el Procés. Y la equidistancia de Podemos y los Comunes no se aguanta por ninguna parte.

Necesitamos un plan de lucha, con una nueva huelga general empezando por la convocatoria del 18-O. Un plan de lucha que dé un sentido político a las acciones que impulsamos. Las redes sociales pueden ser una herramienta para potenciar la movilización, pero no sustituyen la organización de base, con espacios de debate y de construcción de una respuesta colectiva. Propuestas teledirigidas como el Tsunami democrático no ayudan a avanzar en organización y la construcción de una nueva dirección.


Hay que organizarnos desde abajo, reconstruyendo y fortaleciendo los CDR que han sido los organismos más dinámicos que generó el octubre del 17. También hay que apostar por un movimiento estudiantil asambleario y en la calle que, como muchos momentos de la historia, tuvo un rol clave el 2017 con las huelgas y ocupaciones. Hay que volver a dar impulso a la Plataforma 3 de octubre, con las organizaciones sindicales, políticas y movimientos que convocamos aquella huelga general. Todo esto, en estos días, ha empezado a andar, pero falta más y más organización y objetivos políticos de lucha. Necesitamos un giro a la izquierda, hacia la clase obrera y a la gente trabajadora…«Ensanchar la base» no es abrir la puerta de más privatizaciones como prevé la Ley Aragonés. Si buena parte de la clase obrera ha estado ausente de la lucha por la república catalana ha sido porque la dirección del Procés -JxCat y ERC- es la misma que aplicó y mantiene brutales recortes de servicios públicos y privatizaciones, y porque los y las trabajadoras no tienen nada a ganar con la república que les ofrecen. Pero está claro que sin la clase trabajadora catalana no habrá república. Y sin un giro a la izquierda ésta no se implicará de manera decidida.

A la vez ganar la clase obrera por la República catalana es –por los orígenes de una buena parte de ella- el canal más directo para construir puentes de solidaridad con los y las trabajadoras y pueblos del resto del estado, que también sufren las consecuencias de este régimen heredero del franquismo, como queda claro con la condena a los jóvenes de Altsasu o la persecución a las compañeras del SAT. Y sin esta solidaridad el estado tiene las manos libres para golpear: estos días, lo hemos visto empezar a expresarse. Es esencial acompañar la lucha por la república catalana a la de todos los trabajadores/as y pueblos para acabar con el régimen monárquico del 78.

Construir movimiento y organización quiere decir avanzar una alternativa por la República catalana, romper con el estado y con un sistema capitalista que ha llevado la gente trabajadora a la miseria. Apostemos para qué CUP-CC sea motor de esta reorganización. Y por eso hace falta que emprenda un camino comprometido con el pueblo trabajador, sin concesiones al Gobierno catalán. Hay que avanzar en un reagrupamiento más amplio de fuerzas, que busque también en todo el estado una plataforma de movimientos y organizaciones anticapitalistas, contra la represión, por el derecho a la autodeterminación de los pueblos y contra la Monarquía. La candidatura CUP-Por la Ruptura (coalición de la cual formamos parte) a las elecciones del 10N es un paso en este reto de construir un referente político de clase y de ruptura necesario para tumbar el régimen.


Basta ya de represión. Fuera fuerzas de ocupación.

Buch y Marlaska dimisión
Amnistía presas políticas y archivo de todas las causas
Construyamos una alternativa de Izquierdas obrera y popular

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