Una docena de personas del colectivo «Silenci, plantem cara» han irrumpido en la sesión de control del gobierno catalán, este miércoles por la mañana en el Parlament. Los manifestantes han entrado al hemiciclo desde la tribuna de invitados y han bajado hasta la Mesa.

Llevaban pancartas criticando la clase política, con lemas como «estamos hartos de vuestras miserias» o «Ni representantes ni legisladores, solo sois unos vividores». Han recibido aplausos de los diputados de la CUP. La presidenta del Parlament, Laura Borràs, ha tenido que parar el pleno unos minutos. Ella misma y la vicepresidenta primera de la mesa, Alba Vergés, han hablado unos instantes con los activistas hasta que, pacíficamente, han abandonado el hemiciclo.

Pero la protesta de este colectivo no es flor de un día. Desde el 3 de noviembre se manifiestan cada día a las puertas del Parlament, de lunes a viernes. Decepcionados con el proceso independentista, están contra la partitocracia, acusan a los políticos de no ser fieles al mandato del pueblo y reclaman que escuchen más a la ciudadanía. Son unas veinte personas, la mayoría jubiladas, que pertenecen a sectores profesionales diversos.

Decidieron interpelar directamente a los políticos hasta incomodarlos para reflejar -dicen- el pensamiento compartido entre muchos ciudadanos. Se inspiran en la desobediencia civil y la lucha no violenta. Tienen como referente las acciones de protesta de Lluís Maria Xirinacs. Reclaman invertir los términos, que quién tenga protagonismo sea la ciudadanía y no la clase política.

En el Parlament celebran cada día media hora de silencio. Parados, hacía semanas que exhibían las proclamas de cara a la Cámara mientras, dentro, despertaban un interés relativo, como si fueran un elemento más del paisaje. Este miércoles, sin embargo, han conseguido que se les escuchara interrumpiendo el pleno.

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