17A: Dosieres ‘fantasma’, denuncias anónimas, filtraciones interesadas y errores varios

Autor: Carlos E. Bayo

atentados de barcelona
Carlos E. Bayo

La maquinaria puesta en marcha por los servicios secretos para desacreditar la exclusiva de Público sobre las relaciones entre el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y Abdelbaki es Satty, cerebro de los atentados de Las Ramblas y Cambrils, culminó el pasado domingo con la difusión –a través de La Vanguardia– de la denuncia anónima inicial que (sumada a otros indicios) movió a este diario a iniciar la larga investigación que culminó, casi un año más tarde, en la publicación de la serie de revelaciones titulada “La verdad sobre el imán de Ripoll”.

La argumentación, esta vez, para despreciar de un plumazo la totalidad de lo publicado –y, de paso, difamar a su autor acusándolo de no haber hecho más que “copiar y pegar” un documento sin contrastar– se basa en que esa denuncia anónima –a la que se denomina “dosier fantasma”– coincide en muchos puntos con lo que sostiene Público. No sólo se da por descontado que ninguno de esos extremos ha sido verificado periodísticamente con otras fuentes –pese a que LV es uno de los medios que no se han puesto en contacto con el autor para contrastar esa tesis–, sino que incluso se omiten premeditadamente los numerosos materiales, testimonios, fuentes y hechos presentados a lo largo de la exclusiva que ni siquiera se mencionan en aquella denuncia anónima.

Por supuesto, este diario mantiene la validez de su investigación periodística porque esa denuncia anónima fue contrastada punto por punto a lo largo de muchos meses y sólo se incluyó en la serie de exclusivas lo que se pudo verificar como cierto mediante la consulta con fuentes diversas, tanto policiales como de la investigación, pero sobre todo de la inteligencia puesto que se trataba de comprobar que el imán de Ripoll fue hasta el último momento confidente del CNI, al que facilitó muchos datos de los jóvenes yihadistas de su célula para fingir que colaboraba como informante. Así que nunca aceptamos, en absoluto, la versión de ese escrito sin cotejar exhaustivamente los datos con fuentes humanas conocedoras de los hechos.

No obstante, claro que se acabó cometiendo algún error –algo casi imposible de evitar totalmente en una investigación sobre las actividades del CNI–, que aquí admitiremos. Por ejemplo, para comprobar que era cierta la denuncia de que se descubrió en Alcanar la existencia de un “buzón muerto” como el que se emplea para las comunicaciones secretas de las agencias de inteligencia y con ciertos confidentes de alto nivel, se consultó con fuentes de la investigación policial que confirmaron el hallazgo de la nota manuscrita entre las ruinas. También corroboraron el contenido de los dos borradores en la cuenta de mail asociada, así que se dio por buena la información sin verificar también que coincidiera el password asociado a la cuenta, ya que lo sustancial era que ese buzón muerto existió y estaba activo en junio de 2017. Craso error: la clave estaba mal transcrita.

Pero aún se cayó en otro error que no ha sido detectado –hasta el momento de redactar este artículo– por los que se esfuerzan en desacreditar todo el trabajo realizado: el móvil de Younes Abouyaaqoub no fue hallado junto a su cadáver, como creyó entender el periodista cuando otra fuente policial distinta le explicó el detalle de las llamadas recibidas en ese número de teléfono durante su larga huida por el macizo del Garraf tras asesinar a 14 personas en Barcelona. La realidad es que ese aparato nunca ha sido hallado y fue otro error del reportero dar por supuesto que aquel recuento de llamadas –incluida una, a medianoche de aquel mismo fatídico 17 de agosto, efectuada por el secretario de la comunidad islámica Annour de Ripoll, Hammou Minhaj– correspondía a la lista que se encontró en el aparato, cuando había sido facilitado por la compañía telefónica porque la terminal sigue desaparecida.

Sin embargo, y pese a esos u otros fallos, el desarrollo de la investigación periodística fue minuciosa con la finalidad de verificar las tesis de una denuncia anónima, algo que los reporteros suelen hacer en esos casos. Sorprende que, si es cierto lo que afirma La Vanguardia de que ese “informe fantasma se puso en circulación hace ya varios meses”, los “otros medios” que lo vieron simplemente “declinaron publicar”, sin tratar de averiguar su posible veracidad, al menos sobre algunos extremos. Aunque aún es más raro que, si había estado antes “en circulación”, se tardase casi un mes en descubrir que el hilo argumental de la exclusiva de Público coincidía con ese documento.

En cuanto a las varias citas reproducidas de esa denuncia anónima, corresponden a los párrafos que fueron confirmados en su literalidad por distintas fuentes consultadas, incluidos inspectores y comisarios que la estudiaron y estimaron que parecía producida por algún o algunos analistas con formación en investigación policial o de inteligencia.

En cualquier caso, lo que se fue descubriendo durante esas pesquisas no sólo corroboraba en gran parte los argumentos del documento anónimo, sino que acabó acumulando un nutrido cuerpo de testimonios y de otras pruebas, facilitadas por fuentes de inteligencia que no sólo decían haber visto o disponer de los originales completos citados allí parcialmente sino que sumaron muchos otros materiales que reforzaban aquellas conclusiones. Más aún, incluso afirmaban conocer de primera mano que aquello era cierto y, para demostrarlo, aportaron nuevos datos y documentos.

Para resumir, presentamos a continuación una síntesis de los materiales y fuentes que este diario ha publicado en los sucesivos capítulos de la exclusiva y que NO figuran ni por asomo en aquella denuncia anónima inicial… sólo la confirman:

1.– Público reprodujo el 18 de julio último el informe reservado del CNI sobre la estancia de Es Satty en Bélgica entre enero y abril de 2016 para pedir trabajo en la mezquita Youssef de Diegem; viaje que es citado con varios errores por el informe de la Guardia Civil reproducido en parte por LV. Esa estancia provocó la consulta sobre Es Satty de la Policía belga directamente a los Mossos, que no hallaron sus antecedentes yihadistas registrados en España en 2005-06 (caso Chacal) y 2010-2014 (en prisión). También reprodujimos los detalles aportados por el CNI sobre cómo y quién reservó los vuelos Amberes-Barcelona-Amberes del viaje relámpago que hizo Es Satty en ese periodo (31/01-03/02/2016), aportando los teléfonos y mails con los que se efectuó la compra de los billetes.

2.– El 30 de julio, Público reprodujo los datos ofrecidos por el CNI del viaje de Es Satty a Bélgica en marzo de 2017 (Girona-Charleroi-Girona), en el que visitó las mezquitas de Zaventem, Diegem y Vilvoorde, y que los investigadores consideran ahora que aceleró la planificación de atentados en Barcelona. Este informe del CNI incluye el número del teléfono belga que empleó en sus comunicaciones locales, así como el número de identidad y los teléfonos de Abdelkarim Aaissi, en cuyo domicilio se hospedó. Ese fue otro viaje relámpago en el que visitó en sólo dos días los tres centros neurálgicos de la red yihadista en Europa, con una actividad frenética que debería haber hecho saltar todas las alarmas:

3.– Ese mismo 30 de julio, Público reveló el informe completo del CNI sobre toda la trama yihadista de las tres mezquitas belgas en las que se apoyaba el imán de Ripoll, con el repaso de todos los teléfonos, números de identidad y otros datos personales de los líderes salafistas y el examen de todos los integrantes de la extensa familia Aquichouh, “de origen marroquí e ideología radical, que ostentan cargos de responsabilidad en varias mezquitas ubicadas en el noreste de Bruselas, todas ellas de corte extremista”, con los que se relacionaba Es Satty:

4.– El 16 de julio, Público ofreció el informe completo del CNI sobre el viaje a París de Omar Hichamy y Younes Abouyaaqoub (11-12/08/2017) con todos los detalles de su estancia y actividades, precisando hechos como que pagaron en efectivo la factura del hotel B&B de Malakoff en el que se alojaron.

5.– De ese informe destacamos el hecho más que notable de que el CNI conociese las identidades falsas con las que compraron en un estanco sendas tarjetas SIM prepago francesas, así como el día y momento exactos en que fueron activadas, cerca de la frontera con España: una de ellas, sólo dos días antes de la matanza de Las Ramblas cometida por Abouyaaqoub:

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6.– Público reprodujo el 15 de julio (arranque de la exclusiva), el informe del CNI sobre los viajes de Hichamy y Aalla a Suiza y Alemania (18-20/12/2016) y de Hichamy, Aalla y Abouyaaqoub a Francia y Bélgica (25-28/12/2016). En el primero, el CNI sabía que planeaban comprarse en Freiburg un Subaru Impreza de segunda mano, pero finalmente no lo hicieron, así que no tenían reservado el trayecto de vuelta (habían volado Barcelona-Basilea y luego fueron en autobús hasta Freiburg), de forma que tuvieron que improvisar el regreso por Zurich para coger allí un vuelo a Barcelona:

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Además de todas estas pruebas documentales (cuyo contenido es rigurosamente exacto en todos y cada uno de los datos, cifras y detalles que exponen), NINGUNA de las cuales figura en la denuncia anónima de la que nos acusan haber copiado la totalidad de la información aportada en la exclusiva, Público también ha difundido las siguientes revelaciones, procedentes de fuentes de inteligencia y de testigos de los hechos, que TAMPOCO están incluidas en el supuesto “dosier fantasma”:

7.– Público reveló el 17 de julio que se ocultaron los antecedentes de Es Satty para que no tuvieran acceso a ellos los Mossos cuando los responsables de la comunidad islámica en Ripoll fueron a preguntar a las fuerzas de seguridad por el historial de quien solicitaba el empleo de imán y la residencia en la localidad. Según nos aseguró el propio Alí Yassine, presidente de la Comunidad Islámica Annour, estos dirigentes musulmanes consultaron tanto a los Mossos d’Esquadra como a la Guardia Civil y en ambos casos recibieron la respuesta de que no había antecedente negativo ninguno de quien iba a dirigir las oraciones de los fieles. Además, un tercer cuerpo de Seguridad del Estado, la Policía Nacional, envió agentes al oratorio de Ripoll en tres ocasiones a preguntar por el imán, según testificó el secretario de Annour, Hamid Barbach, ante la Comisión de Investigación del Parlament de Catalunya. No puede caber ninguna duda de que si cualquiera de estas tres fuerzas hubieran tenido constancia de los antecedentes yihadistas y de la condena en prisión por narcotráfico de Es Satty, habrían advertido a los líderes de la comunidad musulmana de Ripoll. Todo ello nos confirmó la información de nuestra fuente de inteligencia de que durante el proceso de contratación y empadronamiento del imán en Ripoll se mantuvo oculto su historial para que fuera aceptado por los líderes islámicos locales (como era necesario para darle cobertura de confidente). Dirigentes musulmanes que, por cierto, quedaron luego sorprendidos por la incesante actividad proselitista de Es Satty, quien no mantenía un trato distante con los feligreses sino una poco habitual relación de cercanía, atreviéndose a darles consejos personales y a mediar en problemas familiares.

8.– Finalmente (por el momento), Público desveló el 30 de julio que el CNI destinó al extranjero tras los atentados a sus dos controladores del imán de Ripoll: el que lo llevaba desde Madrid, a un país latinoamericano; y el responsable en Girona, a una remota nación africana. En ese mismo artículo, la fuente protegida de este diario explicaba que los informes reservados del CNI aportados a los investigadores (y desvelados por este diario) “obviaron los datos que se podían obtener directamente” del análisis de los teléfonos móviles recuperados tras los atentados porque “todos los cuerpos policiales tuvieron acceso desde el minuto 1 al clonado de todos los dispositivos que se hizo en la Unidad Operativa de Información de los Mossos”. Además, el servicio secreto “no tuvo acceso físico a esos aparatos, puesto que ya estaban a disposición judicial». Por tanto, su conocimiento de los detalles que se narran en sus informes no parte de la reconstrucción a posteriori de los datos de geolocalización y de las llamadas almacenadas en esos dispositivos.

En fin, todo lo que acabamos de resumir aquí procede de la larga investigación periodística acometida por este diario y queda más que claro que no se limitó a copiar un documento sin verificarlo, sino que precisamente se dedicó a contrastar, comprobar y obtener materiales y fuentes que confirmasen –o desmintiesen– lo expuesto en aquella denuncia anónima… como es el deber de los periodistas. E insistimos en que el fundamento principal de la exclusiva no es ningún documento ni escrito, sino las revelaciones confiadas por fuentes que piden guardar el anonimato porque corren peligro si son identificadas, de cuya autenticidad y fiabilidad Público también ha realizado exhaustivas comprobaciones

Y lo que sorprende es el empeño mostrado por algunos medios, no en averiguar la verdad de lo ocurrido, sino en exculpar al servicio secreto español de todo fallo o negligencia –que, en definitiva, es lo que se pretende denunciar aquí–, utilizando para ello filtraciones claramente interesadas de documentación –sea anónima o de la Guardia Civil– que parecen no necesitar comprobar para darlas por falsas o auténticas en su totalidad.

*Artículo publicado originalmente en Publico.es

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