29 noviembre, 2021

Ana Orantes. Víctima uno

1997. Ana Orantes llega desde Cúllar Vega (Granada) al plató de la televisión autonómica de Andalucía, para contar su historia. El programa es uno de esos que los postmodernos cuarentones rechazamos por casi indignos, mediocres y por insultar nuestro cultivado intelecto sibarita, pero que nos entretiene a los padres que apenas visitamos de lunes a viernes de cuatro a ocho de la tarde.

Relata con una frialdad que da miedo, palizas, vejaciones y hasta violaciones en presencia de su hija, que la escucha y arropa entre el público. Expone además de los malos tratos infligidos por su marido, la ignorancia de la familia de éste, de la suya propia, de los vecinos, de la justicia y de las administraciones, durante cuarenta años de matrimonio. Cuando Ana se casó, el Código Civil decía entre otras lindeces: El marido debe proteger a la mujer y ésta debe obedecer al marido. Etc, etc…

Un juez la obligó a compartir la casa con su verdugo cuando se separó y Ana se temía lo peor. Lo peor sucedió trece días después, cuando su exmarido la ató a una silla, la roció con gasolina y la quemó viva. Miles de mujeres que como Ana, tenían que “aguantar” al marido, porque para eso se habían casado y miles a día de hoy, normalizan el comportamiento hasta el punto de morir y no constar denuncia.

El año 2000 y a raíz del asesinato de Ana, se crea el Servicio de Atención a la Violencia Doméstica y empiezan a contabilizarse los casos y las víctimas. Ana utilizó su último recurso, gritó cuando ya sabía que su grito sería ahogado y lo hizo por ella y por todas las demás.

Hoy, veinticuatro años después, se sigue juzgando a la que sale en televisión gritando su drama, que es el de miles y algunos, siguen atizando a la víctima por haber cobrado, por no ser la plataforma correcta, por llorar demasiado, por no tener sentencia favorable, agarrándose a un clavo ardiendo, no hay más ciego que el que no quiere ver… ruido, mucho ruido para despistar. Los más conservadores siguen sin querer soltar el patriarcado, siguen negando esta realidad de muchas mujeres de todos los colores y formas (¿o qué pensaban? ¿que solo les pegan a las pobres?).

La violencia de género (sí, de género, no familiar, de género), la sufren juezas, médicas y amas de casa, no hay patrón y la siguen negando en los juzgados, en los medios de comunicación y por ende, parte de la población. Carmen Ordóñez Dominguín hace veinte años, según sentencia “ No cumple el perfil de una mujer maltratada”, Rocío Carrasco Mohedano hace cinco le sobreseen su caso por “falta de pruebas” y a mi amiga Bea hace dos lo archivan por ser la palabra de uno contra la de otro… No confundamos, no desviemos. Las víctimas están señalando la luna y se empeñan en mirar el dedo. Sí, el fin justifica los medios.

Acerca del autor

Rocío López

Redactora de Sociedad en Revista Rambla.

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