RINCÓN PERSA, AROMAS Y SABORES DE IRÁNLunes, 29 de Noviembre de 2010
Texto: Blanca Mendiguren Gomila Fotos: Guillem Sans
Es el único restaurante en toda Catalunya que recoge la tradición culinaria de la antigua Persia, hoy conocida como Irán. Ubicado en Barcelona, calle Florida Blanca 85, Rincón Persa (www.rinconpersa.com) abrió sus puertas en Mayo de 2001 y desde entonces se ha codeado íntimamente con los conceptos de calidad, exquisitez y buen gusto. Los propietarios y artífices de la idea, Touradj Shams, natural de Irán, y su esposa María Teresa Sánchez, de Toledo. Cada plato es un viaje directo al país del Oriente Medio, recetas que han pasado de padres a hijos a lo largo de los siglos. “Todo es comida ancestral, son los platos que la madre de Touradj le preparaba de niño y que a él tanto le gustaban”, comenta María Teresa. La clave del éxito, “buen sabor, buen color y buen olor”, tres reglas de oro aplicadas en cada delicia al plato.
Sana, equilibrada, ligera, aromática e infinitamente gustosa. La cocina persa huye de los alimentos pesados, fritos y refritos, así como del picante, y busca su sabor en todo tipo de especias como la canela, el perejil o la menta fresca. Con el objetivo de satisfacer todos los gustos, Rincón Persa ofrece una carta repleta de sugerencias tan suculentas como dispares, entre las que destacan los estofados de carne y las especialidades de arroz Basmati. Para abrir el apetito, nada mejor que una degustación de entrantes que conocer en compañía de pan persa recién hecho. Entre ellos, destaca el Mast o jiar, crema de yogur casero aromatizado con pepino y menta, un auténtico placer de textura melosa y toque ácido. Y el Mirza Ghasemí, un picadillo de berenjenas y tomates asados con cebolla y un ligero toque de ajo, para los amantes de las verduras a golpe de horno. Aunque sin duda, la estrella de los entrantes es el Kashk o Badenyún, mousse de berenjenas cubierta por una salsa de queso curado, espolvoreada con unas chispas de nuez molida y regada con unas gotas de aceite de menta. El sabor del queso se funde lentamente sobre el sofrito, una masa suave que juega con el crujir de las nueces.
En Oriente Medio, no se comen primero unos platos y luego otros, todos descansan sobre la mesa desde un principio. Siguiendo esta costumbre, el restaurante propone animar los entrantes con las protagonistas de la carta, las carnes. De cordero, ternera o pollo, siempre van acompañadas del rey de los arroces, el Basmati, en alguna de sus múltiples variedades y en su punto justo de cocción. Como puede ser el Zereshk, condimentado con pasas silvestres agridulces que le confieren un remate ácido; o el Shirin, con pistachos, almendras, azafrán, zanahoria y corteza de naranja confitada, ingrediente que adulza sutilmente el arroz, siempre presente en las bodas iranís como metáfora del dulce camino que los novios están por empezar a recorrer juntos. El arroz es para los iranís lo que el pan para nosotros, imprescindible para disfrutar de un buen estofado, como puede ser el Fesenyún. La perfección en un plato. Pollo desmenuzado coronado con nueces y enriquecido con jugo de granada que te invita a seguir saboreándolo. Las nueve horas de cocción explican su exquisitez inmejorable. Igual de apetecible aunque muy diferente es el Khoreshe Gheymé, estofado de ternera con garbanzos persas, tiras de patatas y un fondo de tomate, todo ello endulzado con unas notas de canela y la frescura de una lima.
Y para regar la comida, Doogh, bebida típica persa hecha a base de yogur, agua con gas, sal y menta. Una explosión de contrastes ideal para facilitar la digestión, misión a la que contribuye el té de canela, propuesta ideal para finalizar la velada. La mejor manera de apreciar su sabor, al modo iraní, bebiéndolo con un terrón de azúcar fundiéndose bajo nuestro paladar. De todos modos, el té también puede tomarse sin azúcar, si se opta por probarlo junto con los postres, pequeños montaditos de placer confitado. Cien por cien caseros, los Baghlavas son dulces de pasta de hojaldre con pistachos y almendras que descansan sobre una cama de miel. Deliciosamente deliciosos. Como también lo es el Bastani, helado típico persa hecho a base de vainilla con esencia de pétalos de rosa, toda una tentación para los cinco sentidos.
Todos y cada uno de los productos utilizados en cada receta son directamente importados de Irán, lo que asegura su buena calidad y la fidelidad a la tradición persa. Típicos son los alimentos y típica es también la decoración del restaurante. Bailarinas iranís visten cada uno de los cuadros, una gran fuente en forma de tetera deja caer una cascada de sirope color cereza, multitud de espejos ovalados reflejan la luz de la sala y grandes arcos bordeados por cenefas en morado y turquesa recuerdan motivos orientales. El ambiente, armonizado con música iraní, es idóneo para el deleite de la velada, aún más cautivadora los fines de semana gracias a una demostración de danza del vientre en vivo y en directo. Rincón Persa es más que un restaurante, es una aproximación a la cultura persa. Por ello, pone a disposición de todos los visitantes una amplia colección de libros sobre la historia y esencia de Irán. ¿Qué más se puede pedir? Rincón Persa, como comenta María Teresa “alimenta el cuerpo y también el alma”.
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