13 junio, 2021

8M 2021 ¡En la huelga y en la calle para defender a las mujeres trabajadoras!

Este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, no podemos callar ni quedarnos en casa. Todas las discriminaciones y violencias que nos ahogan cada día se han agravado enormemente con la pandemia. Vivimos una situación de emergencia sanitaria, social y de derechos, que el capitalismo y el patriarcado nos quieren hacer pagar doblemente, como mujeres y como trabajadoras.

No es casual ni «natural» que las mujeres seamos mayoría en los trabajos que, ahora más que nunca, se han demostrado esenciales: trabajadoras del hogar, gerocultoras, auxiliares, enfermeras, cajeras, trabajadoras de la limpieza, jornaleras, trabajadoras de los servicios sociales y de la educación. El trabajo por la vida tiene nombre de mujer. Y la precariedad también.

Las mujeres nos dejamos la piel cada día en la primera línea y también somos las más golpeadas por una crisis económica que viene de lejos y que se agrava: más paro (representamos el 39% de la fuerza de trabajo y somos el 54% de quienes han perdido el trabajo), más precariedad (más subcontratación, más trabajo temporal y jornadas a tiempo parcial, más trabajo clandestino), discriminación salarial (22,2% en Catalunya) y en las pensiones (con una brecha de hasta el 35% según la Seguridad Social). Además, las tareas de cuidados y del hogar, aumentadas por el teletrabajo, continúan cayendo mayoritariamente sobre nuestras espaldas, por la falta de servicios públicos para atender a nuestras criaturas, nuestros mayores y nuestras personas enfermas.

En el estado español el gobierno PSOE-UP -que se autodenomina con soberbia «el más progresista de la historia»-, igual que el gobierno de la Generalitat de ERC y JxCat, han afrontado la pandemia sin poner la vida en el centro ni hacer nada por los más vulnerables. Han priorizado rescatar la patronal pagando los ERTEs hasta en empresas con beneficios, sin garantizar que no hubiera despidos. Ni siquiera cuando nos confinan detienen los desahucios, que afectan mayoritariamente mujeres y niños, y llegan al punto de destrozar las pertenencias y la vida de una abuela de 94 años “erróneamente desahuciada”.

No han revertido los recortes ni las privatizaciones en la sanidad pública, ni han intervenido la privada, no han derogado como prometían la reforma laboral para frenar precariedad y despidos, no han reforzado la escuela pública ni los servicios sociales como era urgente. Son las trabajadoras de los servicios públicos -en la sanidad, la educación, los servicios sociales y la atención domiciliaria- las que sin ninguna ayuda institucional llevan un año luchando contra el virus y su impacto social. Como dicen las trabajadoras sanitarias que han convocado huelga el 10 de marzo: «Hemos trabajado. Hemos sufrido. Hemos enfermado. #Estemfartes –Estamos hartas-“. Es necesario un plan de choque social para hacer frente a la crisis actual: dinero hay, hay que dejar de financiar a la Monarquía y la Iglesia, reducir el gasto militar y dejar de pagar la deuda, para poner todo ello al servicio de las necesidades sociales.

No falta dinero en cambio para la policía o el ejército: conscientes de que el choque social está llegando, se arman contra nosotros. Una represión, que deriva hacia un estado cada vez más policial, abusando de la ley mordaza del PP (que habían prometido derogar), reprimiendo las protestas como hemos visto en los últimos días en Catalunya, en Madrid o València. Una represión que golpea también al movimiento feminista, como el caso de las compañeras de 8MilMotius, que se enfrentan a una condena de tres años de prisión por una acción el 8-M de 2018. Contra la criminalización de las manifestaciones que nos quiere imponer el gobierno, la derecha y la ultraderecha en nombre de la pandemia, respondemos que si salimos a las calles este 8-M es precisamente para cuidarnos: porque es imprescindible acabar con estas políticas criminales.

Este gobierno tan «progresista» tampoco ha sido capaz de una medida tan básica como la regularización de todos los migrantes sin papeles, lanzados a la marginalidad como carne de cañón de la sobreexplotación y la esclavitud del siglo XXI. Ni siquiera se garantiza a todas la asistencia sanitaria en plena pandemia, porque muchos ayuntamientos siguen poniendo trabas al empadronamiento. Las migrantes deben estar para sacar las castañas del fuego en el momento más difícil -como en las residencias de ancianos-, pero sus derechos siguen sistemáticamente negados.

La crisis económica, el racismo institucional y la militarización dan alas a la ultraderecha. Vox es un partido del régimen creado desde la alta burguesía, la guardia civil y los militares. Pero el discurso identitario españolista, anti-catalán, machista y xenófobo empieza a hacer pie en los barrios más empobrecidos, donde se impone la desesperación y la falta de una alternativa.

El abordaje militar y policial de la pandemia, con confinamientos y toques de queda han agravado aún más las diversas formas de violencias machistas y patriarcales que padecemos. Muchísimas se han visto confinadas con su agresor con una exposición aún mayor al control sobre su cuerpo y su vida. O han pasado miedo -y sufrido agresiones- yendo y viniendo del trabajo con toques de queda que dejan las calles totalmente vacías. Las llamadas a los servicios de atención se han disparado, pero tampoco ha habido una respuesta pública reforzando los servicios de ayuda a mujeres maltratadas -sobrecargados de trabajo, con precariedad laboral y externalizados- para atender este incremento de violencia machista.

Hemos visto también vulnerados y relegados nuestros derechos sexuales y reproductivos con un sistema sanitario público colapsado por las privatizaciones, recortes y falta de recursos, que se ha debido dedicar exclusivamente a hacer frente a la pandemia. Tanto es así, que en Catalunya se han duplicado los casos de aborto por fuera de los CAPs. Además, aún hoy, miles de compañeras ven negado el acceso a la salud (en particular la sexual y reproductiva), con un silencio del Govern y del Parlament ante la exigencia de reglamentación y modificación de la «llei d’universalització de l’atenció sanitària» que hacemos desde la Campanya pel dret a l’Avortament i la Sanitat Universal a Catalunya.

No callamos ni callaremos

A pesar de todas las dificultades de la pandemia, las mujeres hemos seguido luchando en todas partes. Las redes solidarias han sido claves para muchas familias en los barrios. La lucha de las compañeras del Servicio de Atención Domiciliaria reivindicando la municipalización al Ayuntamiento de Ada Colau, también las de las educadoras de calle (¡¡que finalmente han ganado!!)… hasta las Técnicas de Educación Infantil saliendo a la huelga, marcan el camino. Y ahora debe comenzar la lucha contra los 3.000 despidos previstos en El Corte Inglés, los más de 300 de Robert Bosch de Lliçà d’Amunt … Debemos organizarnos en nuestros centros de trabajo, de estudio y en los barrios y movilizarnos. Nadie lo hará por nosotras. Nuestras vidas han de pasar por delante de sus beneficios. Porque nuestros derechos no pueden esperar más, porque no dejaremos que nos los quiten, porque nuestras reivindicaciones son urgentes, y porque es con la organización y la movilización como hemos avanzado a lo largo de la historia. Y porque nos va la vida.

Este 8-M iremos a la huelga y a la calle para reivindicar:

– Derogación de las reformas laborales y de pensiones. Ni Pacto de Toledo ni ley de extranjería

– Trabajo y prestaciones sociales que garanticen una vida digna y derechos laborales y sociales para todas las trabajadoras. Igual trabajo igual salario. Basta precariedad y despidos. Sueldos y pensiones públicas, dignas

– Regularización de todas las compañeras migradas y fin de la violencia policial en las fronteras.

– Contra las privatizaciones y externalizaciones, por la recuperación de los servicios públicos. Red única de educación pública, laica, inclusiva, gratuita y con perspectiva feminista.

– Políticas públicas de vivienda que detengan definitivamente los desahucios, amplíen el parque público y social de la vivienda y que erradique la especulación inmobiliaria y el incumplimiento de la función social de la vivienda.

– Recursos para prevenir y erradicar todas las violencias machistas

– Contra las agresiones LGBTIfóbicas, por la autodefensa feminista contra la justicia patriarcal heredera del franquismo

– Por la separación de la Iglesia del Estado

– Aborto libre, gratuito y universal en la red pública. Por los derechos sexuales y reproductivos y una educación sexual, pública integral.

– Derogación de la ley mordaza. Libertad de las presas políticas, libre retorno de las exiliadas y cancelación de todas las causas abiertas en torno a las movilizaciones por el derecho a la autodeterminación.

¡Por una salida de clase y feminista a la crisis!

¡Viva la lucha feminista!