SOMME 1916Viernes, 01 de Abril de 2011
Josep Lluís Nicolás
Dieciocho toneladas de explosivos detonaron en el interior de la galería Hawthorn Ridge, junto a la fortificación de las posiciones alemanas. Eran las siete y veinte de la mañana de un primero de julio de 1916. Diez minutos más tarde, apagado el eco de la enorme explosión, se oía el silbato de los oficiales ordenando el inicio del asalto de la infantería contra las trincheras teutonas. Sin contar a los que pudieron haber quedado sordos, antes de acabar el día 19.240 británicos no volverían a oír de nuevo el sonido de un silbato. Ni ningún otro.
Tras dos años de guerra el frente occidental estaba enquistado entre las trincheras aliadas franco-británicas y las trincheras germanas en una línea que desde Nieuport, en Flandes, recorría, aproximadamente, los cursos del Somme, del Marne, y Verdún hasta la frontera suiza. En febrero de 1916 los alemanes habían lanzado una dura ofensiva en Verdún a la que los aliados intentaron contrarrestar con otra al oeste, en el frente del Somme. Esta sería aún peor que la primera.
Una semana antes la entente aliada había empezado a preparar el terreno. Un millón y medio de granadas cayeron sobre las posiciones alemanas. Se cavaron galerías bajo las trincheras enemigas que fueron cargadas con decenas de toneladas de explosivos. Aún así las trece divisiones británicas y las seis francesas apenas obtuvieron algún resultado contra el II Ejército de Fritz Von Below. El peor caso fue el del I Regimiento de Terranova, del que salieron ilesos solo 68 de sus 801 componentes. Tras más de un millón de bajas contabilizadas entre ambos bandos las posiciones alemanas se retirarían al noreste hasta la que se denominó línea Hinderberg.
El 21 de marzo de 1918 el ejército alemán atacó de nuevo en dirección a Sant Quintin y Amiens, esta última base de las fuerzas del Imperio Británico en Francia. 5 divisiones del Cuerpo Australiano, hasta entonces estacionado en Bélgica fueron trasladadas para ayudar a contener el envite germano contra Amiens. En localidades como Dernancourt, Morlancourt, Sailly-le-Sec, Hébuterne y Villiers-Bretonneux los australianos jugaron un papel clave para detener el avance enemigo. La noche del 24 de abril, el contraataque australiano retomó Villiers-Bretonneux.
Entre Amiens y Péronne, a lo largo del curso del río Somme, quedan hoy para el recuerdo una infinidad de tumbas concentradas en antiguos cementerios militares, también hay memoriales, panteones, monolitos, lápidas, placas y estatuas para advertir al mundo sobre la estupidez humana, que no tardaría ni veinte años en volver a manifestarse en todo su esplendor. Villers-Bretonneux acoge en un impresionante panteón a casi 11.000 combatientes australianos que participaron y cayeron entre 1916 y 1918 en diversas batallas del frente occidental. El memorial, inaugurado en 1938, justo un año antes de la segunda contienda mundial, se eleva en la cima de una colina junto a la carretera que lleva a Fouilloy, extendiendo allí los miles de cruces blancas con los nombres y empleos de cada uno de ellos. En la entrada un bloque de mármol, la “piedra del recuerdo”, reproduce sobriamente la frase “Their name liveth for evermore”, y su nombre vivió para siempre.
Aquellos que se consideraron desaparecidos o que fueron incapaces de identificar tuvieron acogida en el brutal, por sus dimensiones, memorial de Thiepval, el mayor construido en el mundo en recuerdo de bajas militares británicas. 73.367 nombres de combatientes están allí grabados en piedra.
Otros memoriales más modestos salpican las orillas del Somme. Cerca de Vaux, allí donde fuera derribado el célebre Barón Rojo, otro monolito recuerda la participación de los australianos en el frente. Un tipo con una camiseta azul adornada con la Union Jack y las estrellas de la enseña austral me saluda cordialmente. Obviamente, aunque no lo sepa, me ha confundido. No es rara la presencia de turistas australianos, descendientes de aquellos que reposan para siempre en los alrededores.
Siempre cerca, ahora en Bray sur Somme, siguiendo la rue du Général de Gaulle en dirección a Corbie, a la derecha, se llega al pequeño cementerio alemán, Deutscher Soldatenfriedhof. Aquí, en 1924, el gobierno francés reagrupó unas doscientas tumbas provenientes de diversos enterramientos alemanes de los alrededores de Bray. Hoy recoge poco más de mil cien cuerpos en tumbas individuales, la mayoría identificados con su nombre sobre una cruz metálica negra. La mayoría de ellos fallecieron entre marzo y agosto de 1918 durante la ocupación de la localidad.
En Clery sur Somme 2.332 combatientes franceses, algunos de ellos judíos y también musulmanes, como muestran sus lápidas, fueron reunidos en 1920 provenientes de los enterramientos militares de Monacu, Moulin de Fargny, del bosque de Berlingots, Morlancourt i de Vaires.
La villa de Péronne, duramente castigada, en los años de la Primera Guerra Mundial y ocupada entonces por los alemanes, acoge el Historial de la Grande Guerre. Este está ubicado en el castillo medieval de la ciudad, allí donde en 1468 se encontraron el rey Luis XI y Carlos el Temerario, duque de Borgoña. Centro de investigación histórica y museo exhibe en sus salas objetos provenientes de los tres imperios beligerantes, tanto material de los combatientes, uniformes, armamento, cómo un aproximación a la sociedad civil de la época.
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