Àngel Ros, POUM y final

Autor: Jacobo Piñol

La oposición política de izquierdas en el ayuntamiento cuestiona el nuevo Plan Urbanístico de Lleida, elaborado por un equipo de gobierno escorado a la derecha y que podría estar viviendo sus últimas horas en el cargo
Ros lleva en el cargo desde que un álgido mes de diciembre de 2003 el también socialista Antoni Siurana le cediera la vara de mando (Jacobo Piñol)
Àngel Ros preside un pleno (Paeria.cat).

LLEIDA. A poco más de un año vista de las elecciones locales, previstas para el 9 de junio de 2019, la ciudad de Lleida se encuentra inmersa en la aprobación del nuevo Plan de Ordenación Urbanística Municipal (POUM) que ha de guiar el desarrollo social y económico las próximas dos décadas. Una perdida notable de confianza por parte de la ciudadanía y el giro a la derecha del actual alcalde, Àngel Ros, desvelan un posible cambio de gobierno en la Paeria después de 35 años de mandato socialista solamente interrumpido en la legislatura del 87 por el convergente Jaume Manuel Oronich.

Ros lleva en el cargo desde que un álgido mes de diciembre de 2003 el también socialista Antoni Siurana le cediera la vara de mando para comenzar una ineficaz carrera al frente de la consejería de Agricultura. Tras veintidós años parecía que se cerraba la etapa conocida como ‘siuranismo’, una época calificada por algunos como autócrata y grotesca. Pero nada más lejos de la realidad. Las mayorías absolutas en las elecciones de 2007 y 2011 instaurarían una nueva corriente arbitraria en la ciudad escondida tras un alcalde antaño militante del PSUC pero hoy más que conservador. El menosprecio intelectual sufrido desde entonces culminó paradójicamente con el descalabro del PSC en las elecciones de 2015: Àngel Ros perdía siete concejales, necesitando de un pacto con la oposición de derechas para conservar el cargo.

Efectivamente, el partido de Albert Rivera fue el elegido para investir a un alcalde que parecía deshauciado. A cambio, el paer en cap tuvo que mirar de reojo a la bancada de Ciudadanos antes de dar un paso en los temas de identidad nacional y catalanismo en general. La roja y gualda ondea exultante en el ayuntamiento, los apaleados del 1-O no tienen ni el más mínimo reconocimiento y el uso del catalán se ve ensombrecido en la administración local. Su última ocurrencia es la de querer aprobar un Plan Urbanístico casi por decretazo, sin que la oposición pueda estudiarlo y por la vía exprés. Por eso, Revista R@mbla, después de analizar el documento, ha querido conocer en profundidad la opinión de dos de los grupos municipales que más lo han cuestionado, ERC y el Comú de Lleida. Faltaría conocer la opinión de la Crida-CUP, que a pesar de nuestra petición no se han manifestado al respecto.

 El municipalismo en estado puro

Acostumbrado a recorrer las calles en bicicleta, perteneciente al tejido asociativo de la ciudad y surgido de la agrupación de electores El Comú (nada que ver con los ‘comunes’ de Colau), Sergi Talamonte es un de los dos concejales de la formación que está sacando los colores en esta legislatura al gobierno municipal. Talamonte es un tipo íntegro y cercano que conoce los problemas reales de la urbe porque precisamente ha surgido de las vísceras de la ciudad. Su formación aluza en la oscuridad. “Tenemos la obligación legal de denunciar todas y cada una de las irregularidades que detectemos. Lo ilegal sería que no lo hiciéramos”, asevera.

La agrupación a la que pertenece Talamonte, de carácter izquierdista y asamblearia, ha destapado una barbaridad de faltas e infracciones. “Hemos denunciado muchas cosas: contratos irregulares de funcionarios, tratos de favor a constructoras, multas que se olvidan y prescriben de concejales y personalidades, delitos medioambientales… Hemos ido a la fiscalía anticirrupción, a la oficina antifraude, al CGPJ, al Seprona… son tantas las cosas que se han hecho mal que podríamos hacer una lista casi interminable”, sentencia.

Sergi Talamonte es un de los dos concejales de la formación que está sacando los colores en esta legislatura al gobierno municipal (Jacobo Piñol)
Sergi Talamonte, del Comú de Lleida (Jacobo Piñol)

Mantenemos con Talamonte una charla distendida en una de las cafeterías de los porches del Eix Comercial desde donde se observa la fachada gótica de la Paeria que resiste impávida la entrada del nuevo milenio. La conversación no hace más que recordarnos el vasallaje al que está sujeto la ciudad de Lleida. La escusa para encontrarnos con el concejal del Comú no es otra que descubrir qué hay detrás del nuevo Plan Urbanístico, el cual ha descrito como “un vestido hecho a la medida de los intereses económicos”. Por eso, Talamonte afirma que “el POUM ha de definir el futuro de la ciudad en base al interés general y además tiene que hacerse con el máximo consenso, cosa que aquí no pasa”.

En este sentido, el concejal del Comú nos recuerda que en el nuevo POUM falta la memoria económica, lo que para él es “la piedra angular” porque “es obligatorio que el plan cuadre con el dinero que se va a invertir, en caso contrario la Generalitat lo tumbaría”. Otra de las lagunas del nuevo planeamiento urbanístico es la falta de memoria ambiental que “afecta de manera especial a la explicativa de como se estructuran las zonas verdes como l’Horta, la canalización del Riu Segre, etc. Hay un marco legal que debe cumplirse”. Para Talamonte “hay muchos defectos en este POUM, si me apuras te diría que prefiero el que tenemos, el de 1995, que ya es muy mejorable. Si lo que vas a hacer es empeorarlo sin aportar cosas nuevas, mejor no hagas nada”.

Una de las principales quejas de algunos partidos de la oposición es la celeridad con la que se quiere tramitar el POUM, aún sin disponer de toda la documentación. Los partidos lo recibieron la última semana del mes de diciembre y el ayuntamiento de la capital del Segrià quiere aprobarlo provisionalmente en el mes de abril y, de forma definitiva, antes del mes de febrero de 2019. “Es obvio que no quieren consensuarlo, no se nos dan los plazos mínimos para ello. Es imposible que en este tiempo leamos los documentos, los analicemos y hablemos con los actores sociales y económicos de la ciudad para enmendarlo”. Por este motivo Talamonte recuerda que “el POUM no es propiedad del gobierno municipal, es de la ciudad. Una vez aprobado es casi imposible modificarlo”. Asimismo, el concejal del Comú recalca la importancia del proyecto porque “hay miles de millones de euros en juego”.

En este sentido, Talamonte cree que la aprobación exprés del POUM responde a un interés preelectoral porque se quiere zanjar el debate sobre el modelo de ciudad antes de los comicios. “Si se lleva la campaña a intentar no hablar de la ciudad y tratar el tema identitario, que beneficiará a Ciudadanos, Ros aún puede sacarle algún rédito. Pero, si llevamos la campaña a hablar de la ciudad, desde luego que están absolutamente acabados. De ahí su prisa”.

Una de las bazas que usa el paer en cap para presentar el nuevo POUM es que Lleida será una ciudad más compacta, en la que se antepondría la rehabilitación del centro histórico. Por ejemplo, se primará a los constructores que edifiquen primero 1m2 en el centro histórico con 10m2 en sectores no consolidados, tratando de estimular la rehabilitación temprana de la zona antigua de la ciudad. Pero Talamonte no lo ve tan claro: “de compactación de la ciudad nada, se reservan miles de metros para sectores de suelo no consolidado que se podrán urbanizar antes de desarrollar el centro histórico. Hay constructoras que ya han adquirido inmuebles en el centro histórico y a la vez miles de metros de suelo no consolidado en las afueras.”.

Otro pronóstico del Plan es la construcción de entre 1200 y 1800 viviendas anuales con un porcentaje en torno al 40% de protección oficial conforme a la ley, pero “ni una de titularidad pública”, denuncia el regidor. “El ayuntamiento tiene herramientas para que haya vivienda de titularidad pública. Ahora mismo sólo tiene 500 pisos. La titularidad pública de la vivienda es imprescindible para poder equilibrar el mercado. En Francia, la media de viviendas de titularidad pública supera el 20% y, en Alemania llega al 30%. Aquí no llegamos ni al 1%”.

En el aspecto demográfico, el POUM de Lleida prevé que la ciudad crecerá entre 20 y 40 mil habitantes los próximos 15 años, llegando a alcanzar los 180.000 habitantes según la previsión más optimista. Al escuchar esta afirmación Talamonte nos interpela: “ahora mismo estamos en recesión endógena”. Y realmente es así, por eso nuestro entrevistado comenta que “esta previsión es necesaria para poder definir los nuevos sectores de expansión urbanística, es un argumento que permite la inclusión de nuevos sectores no consolidados”.

A nivel comercial, Talamonte indica que “a primera vista, el POUM dibuja una ciudad completamente fracturada, la Lleida que conocemos desaparecerá. Este Eix Comercial, que es el más largo de Europa al aire libre, lleno de pequeños comercios, será un desierto”. Según el edil, los proyectos de Carrefour (una nueva SUD de 92.000 m2 que suprime la antigua Área Residencial Estratégica), Eurofòrum en Torresalses o Gran Gardeny (junto a la zona de los institutos) significará derivar toda la actividad comercial a las afueras de la ciudad. “Tiendas, cafeterías, restaurantes, todo estará concentrado para que la gente de los pueblos de alrededor pueda comprar sin pasar por el centro”.

No obstante, Talamonte matiza: “no estamos en contra de los centros comerciales pero consideramos que fracturar la ciudad de este modo va en contra de los propios intereses”. En el caso de Gran Gardeny, Sergi Talamonte añade que “no es viable desde un punto de vista social, el último lugar donde no debe levantarse un centro comercial es junto a unos institutos. Los estudiantes deben centrarse en estudiar y no tener al lado un complejo lúdico”.

Otro agravio incluido en el nuevo POUM, del que nos habla el portavoz del Comú, es que “los tres grandes parques urbanos de la ciudad desaparecerán sin ningún tipo de justificación”. Estas zonas ahora verdes pasarían a ser suelo no consolidado (SNC) por lo que el ordenamiento urbanístico no quedaría definido y sería el promotor quien podría modificarlo sectorialmente presentando una propuesta de modificación de planeamiento. “Es el peor instrumento de planeamiento urbanístico que puedes incluir en un POUM porque es el promotor quien define la ordenación de las calles, de las plazas, etc. Si además te enteras que las constructoras han ido adquiriendo terrenos de estos parques urbanos, la cosa aún es mas fea”, añade. Uno de los instrumentos que ha usado el gobierno de Ros “para desviar la atención” es la construcción de una gran ronda verde que circunvale la ciudad. Se trata de un camino de unos ocho metros de ancho que, según el concejal, “es un desastre, es inviable económicamente porque supone la expropiación de terrenos, hasta nos lo han reconocido desde la misma concejalía de Urbanismo”.

Talamonte resume el pacto PSC-Ciudadanos con la siguiente reflexión: “Ros tenía que conservar la silla como fuese porque sabía que si se levantaba empezaría a salir el chapapote. Desde un punto de vista social está acabado. Tiene una red clientelar inmensa que ha tejido con dinero público. Gracias a esto y al apoyo de C’s ha podido mantenerse cuatro años más”.

Según el representante del Comú “Ros hubiera deseado gobernar con el PdeCat (como sucede en la Diputación y Consell Comarcal del Segrià) y mantener un pacto de silencio, pero Antoni Postius (cabeza de lista del PdeCat) no quiso, por lo que una ‘sociovergencia’ futura no la veo posible. La irrupción de gente como nosotros, que no nos callamos y que planteamos romper la baraja sin pactar con nadie, hace que aún lo tenga más difícil”.

Como decíamos, el Comú de Lleida es una agrupación de electores integrada por gente de la ciudad que forman parte de una asamblea. “No somos la sucursal de un partido; es el municipalismo en estado puro”, dice Talamonte. Su manifiesto fundacional se basa en el hartazgo de una política partidista y en proponer una alternativa política real. Y de ahí su mérito. Según el edil, a esta situación se llegó después que las dos legislaturas anteriores fuesen “una balsa de aceite, la oposición no hacía nada. Ros se inventó una burbuja de realidad virtual de la que no quiere salir”.

La última pirueta de Ros ha sido la incorporación al gobierno municipal de una concejal del PdeCat -edil de Unió en la coalición de CiU-, amparándose en el pacto electoral entre PSC y la formación de Ramon Espadaler (Units per Anvançar) para el 21D. Ros la ha nombrado responsable de la concejalía de Educació i Infància, A este respecto, Talamonte explica que “Ros cree que esto le beneficia, pero para mi es lo mejor que podía haber hecho porque así consigue tener aún más talante de cacique de la vieja escuela, con los tics más reaccionarios y más chungos de Siurana… un giro a la derecha claramente definido con la gente de Unió dentro del PSC”. Cuando preguntamos a Talamonte sobre qué opina que sucederá en las próximas elecciones responde sin titubear “tengo clarísimo que perderán”.

Finalizada la conversación, paseamos con Sergi por el Eix Comercial, momento en el que aprovechamos para estrechar lazos entre entrevistador y entrevistado. Hablar con él ha sido un auténtico placer, no solo por su honestidad, sino también por conocer a una persona que vive con pasión la defensa de los derechos de los ciudadanos. Nos despedimos en la calle Cardenal Remolins, principio o fin del Eix Comercial, según se mire…

La vuelta del republicanismo

A primera hora de la mañana, nos adentramos en la Paeria para reunirnos con el concejal de ERC-Avancem, Carles Vega, quien nos recibe aún con el casco de la moto en la mano en uno de los despachos que los grupos municipales tienen en la cuarta planta del edificio, una especie de gallinero desde donde se atisba la canalización del Riu Segre. Tras compartir con él un descafeinado de cápsula, entramos en materia. Vega, nacido en Flix (Ribera d’Ebre) en 1962, es catedrático de enseñanza secundaria, y ya había sido concejal de la Paeria en la última legislatura de Siurana. En años posteriores ostentó los cargos de director de los servicios territoriales de Ensenyament (2004-2006) y Acció Social i Ciutadania (2007-2010). En esta legislatura encabeza el grupo republicano formado por dos concejales más. La irrupción de ERC en los pasados comicios significó que el partido republicano recuperara protagonismo municipal porque en la legislatura 2011-2015 no obtuvo representación alguna, dejando la oposición huérfana de partidos de izquierda (CiU y PP se repartieron los 12 escaños de la oposición a partes iguales).

Los republicanos ya saben que es tratar con Ros. De hecho, en su primer mandato (2003-2007), el sucesor de Siurana heredó también el pacto de gobierno con ICV-ERC, a los que supo desgastar hábilmente hasta apartarlos del equipo de gobierno. En las siguientes elecciones Ros alcanzaba la mayoría absoluta y ERC perdía un concejal e ICV, dos. Con un grupo renovado de pies a cabeza, Carles Vega tiene la misión de que el republicanismo alcance un papel predominante.

Lo primero que nos dice Vega sobre el nuevo POUM es que “el gobierno municipal no nos otorga el tiempo necesario para analizarlo en profundidad”. En este sentido, el concejal republicano añade que “la metodología de aprobación no es la más indicada, con el tiempo que tenemos no existe la posibilidad de que alcancemos un consenso, no se puede establecer un diálogo abierto con los diferentes colectivos y lobbys de la ciudad para enmendarlo”. Por eso, el portavoz de ERC remata diciendo que “es un documento a gusto de los redactores urbanísticos y del equipo de gobierno”.

A esto hay que añadirle las lagunas que presenta el nuevo documento urbanístico. Según denuncia Vega “falta el plan de movilidad, el plan estratégico del Riu Segre, parte de los estudios comerciales, la ordenanza del paisaje es incompleta porque no se pauta como debe ser el aspecto del centro histórico, falta que se termine de aclarar la normativa urbanística, etc”. Por eso “para nosotros -dice- el POUM es un documento inacabado”.

Es chocante conocer por boca de uno de los concejales de la oposición los vacíos del Plan Urbanístico porque este es un documento en el que se comenzó a trabaja hace cuatro años pero parece que pocas cosas se han hecho para terminarlo debidamente. De modo que, Carles Vega subraya la desidia del equipo de gobierno y se pregunta “qué han hecho durante estos últimos cuatro años desde que se aprobara el avance del POUM”, paso previo a la puesta en marcha de la maquinaria municipal para la reconversión urbanística de la ciudad.

El POUM de Àngel Ros prevé que la ciudad de Lleida sufrirá un aumento demográfico de entre 20 y 40 mil habitantes en 15 años, una cifra que Vega la considera falaz a no ser que haya un aumento de natalidad insólito. Por eso, el edil republicano propone la concepción de un plan de desarrollo industrial “que contemple las estrategias de atracción y fijación de la población relacionadas con la creación de nuevos empleos”. De acuerdo con esto, Vega comenta que también faltaría “un estudio sociológico completo, que considere el modelo de población socio-económica que tendrá la ciudad”.

De hecho, saber cuál sería el poder adquisitivo o la capacidad de endeudamiento de las familias iría estrechamente ligado al tipo de vivienda que requerirán los ciudadanos de Lleida las dos próximas décadas. Y es que para el representante de ERC en el ayuntamiento “la vivienda social que contempla el POUM no es suficiente, especialmente porque muchas familias que hoy no están en el umbral de la pobreza puede que sí lo estén en unos años”. Asimismo, Vega dice que “la vivienda social debe ser digna y que la calidad de los materiales sea la idónea. Falta una previsión de como debe ser esta vivienda social”.

Carles Vega, quien nos recibe aún con el casco de la moto en la mano en uno de los despachos que los grupos municipales tienen en la cuarta planta del edificio, una especie de gallinero desde donde se avista la canalización del Riu Segre (Jacobo Piñol)
Carles Vega, presidente del grupo municipal ERC-Avancem (ERC)

El siguiente aspecto que nos disponemos a analizar con Carles Vega es el comercial, que lo resume del siguiente modo: “el actual POUM disemina el comercio”. Como decíamos, el planeamiento urbanístico contempla tres grandes zonas de crecimiento comercial en las afueras de la ciudad: Torresalses, Carrefour y Gran Gardeny, que según Vega, “podrían integrarse en la trama urbana, aprovechando espacios determinados como la que será la antigua estación de autobuses (la nueva se proyecta en el Pla de l’Estació), el edificio Hays, el propio Pla de l’Estació (donde se prevé otro centro comercial), entre otros”. Según esta estrategia “conseguiríamos un gran arco comercial urbano enlazado con la Zona Alta, donde el actual Eix Comercial sea el epicentro del mismo, evitando que los comercios lleguen a desaparecer”.

Uno de los proyectos comerciales que más polvareda está levantando es el de Carrefour (entre los barrios de la Bordeta y Cappont). Recordemos que Carrefour dispondría en propiedad de 92.000 m2, que servirían para que la empresa gala ocupe 55.000 m2 con un único establecimiento. El resto de la superficie, según explica Vega, “estará gestionada por una inmobiliaria del grupo francés, que gestionará la venta del terreno. Está previsto que se instalen cien establecimientos más de pequeño formato. Es probable que muchos comercios del centro se trasladen a esa zona”.

Por eso, el grupo municipal de ERC considera que Lleida “no necesita una capacidad comercial tan grande” y que “los estudios que se han hecho hasta el momento son incompletos”, porque “se basan en que la gente se va a comprar a Barcelona, Zaragoza, Tarragona, Andorra, etc., que al fin y al cabo es una actividad familiar de ocio y turismo que se seguirá produciendo”.

Está claro que tanto las previsiones demográficas, el aumento de oferta comercial y la tendencia hacia una sociedad más sostenible requieren de una Plan de Movilidad ambicioso. Y es en este aspecto donde ERC ha querido enfatizar la ausencia del mismo, que “lleva casi dos años de retraso y aún no se ha terminado”, dice el concejal. Igualmente, Vega apostilla que “una ciudad compacta requiere de un Plan de Movilidad que estructure las prioridades entre peatón y vehículo”. Según las posiciones del grupo republicano “se requiere una movilidad gradual, que signifique que a medida que te acercas al centro es prioritario el uso de trasporte público o medios de locomoción más silenciosos como la bicicleta. Nosotros ya propusimos la red de trasporte integrado en el entorno”.

La propuesta de ERC pasaba también por el aprovechamiento de las vías del ferrocarril de cercanías, creando diferentes apeaderos a lo largo de la ciudad. Esta medida parece que el gobierno local se la ha hecho suya presentándola como un nuevo ‘tranvía’, seguramente para llamar la atención del electorado ante las carencias que presenta el POUM en este campo. “Nosotros no quisimos llamarlo tranvía porque en realidad no lo es, no se trata de construir un tren que se mueva en superficie por las calles, solamente de aprovechar una infraestructura para mejorar la movilidad urbana de los ciudadanos”. La propuesta del gobierno municipal pasa por la construcción de cuatro apeaderos, uno menos de los que proponía ERC. “Falta una parada que dé servicio a los hospitales, al Instituto de Investigación Biomédica (IRB), al tanatorio, la prisión y a la facultad de agrónomos. Es una afluencia diaria de unas ocho mil personas que no se tiene en cuenta”, aclara Vega.

En cuánto a la cabriola que Ros ha dado, detentando a una concejal prófuga del PdeCat, Vega es tajante: “es un fraude democrático”. El regidor republicano añade que “desde el punto de vista del tránsfuga es inaceptable pero desde el punto de vista del que lo ‘compra’ es una operación desleal que denota la falta de ética. Si no quieres estar en tu grupo municipal lo que debes hacer es irte y no pasarte a otro grupo. La gente ha votado una lista y el acta de concejal no es de tu propiedad”. El munícipe de ERC recuerda que “todo esto sucede en el marco de un acuerdo entre partidos que rehúsa el transfuguismo, en el que se sostiene que un tránsfuga no se incorporará al equipo de gobierno ni se le darán atribuciones”.

Antes de terminar la entrevista le pedimos a Carles Vega que nos dé su opinión sobre Àngel Ros: “hace tiempo dejó de ser un alcalde carismático, desde la toma de posesión se empezó a forjar una figura que se ha situado en las posiciones de la derecha más españolista, buscando el apoyo de Ciudadanos y PP”. Lamentándolo mucho la charla finaliza cuando la jefa de prensa requiere a Carles Vega para una reunión. Esperamos reencontrarnos con él en alguna otra ocasión para seguir desgranando la verdadera idiosincrasia de la Paeria de Lleida.

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