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Ocio Viajes LOS AZULEJOS DE LA BEATA

LOS AZULEJOS DE LA BEATA

 

 

 

Josep Lluís Nicolás

 

 

 

 

Valldemossa, situada en la mallorquina sierra de Tramontana, es principalmente conocida por su Real Cartuja. Jaime II de Mallorca ordenó su construcción para su hijo el rey Sancho en el siglo XIII. En 1399 Martí l’Humà la cedió a las monjas cartujanas que la habitaron hasta la desamortización de Mendizábal en 1835. Las visitas a la Cartuja se concentran en la celda en la que, supuestamente, habitaron Frédéric Chopin y su amante, la escritora francesa Aurore Dupin, más conocida por su sobrenombre George Sand. Entre diciembre de 1838 y febrero del año siguiente el compositor polonés compuso ahí una buena parte de sus veinticuatro Preludios op.28.

 

Sin embargo, deambulando entre las subidas y bajadas de sus estrechas y empedradas callejuelas, al paseante sagaz no se le escapara el detalle de las baldosas que adornan cada portal. Yendo de la plaza de la Cartuja por la calles Rosa, de Francisco Frau, de las Ruecas, no hay prácticamente vivienda ni comercio que no este decorado por una de ellas. En los azulejos se advoca la protección de la beata local y única santa mallorquina Caterina Thomàs.

 

Caterina Thomàs, o Caterina Tomàs o Catalina Thomàs, hija de Jaime Thomàs y Marquesina Gallard, nació un primero de mayo de 1531. Pronto quedó huérfana y fue enviada a vivir con sus tíos. Sobre los veinte años ingresó  en la Orden de las Canonesas Regulares de San Agustín en el convento de Santa María Magdalena de Palma. Durante su estancia, es decir, a lo largo del resto de su vida, la beateta escribió sus místicas “Cartas Espirituales”. Sus arrebatos de éxtasis se volvieron con el tiempo, cada vez más frecuentes, algunos de ellos acompañados de profecías, entre ellas la del día de su muerte, el 5 de abril de 1574, que predijo con diez años de antelación. Su cuerpo incorrupto está expuesto en una urna de cristal en el mismo convento en el que había ingresado, Santa Magdalena de Palma. Dos siglos habían transcurrido de su muerte cuando el Papa pio VI concluyó el proceso de beatificación en 1792. Otro Papa Pio, el XI, la canonizó en 1930.

 

En Valldemossa, su casa natal, en el número 5 de la calle de la Rectoría, se ha convertido en una capilla dedicada a su imagen. A los pies de esta, en una urna, se conservan algunas reliquias de la santa, que durante las fiestas que se celebran en su honor cada 28 de julio, las Fiestas de la Beata, se pasean en procesión por las calles del pueblo. La casa natal fue restaurada en 1955, en el veinticincoavo aniversario de su canonización. En enero de 2011, el Diario de Mallorca y el Ultima Hora se hacían eco del intento de robo de dichas reliquias: “los malhechores no consiguieron sustraerlas aunque causaron algunos daños en el cristal”, “escenario de un posible intento de robo, aun no esclarecido.” Los hechos fueron denunciados a la Guardia Civil y a la Policía Local. Diez años antes se había producido un suceso similar.

 

Retornando a los azulejos, ya en el siglo XVI el cartujo Sebastià Oller recogía la devoción existente a las imágenes de la beata: en lo present Regne moltes persones axí doctes com indoctores eclesiàstiques, religioses i seculars gusten i s’aconsolen de tenir en llurs cases i oratoris figures pintades en quadres i de bulto de la vida de Sor Thomasa... En 1962 una exposición de azulejos con representaciones de momentos de la vida de la beata acabó de popularizar, en Valldemossa, las baldosas, la mayoría de ellas con la inscripción: Santa Catalina Thomàs pregau per nosaltres. En otras variantes se lee: Santa Verge Catalina/ que per sempre al cel regnau/ ompliu de fe i de pau/ la vila Valldemossina.

 

La iconografía la recoge a menudo con San Antonio Abad tomándola de la mano para llevarla de regreso al convento en un episodio en el que la beata se perdió. Otra escenas recurrentes la representan en posición orante pasando cuentas de un rosario o rodeada de ángeles. Con un puñado de azúcar en una mano y un pajarillo en la otra, como alegoría a dos de sus milagros. No lejos de  donde nació, frente a la casa rectoral, en un rincón de la placeta, hay una escultura en bronce de la beata, ataviada de campesina, con los ojos cerrados y las manos recogidas la una en la otra y una fuente a sus pies.

 

El antiguo Palacio del Rey Sancho y la misma oficina de Correos no carecen de los azulejos de la beata.

 




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