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Ocio Viajes LA SUELA DE UN ZAPATO.

LA SUELA DE UN ZAPATO.

Josep Lluís Nicolás

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Hay una pieza curiosa en el Museo Nacional de Fiyi, en Suva su capital. Se trata simplemente de la suela de un zapato. Sí, la suela de un zapato. Y eso es una pieza fuera de lo común para un museo, por su rareza. En general los museos, quizá a excepción de los del calzado o los del vestido no suelen exhibir este tipo de piezas. Se suele decir “es más duro que la suela de un zapato” y es posible que sea la razón de la existencia de tal reliquia.

 

Esta en concreto perteneció al reverendo Thomas Baker. Procedente de Essex, en Inglaterra el misionero dirigió la Misión Metodista de la London Missionary Society en Davuilevu. Durante un viaje de proselitismo a la aldea de Nabutautau, el domingo 21 de julio de 1867, Baker cometió el error de tocar la cabeza al jefe de la tribu, un acto que era tabú. La suela del zapato es cuanto quedó de su persona y atuendo una vez bien cocidos ambos. Curiosamente en la tienda del propio museo se pueden adquirir una especie de tenedores tallados en madera, que representan, a modo de facsímil, los que empleaban entonces para comer carne humana. Tienen cuatro pinchos, como los nuestros, la diferencia estriba en que no están dispuestos en paralelo como a los que estamos habituados, forman una doble fila de a dos. Compré un par, aunque todavía no los he utilizado.

Pero a finales del siglo XVIII parece ser que eran de uso común en esa parte de Melanesia, así que descorazonaron durante un tiempo la presencia de navegantes occidentales, por lo menos hasta que el comercio de madera de sándalo incentivó despreciar el peligro de acabar compartiendo mesa con algún habitante de Fiyi, pero no como comensal, sino como segundo plato.

Como representantes divinos en la tierra, ni jefes ni sacerdotes podían tocar ningún alimento. Sus manos y sus labios eran tabú. Debían alimentarse mediante un asistente que les colocaba el alimento en la boca evitando el contacto con los labios. Pero en ocasiones especiales empleaban los tenedores de madera. Estos se consideraban reliquias, poseían su propio nombre, se guardaban celosamente y no podían ser tocados por otros.

 

La antropofagia, era una práctica común tanto en Fiyi, como en las Salomón o Nueva Caledonia. Sin embargo, en Fiyi, el caso de Baker es el único conocido en el que un occidental fuera devorado.

 

Pasados ciento treinta y siete años, en 2003, los habitantes de Nabutautau, en Viti Levu, descendientes de los cocineros de Baker, citaron a los descendientes del reverendo. En un acto, al que acudió incluso el primer ministro de Fiyi, Laisenia Qarase y otros seiscientos invitados, el jefe del poblado, Ratu Filimoni Nawawabaluvu, pidió perdón personalmente a los familiares por haberse comido a su ancestro. Algunos miembros del poblado creían que sufrían una maldición desde entonces. Tras el encuentro parece ser que esta acabó. Empezaron los trabajos de construcción de una carretera y se levantó una escuela que recuerda el nombre del misionero: la Thomas Baker Memorial School.

 

Retornando a fines del siglo XVIII, no era extraño el hecho de que recalasen en las costas de las islas desertores de alguna tripulación, o por el contrario, abandonados a modo de castigo. Algunos de ellos sirvieron de intérpretes en los contactos de los nativos con los exploradores occidentales. Otros incluso se beneficiaron del contacto con la población, como un sueco de nombre Charlie Savage, un apellido notablemente adecuado para el personaje. Savage puso su pie en la costa de la isla de Nairai. La causa fue el naufragio de su barco, el “Eliza”. Savage traficó con las armas, básicamente mosquetes que recuperó del bajel. El sueco, proveniente de Tonga y que hablaba más o menos fluidamente los dialectos de las islas, sintonizó con la ambición de supremacía de Naulivou, jefe de la isla de Bau. Con la ayuda de las armas de fuego, desconocidas hasta el momento por los nativos, el jefe inició una serie de guerras con otras tribus fiyianas hasta que consiguió una cierta supremacía en el archipiélago. Savage se convirtió en todo un personaje, fue recompensado con varias esposas de buena familia. Siete años más tarde, un día de septiembre de 1813, las aventuras de Savage finalizaron en el transcurso de una escaramuza en la playa contra una tribu de Wailea. Su cráneo se conservó como recipiente de kava, un brebaje tradicional de Fiyi.

 

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