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Ocio Viajes VISIONES DE GALLE

VISIONES DE GALLE

 

 

 

Josep Lluís Nicolás

 

Galle es la cuarta ciudad de Sri Lanka y hasta que no fue sobrepasado por el de Colombo en el siglo XIX su puerto fue el más importante del país. Resultó dramáticamente afectada por el maremoto del día de San Esteban de 2004, con la excepción de su fortificado y amurallado casco antiguo, situado en una pequeña península que se hunde en el océano como una daga afilada.

 

Algunas fuentes relacionan a la antigua ciudad de Galle, llamada Gimhathiththa antes de la llegada de los portugueses en el siglo XVI, con la Tarshish bíblica donde el rey Salomón enviaba sus barcos a comerciar marfil, plumas de pavo, perlas, piedras preciosas y canela. Galle comerciaba con la península del Indo y el sudeste de Asia. También con la Grecia de Alejandro y posteriormente con Roma, con los árabes de Omán y Persia y con el Imperio Chino.

 

Precisamente el viajero chino Fa Hian pasó dos años en el “Reino de los Leones” sobre el 400 de nuestra era. Fa Hian escribió: “cuando Buda llegó a este reino dejó la huella de uno de sus pies al norte de la ciudad Real...y la huella del otro en la cima de una montaña”. Se trata del Sri Pada o Pico de Adán, una cumbre de 2243 metros de altitud. Para unos se trata de la pisada de Buda, para otros la huella del pie de Adán, el primer hombre. Esta última es la que quería visitar Ibn Battûta cuando, en 1344, dejó las islas Maldivas para dirigirse a Sérendîb escogiendo la ciudad del sur, Galle, como puerto de entrada: “...partimos hacia la villa de Kâly, en dirección a Dinewer. Allí vive un musulmán, patrón de barco, llamado Ibrâhîm, quien nos acogió”.

 

El almirante chino Zheng He visitó seis veces la isla entre 1405 y 1433. En su segundo viaje, en 1411, transportó desde Nanjing una estela de piedra con una inscripción trilingüe en mandarín, tamil y persa, en la que se honra a Buda, a Alá y al dios Tanavarai-Nayanar, avatar de Shiva. La estela describe asimismo una extensa lista de las ofrendas donadas, y relata que “Su Majestad, el Emperador de la Gran Dinastía Ming, ha enviado a los eunucos Zheng He, Wang Jinghong y a otros a presentar sus respetos ante el señor Buda, el mundialmente honrado”. Y a extender el comercio del Imperio. La piedra fue encontrada exactamente quinientos años más tarde, en 1911, en la propia Galle. Hoy se conserva en el Museo Nacional en Colombo.

 

Don Lourenço de Almeida fue el primer portugués que asentó los escudos de armas lusos en Colombo. Los portugueses no tomarían Galle hasta 1587, levantando entonces la primera fortificación, que llamaron de la Santa Cruz, en la pequeña península que aflora en la costa.

 

Doce bajeles holandeses cargados con unos dos mil hombres al mando de Jacobsz Kosten, de la Vereenigde Ooste Indische Compagnie, derrotaron a los portugueses en 1640 tras un asedio de cuatro días. Desde entonces y hasta 1663 los holandeses erigieron los muros y los catorce bastiones que rodean y defienden las 52 hectáreas de la península, prácticamente con el perímetro y la forma en que se conserva en la actualidad el casco antiguo. También la trama urbana proviene del periodo neerlandés. Algunas calles conservan aun sus nombres de entonces: Mohrische Kramer Straat, calle de los comerciantes moros, Leyn Baan Straat, Zeeberg, Moderabaay...En la antigua puerta de la ciudadela, junto a los bastiones de la Luna, del Sol y de las Estrellas, todavía se pueden ver las iniciales de la Compañía Holandesa de Indias, Vereenigde Ooste Indische Compagnie, con la fecha inscrita en 1669.

 

Tras portugueses y holandeses, un 23 de febrero de 1796, una semana más tarde de la rendición de Colombo, llegaron los británicos a Galle. Añadieron una nueva puerta y modificaron algunos muros de la fortificación.

 

Sir James Emerson Tennent, el lord irlandés que fue secretario colonial entre 1845 y 1850, dedicó una parte importante de su tiempo a recopilar datos de todo tipo sobre la isla. En el plano meramente administrativo, sus sugerencias sobre la modificación de las tasas en las exportaciones de café y canela provocaron la rebelión de Matale de 1848. Pero una vez de vuelta a la metrópoli plasmó sus conocimientos coloniales en varios libros, dos de ellos auténticos tratados de geografía, mineralogía, flora, fauna e historia: Ceylon, an account of the Island, physical, historical and topographical with notices of its natural history, antiquities and productions y Sketches of a Natural History of Ceylon, ambos editados entre 1860 y 1861. El tercer volumen que redondeó su obra sobre la isla del Índico fue The Wild Elephant and the Method of Capturing it in Ceylon, “El elefante salvaje y el método de capturarlo en Ceilán”,  de 1867.

 

A finales del siglo XIX el naturalista alemán Ernst Haeckel recaló en Galle. En 1883 publicaría “A visit to Ceylon en el que además de sus estudios zoológicos también cita sus observaciones sobre la ciudad abundando en que la Tarshish de fenicios y hebreos solo pudo ser esta. Haeckel ya percibió en el momento de su estancia la perdida de relevancia del puerto, en favor del de Colombo, mientras realizaba una colorista instantánea de la ciudad fortificada, donde “...almacenes de una única planta rodeados de verandas porticadas se mantienen a la sombra que proporcionan sus techos de teja. Bonitos jardines yacen entre ellos y sirven no menos para decorar la villa que las anchas avenidas de umbrosos Suriya e Hibiscos.” Para Haeckel un agradable pasatiempo para el visitante consistía en recorrer el perímetro de las murallas para contemplar durante las mareas bajas los jardines de coral que se podían observar desde el Angulo suroccidental del fuerte.

 

El escritor y turista pionero francés Robert Chauvelot visito Galle en la década de los felices veinte. En 1930 publicaría “Las Islas Paradisíacas” en el que compara la ciudad cingalesa con Saint-Maló o Aigues-Mortes y la bautiza para los fenicios como Tarsis Orientalis. Apoyándose en las tesis de Jules Joseph Leclercq en “Un Sejour dans l’Ile de Ceylan, Chauvelot cita el comercio de oro, plata, marfil y pavos reales que se realizaba entre Ofir u Ophir, la actual Malaca en Malaysia y los puertos del Mar Rojo.

 

Chauvelot recorrió a pie el contorno de las murallas de Galle acompañado de un industrial portugués afincado en Goa, en un paseo en el que reconocieron el buen estado de conservación que los ingleses habían hecho del fuerte. Y anotó: “Punta de Galle, bello rostro marchito de bisabuela que todo lo tuvo en sus tiempos de triunfo y de los que no conserva más que una vaga y melancólica sonrisa”.

 

Ese estado de conservación ha propiciado que UNESCO declarara al conjunto fortificado de Galle patrimonio de la humanidad. Así que sigue siendo una delicia pasear entre el decadente New Oriental Hotel, levantado en 1684 y la Groote Kerk de 1640, para una vez en la muralla, seguir los consejos de  Haeckel y a Chauvelot y deambular entre los bastiones, a ser posible durante la puesta de sol en aguas del Índico.

 




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