Cárceles y coronavirus

Autor: Jesús Antonio Fernández Olmedo

El pacifista Jesús Antonio Fernández Olmedo, en el centro de la imagen.

Las cárceles del mundo, este extenso y fragmentado gulag, hoy hacen estragos. Hay países donde la mayoría de la población reclusa supera los 50 años, otros ancianos, y ni qué decir de la falta de salubridad e higiene de estas cárceles. Ésta hoy es una zona de alto riesgo.

No existe por tanto una atención sanitaria clara, otra parte de los reclusos, si no es por edad, tienen complicaciones de salud (hepatitis, sida, problemas de riñón , corazón, etc.) El estado es hoy el garante de crear en estos centros las medidas humanitarias mínimas. Ya lo sabe porque se le ha comunicado con avisos y campañas que se llevan haciendo en favor de la liberación de presos políticos y de mayores de 50 años.

El asunto de la salud en la cárcel es un asunto de salud pública, ya que, no solo afecta a los presos, sino también a los internos, funcionarios, personas y familiares que entran y salen. En algunos lugares, como Irlanda, Estados Unidos, Finlandia y Marruecos, ya se han tomado medidas: liberación de presos, suspender penas de prisión, etc. Si ha habido excarcelaciones por motivos de salud menores de senadores o diputados, yo me pregunto por qué no puede haber en otros casos.

En todo el mundo hay unos 10 millones de presos y en algunas cárceles no hay ni jabón para lavarse las manos. En otras el hacinamiento puede ser devastador ante este virus.  El coronavirus llama a tu puerta sin mirar tu cuenta corriente, tu nivel educativo o tu certificado de penales. Los gobiernos se deberían plantearse soltar a presos que realmente no representan una amenaza para la sociedad.

En muchos sitios, hay gente en cárceles a los que todavía ni siquiera se les ha juzgado. Igualmente es el caso de los Centros de Inmigrantes. Hemos implantado unos sistemas penitenciarios donde es mas fácil introducir droga que papel higiénico. Una mirada humana sobre esta situación necesitamos, una visión ampliamente reciclada, sin prejuicios, sin tirar la primera piedra, dejando de lado a nuestro juez-acompañante y, a partir de ahí, podremos cambiar las cosas.

* Jesús Antonio Fernández Olmedo es profesor, músico y activista.

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