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UN LEÓN GRIEGO EN VENECIA

 

 

Josep Lluís Nicolás

 

 

Venecia está repleta de maravillosas terrazas desde las que se puede contemplar relajadamente como pasa la vida ante los ojos, sorbiendo sosegadamente mientras tanto un café o un spritz. Hay una que es particular, a pesar de no poseer ningún rasgo destacable, sus mesas metálicas son ordinarias, el local en sí no posee ningún encanto especial que merezca apenas detener la mirada en él. Esparce sus mesas y sillas en una esquina del campo del Arsenal, curiosamente a medio camino del puente del Paradiso y del puente del Purgatorio. La particularidad de esta especie de limbo reside en que desde sus mesas se pueden contemplar plácidamente los cuatro leones que guardan las puertas del Arsenal. Uno de ellos, el que está situado a la izquierda es singular, de unos tres metros de altura, esculpido en mármol del Monte Pentélico, el mismo que se empleó en la construcción del Partenón y otros complejos de la Acrópolis ateniense. Tiene grabado en su lomo, en ambos costados, una retahíla, en forma de serpiente, de caracteres rúnicos.

 

En otros tiempos este león decoró la entrada del puerto de El Pireo, junto a Atenas. Se dice que era una fuente de la que brotaba agua por la boca del felino. Simplemente se desconoce desde cuándo ya que no se sabe con certeza cuando fue esculpido. Algunas fuentes lo datan en el 480 antes de Cristo citando que fue tallado en conmemoración de la victoria griega sobre los persas en la batalla de Salamina. Otras datan su origen en el siglo primero o segundo de nuestra era. Lo cierto es que desde el siglo XIV El Pireo era denominado por los comerciantes de las repúblicas marítimas italianas Porto Leone, en clara alusión al león que guardaba sus aguas.

 

Anteriormente, en el año 1040, durante una revuelta de la población del puerto, que en ese momento formaba parte del Imperio Romano de Oriente, la emperatriz de Constantinopla Zoe Porfirogéneta y su marido Miguel IV Paflágono enviaron la Guardia Varega a sofocar la rebelión. Entonces, en los lomos del león del puerto, se grabaron las serpenteantes runas que dejaron constancia de la intervención vikinga en El Pireo.

 

En 1687, durante una de las múltiples guerras véneto-turcas, el comandante de la expedición veneciana al Peloponeso, quien se convertiría un año más tarde en el centésimo octavo Dux de la Serenísima República, Francesco Morosini, decidió, tras haber bombardeado el Partenón, llevarse cómo botín el león de El Pireo a Venecia. El león griego quedó desde entonces instalado en las puertas del Arsenal.

 

Y no fue hasta bien entrado el siglo XVIII que las inscripciones no fueron reconocidas cómo runas, cuando el diplomático y orientalista sueco Johann David Akerblad, en el transcurso de una visita a Venecia, las identificó cómo tales. Akerblad que ya había publicado un trabajo sobre la piedra Rosetta y la escritura demótica egipcia, escribió otro sobre las escrituras vikingas del león veneciano: Om det sittande Marmolejonet i Venedig en 1800.

 

A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX el tema desató pasiones y controversia entre los académicos escandinavos.

 

La primera trascripción y traducción de las runas la realizó Carl Christian Rafn, secretario de la Real Sociedad Nórdica de Antigüedades, sita en Copenhague. Rafn encargó copias y fotografías de las inscripciones, que fueron tomadas a distintas horas del día con el fin de poder captar con mayor precisión los detalles más sutiles, a pesar de que el desgaste y la erosión en el mármol ya hacía ilegibles una parte importante de los caracteres. El danés publicó su trabajo sobre el león en uno de los capítulos de su libro Oldtidsminder fra Osten, Antigüedades de Oriente, editado en Copenhague en 1856.

 

De la parte derecha del león Rafn transcribió:

 

ASMUDR : HJU :runAR : ÞISAR : ÞAIR :                                                                             ISKir : auk: ÞURLIFR : ÞuRÞR : AUK : IVAr :                                                                            at : BON : HaRADS : hAFa : ÞUAT : GRIKiAR :                                                                       uf : hUGSAÞu : auk : bAnaÞu :

y del costado izquierdo:

HAKUN : VAN: ÞIr : ULFR : aUK : ASMuDr : aUK :                                                          AuRN : HAFN : ÞESA : ÞIR : MeN : LagÞU : A :                                                                     Uk : HARADr : HAfI : UF IABUTA : UPRArStar :                                                               Vegna : GRIkIAÞIÞS : VARÞ : DALKr : NaUÞugr :                                                                      I : FiarI : LAÞUM : EGIL : VAR : I : FARU : miÞ :                                                                RAGNARR : til:RUmanIU . . . . auk: aRMENIU :

 

Sugiriendo la siguiente traducción: “Asmund grabó estas runas junto a Asgeir, Thorleif, Thord e Ivar, a ordenes de Harald el Grande, para que los griegos reflexionen.  Hakon junto a Ulf, Asmund y Örn conquistaron este puerto. Estos hombres y Harald el Grande impusieron duros castigos a la insurrección del pueblo griego. Dalk fue hecho prisionero en tierras lejanas, Égil fue en campaña con Ragnar en la Rumania...y la Armenia.”

 

Veinte años más tarde el sueco Oscar Montelius y el danés Sophus Bugge llegan a conclusiones similares sobre el origen de las inscripciones datándolas en torno a la primera mitad del siglo XI. Ingvar Undset examina de cerca las runas mientras el pintor J.F. Hansen realiza una reproducción exacta de los caracteres. Reproducción que se conserva en la Academia Sueca de Historia y Antigüedades de Estocolmo.

 

 La década de los noventa fue agitada. Los estudiosos H. Kempff y F. Sanders publican sendos trabajos sobre las inscripciones, Piræuslejonet runinskrifter y  Marmolejonet fran Piræus, no completamente coincidentes. Sanders obtiene nuevos moldes de las runas. Al año siguiente, 1897, Bugge viaja a Venecia. Examina el león, las inscripciones, los dibujos de Hansen y los moldes de Sanders, llegando a la conclusión de que fueron grabadas en memoria  de un vikingo llamado Horsa, compañero de los guerreros provenientes de Roslagen, en Suecia.

 

En 1922, el lingüista sueco y miembro de la Academia de Letras, Historia y Antigüedades Erik Brate, publicó Sverges Runinskrifter, un hito en la historia del león del Pireo. Brate, también doctor de lenguas germánicas antiguas en Uppsala concuerda con las tesis propuestas por Bugge, reconoce coincidencias de nombres entre las runas del león y las halladas en las estelas de Uppland, en Suecia, y propone una nueva traducción sobre el texto:

 

hiuku þir hilfninks milum   hna en i hafn þesi þir min  eoku runar at haursa                                                 bunta kuþan a uah riþu suiar þita linu  fur raþum kul uan farin

 

tri(n)kiar ristu runar [a rikan strin]k hiuku þair isk[il-] [þu]rlifr

 

litu auka ui[i þir a] roþrslanti b[yku] -  a sun iuk runar þisar.

 

ufr uk - li st[intu] a[t haursa] kul] uan farn

 

“Lo grabaron con empeño. En el puerto de mar tallaron las runas en memoria de Horsi, un buen guerrero. Los suecos pusieron esto en el león. Él prosiguió su camino bien aconsejado. Oro ganó en sus viajes. Los guerreros tallaron las runas. Lo hicieron de un modo ornamental. Æskell, Þorlæifr y otros, los que vivían en Roslagen. Ulfr y ... las colorearon en memoria de Horsi, quien ganó oro en sus viajes.”  

 

Brate no difiere del hecho fundamental en que se recoge la presencia en Grecia de los varegos al servicio de Bizancio.

 

Aún a pesar de coincidir en algunas de las conclusiones, el trabajo de Brate fue criticado por Haakon Shetelig. Este creía que el tallado de las inscripciones fue obra de tres personas distintas. Complementando las tesis de Shetelig, en 1923 Magnus Olsen defendía que en realidad todo lo que se podía leer con certeza eran los fragmentos:

 

…i hafn þisi…(…v ru) nar at…

 

M biki I (sem bjuggu i)

 

Tanto Sheteling como Olsen estaban convencidos que en el estado de conservación que presentaban las inscripciones era imposible leer nada más que no fueran conjeturas o suposiciones.

 

Un último estudio, de 1930, elaborado por Erik Moltke, miembro de la sección de Runas del Museo Nacional de Dinamarca corroboraba las escasas posibilidades que ofrecía el estado de las inscripciones, seriamente deterioradas por el paso del tiempo, las inclemencias meteorológicas a que había estado expuesta la estatua y los efectos del vandalismo, especialmente en su lado derecho. Tomó nuevas fotografías y encargó la realización de nuevos moldes en papel-maché, hoy en el Museo Nacional de Copenhague. Según Moltke sendas inscripciones, derecha e izquierda, fueron obra de varios autores y realizada en épocas distintas por lo que sugieren los estilos de los caracteres. También señala que las runas de la izquierda empiezan con una inscripción invertida en la que se podría leer que dos hombres, …ulfr y Smidr…, llevaron  a termino alguna misión “en este puerto”, …i höfn þessari:

 

...ulf uk  Smi()…an i hafn ()  þisi  Continuando en posición normal: …nar at ha…narþþum () il nanfarin…

 

Los leones del Arsenal no están exentos de integración en la imaginería popular y por supuesto han entrado a formar parte de los mitos y leyendas populares de la ciudad de la laguna. Una de estas, recogida por el periodista veneciano Alberto Toso en su libro Leggende Veneziane e Storie di Fantasmi, cuenta que hubo una época en la que durante las oscuras y brumosas noches de la laguna aparecieron en los alrededores del Arsenal cadáveres horriblemente mutilados, que parecían haber sido destrozados a zarpazos y mordiscos. Nadie daba crédito a quién podía ser el autor de tan horrendos crímenes y mucho menos los creían relacionados con los leones de piedra. Sin embargo, un viejo mago, pasando los dedos sobre las inscripciones rúnicas del león griego mientras pronunciaba en voz alta su significado, les devolvía a la vida. El asunto acabó con la muerte del hechicero de corazón de piedra.

 

En 1995 un comité de entidades públicas y privadas de El Pireo, el “Comité para la Restitución”, presidido por un armador de nombre Apostolos Domvros, propuso infructuosamente al municipio veneciano intercambiar el antiguo símbolo del puerto ateniense por una copia moderna financiada por dicho comité y realizada por el escultor griego Georghios Megulas. Un artículo publicado en el Corriere della Sera en la época concluía la información con un lacónico: “a ciascuno il suo leone.

 

Al margen de esta copia propuesta por el comité griego existen dos más. Una se conserva precisamente en el Museo Arqueológico de El Pireo. La otra en el Museo Nacional de Antigüedades de Estocolmo junto a una amplia colección de runas escandinavas.

 

En el fondo casi estoy convencido de que la verdadera intención del vikingo que grabó el graffiti hace casi un milenio sobre la piel del león en el puerto de  El Pireo fue la de resumir algo así cómo: “Olaf estuvo aquí”.

 




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