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Ocio Viajes TALLIN EL ESPEJO DE LA EDAD MEDIA DEL BÀLTICO

TALLIN EL ESPEJO DE LA EDAD MEDIA DEL BÀLTICO

 

 

Laura Sopeña

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“Good morning and Welcome!” Estas son las primeras palabras que escucho al desembarcar en el puerto de la capital de la República de Estonia, Tallin; y no son precisamente en el idioma de la casa: el estonio. Con un inglés perfecto, debido al alto número de turistas que la ciudad recibe al año, te reciben y te dan la bienvenida. El ferry, desde Estocolmo (Suecia), llega a Tallin a las 7 de la mañana así que el almuerzo es una parada obligatoria y qué mejor que desayunar en una cafetería, llena de dulces y pasteles típicos, del centro histórico de la ciudad.

Las calles adoquinadas y las casas bajas de piedras robustas son las protagonistas de la capital, espejo de la Edad Media. Una gran muralla rodea el centro antiguo con sus imponentes torres medievales. Calles que no siguen ningún orden establecido deambulan por el Vanalinn, el casco antiguo, hacia llegar a la Raekoja Platz, la plaza del Ayuntamiento. No es de extrañar que todas vayan a parar al mismo sitio, ya que en la Edad Media, el mercado se desarrollaba en la gran plaza de delante de los ayuntamientos. Sin rumbo conocido, me pierdo entre las estrechas callejuelas hasta que voy llegando a las diferentes plazas llenas de restaurantes, bares y cafeterías, que es cuando la estrechez de las calles desaparece para dejar paso a una buena dosis de espacio adoquinado. La mayoría de sitios para comer alguna cosa están decorados y ambientados en el Medievo. Hasta los camareros o la gente que vende en la calle va vestida con una indumentaria un poco peculiar, íntimamente ligada con los siglos del X al XV.

El casco antiguo tiene una colina que es claramente perceptible, Toompea. Hasta el siglo XVII sólo se podía acceder por la única entrada habitada. En esta parte de la ciudad se encuentran la iglesia de la cúpula, el parlamento y la catedral de Alexander Nevski. Todos ellos de visita obligada, si se quiere seguir gozando de la belleza de esta ciudad medieval en las orillas del Báltico.

Callejeando, parece que vivas en un sueño. No recomiendo el uso de un mapa, sino el tener tiempo e ir paseando tranquilamente, y con cuidado de no tropezar con los adoquines y las pequeñas aceras, gozando de unos edificios de los que no estamos acostumbrados a ver en nuestros países de origen.  Estamos en el Báltico, a más de 2000km de casa, alguna cosa de excepcional e inolvidable debe de tener esta ciudad y éstas son: las hermosas iglesias, los edificios de piedras, que parecen que estén puestas una sobre otra sin ningún tipo de yeso; y unas calles desordenadas, pero en ellas nunca sientes que estés perdido.

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En el exterior, en la periferia del casco antiguo, encontramos un marcado contraste con la presencia de edificios de estilo soviético. Es, totalmente, otro mundo muy diferente. Es la parte financiera y comercial de la ciudad. Si visitas primero el casco antiguo, el segundo no te llama tanto la atención. No tiene tanto encanto. Esto puede ser debido a que no es nada nuevo para el turista, ya que su ciudad seguro que tiene un sector más industrial

Como toda ciudad, Tallin ha sufrido importantes transformaciones debido al progreso económico y a la gran demanda de turismo que la ciudad genera, pero el centro histórico no ha perdido su esencia y paseando por sus estrechas calles, te hace posible imaginar cómo hubiera sido vivir en la Edad Media. El casco antiguo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.



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