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Ocio Viajes 2.500.000 REMACHES

2.500.000 REMACHES

 

 

 

 

Josep Lluís Nicolás

 

 

Dos millones y medio de remaches metálicos de hierro colado unen sólidamente 18.038 distintas piezas del mismo material hasta una altura de 324 metros sobre el nivel del suelo, contando las antenas. Habría que añadir 33,5 metros más para equiparar la altura respecto al nivel del mar. Todas esas piezas suponen un peso de 10.100 toneladas, de las que 7.300 corresponden a la estructura metálica, ejerciendo una presión sobre la base de 45 quilogramos por centímetro cuadrado. 50 ingenieros realizaron a lo largo de dos años 5.300 planos y esquemas del conjunto, el cual se empezó a construir un 28 de enero de 1887 para inaugurarse un 31 de marzo de 1889, así que 500 obreros, 250 de ellos, la mitad, contratados subsidiariamente por los distintos concesionarios de la obra, tardaron dos años, dos meses y cinco días en finalizar el trabajo. En ese momento fue la construcción más elevada del mundo, titulo que solamente conservó 4 decenios, cuando en 1930 el neoyorquino Chrysler Building lo superó.

 

Pero ese momento no había llegado cuando se empezaron a acumular los 236.000.000 de visitantes que lo empezaron a admirar y/o ascender desde la Exposición Universal, que celebraba el primer centenario de la Revolución Francesa y que ya en ese momento recogió una afluencia de 1.896.987 visitantes. Con el tiempo el monumento del distrito 7º y anclaje de 120 antenas de comunicaciones, se ha convertido en el 9º lugar más visitado de Francia. En 2010, 6.612.000 visitantes lo recorrieron, aunque fueron 210.374 menos que en 2007 cuando 6.822.374 personas pagaron para visitarlo, lo que lo convierte en el monumento de pago más visitado en el mundo. 5 ascensores recorren anualmente arriba y abajo 103.000 quilómetros, dos veces y media la vuelta al planeta. Cada 7 años 60 toneladas de pintura se aplican sobre 250.000 metros cuadrados de metal expuesto a  la corrosión.

 

Para la celebración del milenio, el segundo concretamente, se instalaron 20.000 puntos de luz que parpadearon durante 10 minutos un par de veces al día. Para que eso fuera posible, durante tres meses, estuvieron trabajando 20 alpinistas que emplearon 60.000 bridas de plástico para sujetar 30 quilómetros de cableado eléctrico.

 

Cualquier día, exactamente a las 11 horas, 23 minutos y 32 segundos, es posible que este sucediendo que dos jóvenes ucranianas, distantes 2.028,84 quilómetros de su hogar en Verbolozna Ulitza en Kiev, asomen a los 276,13 metros de altura a que esta situado el tercer piso, 309,63 metros si tenemos en cuenta la diferencia de la ciudad respecto al nivel del mar, observando, a 5.554 metros hacia el noroeste, los rascacielos del barrio de negocios de la Défense, tras el Bois de Boulogne, al final de la avenida Charles de Gaulle. 27 metros más abajo una paloma apoyada sobre un listón metálico defeca plácidamente sin importarle en absoluto que en el segundo piso un jubilado alemán con domicilio fijo en el municipio de Bielefeld, al oeste de la República Federal Alemana, a medio camino entre Hannover y Münster, en pose de tomar una instantánea con su compacta digital, reciba sobre su hombro derecho la descarga de guano. Solo su mujer, apellidada de soltera Heimberg, percibe la salpicadura del impacto, una parte del cual alcanza su bolso ocre claro comprado 17 horas y 13 minutos antes en un distinguido establecimiento de la ciudad. 22 metros y quince centímetros a su izquierda, junto al corredor, una pareja de argentinos, porteños a juzgar por el acento, repasan con ostensibles gestos de desagrado los paneles de información sobre la torre. 58 metros y diez centímetros bajo ellos Valerie, cómodamente sentada en el Pavillon Ferrié, con una noisette sobre su mesa, toma notas mientras sostiene su teléfono móvil apoyado en su oreja izquierda. Es diestra. Al otro extremo, Philippe, desde su apartamento en el séptimo piso del Boulevard National, en La Garenne-Colombe, en la banlieu entre Neully-sur-Seine y Nanterre, le informa sobre los últimos acontecimientos relacionados con el hijo de ambos. Esta preparando su comida, una deliciosa papilla de verduras con zanahoria. Si quisiera Valerie podría levantarse y desde el mirador del primer piso, a 57,63 metros del suelo y a 91,13 sobre el nivel del mar, fruncir el cejo para concentrar la mirada sobre el lejano bloque de pisos, en realidad a 6.353 metros y 76 centímetros, donde se halla su interlocutor. Descendiendo por uno de sus 4 pilares de sustentación, sobre cuatro de los 1.665 escalones que enlazan los distintos vericuetos del monumento, una madre belga y su hijo adolescente dan por finalizada la visita. Ella musita en voz baja lo cansada que está y calcula el tiempo que pueden tardar en alcanzar alguno de los puestos de salchichas que se reparten la clientela a poca distancia, concretamente 25 metros y 22 centímetros, de la proyección de la sombra de la estructura a orillas del Sena. Allí pedirán dos Bratswurts, una ración de frites, una bebida de cola y un agua mineral con gas a temperatura ambiente, por todo lo cual le pedirán 14 euros con 15 céntimos, precio que considerara desorbitado a pesar de encontrarse en plena reserva turística de la Cité Lumière. En la base, 983 personas se reparten entre los soleados espacios que se dividen con la sombra de la construcción. 535 participan en alguna de las colas que se forman para tomar el ascensor hasta la primera, la segunda o la tercera planta, adquirir las entradas para ascender a pie, opción más económica, o pedir un refresco. De las otras 448, 62 están dudando sobre que cola seguir, 73 toman fotografías doblando la nuca hacia atrás o sugiriendo ridículas posturas a su infeliz acompañante, 47 están sentadas lamiendo un helado de cucurucho. Las 240 restantes simplemente deambulan, incluso algunas, 22, aunque cueste de ver, curiosean entre los souvenirs que ofrecen Abdul, Karim u otros de sus compatriotas de Costa de Marfil. Ofrecen sus souvenirs a precios más competitivos que la boutique oficial del primer piso, 53,67 metros sobre sus cabezas. Aunque hay quien duda sobre la diferencia de calidades.

 

He creído innecesario precisar que se habla de la famosa estructura de 324 metros, 357,5 sobre el nivel del mar, que se halla al fondo de los Campos de Marte, a 189,56 metros de la entrada oriental del puente de Iéna que cruza el río y a 329,81 metros al noroeste de la avenida Joseph Bouvard y no de ninguna otra, ni parecida ni similar, que se halle en las inmediaciones.


 


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