LA VIDA EN EL CAMPOMartes, 08 de Febrero de 2011
Blanca Mendiguren Gomila
Menorca no es sólo mar. Es más que playas bonitas, calas desnudas y sol sobre la piel. Es paisajes azules, pero también verdes. Es naturaleza en todas sus manifestaciones. El campo menorquín se extiende por toda la isla, de punta a punta, adornándola con árboles frutales y flores de colores. Menorca vive de la tierra, de los productos que ésta le ofrece. Cultivos de todo tipo y para cada estación, todo ecológico y natural. Frutas y verduras auténticas, tomates con sabor a tomate, melones dulces como la miel y sandías del tamaño de una pelota de básquet.
Algunos menorquines tienen su propio huerto, otros viven plenamente del campo en sus masías y el resto acude a los mercados para hacerse con los frutos de la tierra, que nada tienen que ver con los que se pueden encontrar en los supermercados de cualquier gran ciudad. La calidad marca la diferencia. Lo mismo sucede con la carne. Pollos de corral, cerdos, vacas, conejos. Todos los animales de granja nacen y crecen en el campo.
Cada rincón de Menorca es naturaleza en toda su esencia. Ir de Maó a Ciutadella es tener, a lado y lado de la carretera, terrenos sembrados con las famosas “canyes verdes” bailando al compás del viento, familias de girasoles de amarillo intenso, rebaños de ovejas conducidas por su pastor, terneros pastando mientras toman el sol, caballos de raza menorquina presumiendo de crin. Perderse por caminos alternativos es descubrir todo tipo de situaciones y paisajes. Ver cómo se ordeñan las vacas o nacen cerditos es una experiencia única y la mejor manera para entender qué es Menorca. Vida, naturaleza, campo.
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