RESTAURANTE INDOCHINE, EL NIRVANA DE LOS SENTIDOSLunes, 15 de Noviembre de 2010
Texto: Blanca Mendiguren Fotos Francesc Sans
Al traspasar el umbral de la puerta, te adentras en un nuevo mundo. Un sendero de piedra negra te guía hacia la primera sala, dónde empezar por tomar algo al amparo de una cortina de flores rojas que pende del techo y ante la atenta mirada de Budas minuciosamente esculpidos en paneles de roca. Taburetes de madera maciza en forma de tronco, jarrones de cristal de los que nacen flores granates que comparten agua con peces del mismo tono, y tras la barra una estantería inmensa con teteras de cerámica dignas de museo. Es el restaurante Indochine, ubicado en el número 82 de la calle Muntaner de Barcelona (www.indochinelyleap.com), que acaba de ser galardonado como el mejor decorado de la ciudad gracias al ingenio de su chef y propietario, el camboyano Ly Leap. Delicias de países como Vietnam y Camboya, la innovación y la creatividad más absolutas, la mejor calidad y una gran dosis de saber hacer en cada plato.
El primer escenario del local es tan sólo un pequeño aperitivo para la vista, una degustación del esplendor del restorán. La sorpresa real despierta al acceder a su corazón, un trozo de selva encerrada entre paredes. Es como comer en el exterior, bajo la sombra de árboles exóticos mientras ves a las carpas bailar en el riachuelo que bordea las mesas, con el sonido del agua al caer desde lo alto de una cascada como banda sonora de la velada. El agua le trae a Ly recuerdos de Camboya. Hay mangos por todas partes, a él le gustaba trepar por ellos cuando era pequeño. Ficus, porque son árboles que se plantan en el interior de los templos. Plumerías, que simbolizan la infinidad de la vida. Y orquídeas, muchas orquídeas, que visten desde el blanco roto al rosa palo, y dan el toque de gracia a la escena.
Mirar, a uno y otro lado, es un placer. Un placer que llega al súmmum cuando nuestro paladar y nuestro olfato empiezan a participar también del disfrute. Cuando comienzan a desfilar ante nosotros cada uno de los manjares del menú, pequeñas maravillas al plato. Ya el aperitivo, un saquito de pasta relleno de carne con gambas, da pistas de lo prometedora que será la cita con el resto de platos. Las creaciones gastronómicas de Ly Leap son un mosaico de aromas, texturas, colores y sabores. Pinchitos de langostino con vinagre de coco, fragancia afrutada fundiéndose con el olor a sal. Vieira envuelta por un caparazón de pasta dorada, crujido para llegar a la suavidad. Mejillones al vapor con salsa de albahaca y menta, tan tiernos que se deshacen al rozar el paladar. Un sinfín de propuestas que recogen la tradición indochina de la forma más innovadora. En todas ellas, la huella del autor, así como un ligero toque picante, casi imperceptible pero suficiente para redondear cada obra del chef.
Las propuestas culinarias cambian a los seis meses, para hacerlas coincidir con cada una de las dos estaciones en las que puede estar Camboya, la de las lluvias o la de clima seco. Ahora es momento de cambiar. Sin duda, la estrella del nuevo menú será el pato aromatizado con salsa de tamarindo. Arropado por una manta agridulce, descansa sobre una hoja de magnolia colocada sobre un bol de cerámica con el corazón iluminado por una vela que, lentamente, la va quemando. Nace así una fragancia mezcla de frescura y brasas. Igualmente apetecible es otro de los próximos estrenos de la carta, los canelones al vapor con chili molido. Recubiertos por una capa de cintas de soja y salpicados por todo tipo de hierbas aromáticas, esconden un colorido picadillo de cacahuetes, verduras y setas, capaz de contentar a los paladares más exigentes.
Y para poner un final dulce a la velada, nada mejor que armonizarla con unas notas de coco. Dos daditos de flan de cuerpo gelatinoso y con sabor a la fruta de la palmera es una de las propuestas. Presentados sobre una tablilla de pizarra, contrasta su figura de un blanco impecable con el negro carbón de la piedra. Son dos bocados de gozo, ligeros para que queden ganas de probar el arroz negro con crema de coco, exquisitez a la que cualquier arroz con leche envidiaría. Una lluvia de semillas de sésamo decora la masa espesa, con corona de viruta de coco y de un negro con aires de ser púrpura, como si hubiera sido untada con una mermelada en realidad inexistente. Es la magia de la cocción, la técnica del maestro, gran artista también en la repostería y único creador de cada plato. Leap no cuenta con un equipo de cocineros sino con ayudantes, debido a la laboriosidad de este tipo de cocina.
Hace veintiocho años que Ly Leap llegó a Barcelona, pero fue hace apenas dos cuando decidió crear Indochine. No fue éste su primer negocio, sino un restaurante chino que abrió junto con su hermana mayor, uno de los primeros que nacieron en la ciudad condal. Fue en enero de 2009 cuando comprendió que debía arriesgarse, apostar por la cocina de su país natal. Y así fue cómo surgió Indochine, que ya cuenta con el reconocimiento del mundo gastronómico. Sin embargo, para Ly Leap, “el mejor premio es ver a la gente disfrutar con tus platos, es una gran satisfacción pasar delante de cada mesa y ver cómo aprecian el juego de aromas y gustos”. Lo cierto es que es difícil no hacerlo, pues cada canapé es una auténtica obra de arte que invita a los sentidos a disfrutar de la explosión de sensaciones.
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