Al que no tiene para comer poco le importa la guerra de Ucrania, el gas de Putin o las disparatadas medidas de ahorro energético de Von der Leyen, Borrell y otros altos funcionarios de la UE. Lo único que sabe es que si entra en un supermercado a duras penas podrá comprar media docena de huevos, un brick de leche y algo de verdura o pasta. Y a los que no les llega ni para eso aún lo tienen peor porque los Bancos de Alimentos -entidades que, aunque nos cueste admitirlo, solo sirven para perpetuar la miseria- ya han advertido que están en las últimas. El hecho es que España sufre una inflación superior al 10% desde hace varios meses y no hay visos de mejora. La gente lo que hace es buscarse la vida y así lo reflejan los datos del Ministerio de Interior que muestran como los hurtos han subido un 45% los últimos seis meses respecto al año anterior. Esto supone un notable incremento que sitúa al hurto como el delito más recurrente en el territorio nacional, con una notable diferencia frente al segundo de la lista, el robo en domicilios.

Desde los minoristas han advertido de una nueva tendencia dentro del hurto, ya que, mientras que los ladrones organizados o experimentados tienden a centrarse en los productos de alto valor que pueden vender -como el alcohol, las maquinillas de afeitar o los productos electrónicos-, el sector ha observado un notable aumento de clientes que roban artículos cotidianos de bajo valor, es decir, comida y otros productos de primera necesidad. Esta tendencia está llevando a los comercios a instalar dispositivos antihurto en productos básicos, pero con un alto índice de ser sustraídos. Si las cosas no mejoran, no sería extraño empezar a ver asaltos a supermercados. El hambre no perdona.

Hurtar para revender

Los analistas del sector minorista también han advertido que los niveles de hurto organizado han aumentado a nivel europeo. Hurtar para revender. Estas tendencias ya golpearon a la industria en épocas anteriores de austeridad y recesión económica, lo que supone una lectura sombría para los minoristas.

Esta situación ha empujado a los retailers a reforzar la seguridad para limitar los daños causados por las pérdidas en el comercio a través de un análisis exhaustivo de la protección de los productos de mayor hurto, así como en la formación de los dependientes (que casi pasan a ser guardas de seguridad) con el fin de aumentar la calidad de la misma.

La cesta de los 30 €

Consciente de lo que está sucediendo y temeroso a lo que está por venir, el Gobierno más progresista de la historia se las ingenia como puede para apaciguar las aguas. Su gran ocurrencia -de Yolanda Díaz, precisamente- ha sido pactar con multinacionales de la distribución (quienes controlan más del 70% del comercio de alimentos en España) una cesta de la compra con 30 artículos por 30 €. La sorpresa ha sido que dicha bolsa de alimentos no contiene ni leche, ni huevos, ni verduras variadas. Pero si bollería industrial y otras porquerías. Deprisa y corriendo, el ministerio de Consumo -Alberto Garzón- ha tenido que imprimir una recomendación para las multinacionales, en las que incluye productos de sentido común. De momento, al pequeño comercio ni se le ha consultado.

Durante la pandemia se escuchó decir a un director de periódico ultraliberal que si los miembros de este gobierno dependiese del sueldo de una empresa privada, no tendrían de que vivir. Desgraciadamente, estamos de acuerdo con ello.

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Este artículo ha sido redactado y/o validado por el equipo de redacción de Revista Rambla.

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