El conejito lunarJueves, 08 de Julio de 2010
Texto: Victor Nubla Ilustración Evelio Gomez
Esta historia transcurre en un mundo muy parecido al nuestro, pero también marcado por algunas diferencias importantes. Por ejemplo, sin ir más lejos, la carrera espacial, tal como nosotros la conocemos, no se había desarrollado en aquel mundo paralelo. A lo sumo, se situaron satélites en la órbita de la tierra que permitieron un avance espectacular de la meteorología y por supuesto, algo tan sustancial a nuestra historia como la guerra, había desaparecido allá por el siglo XVII, invirtiéndose todo el esfuerzo y desarrollo de la industria bélica, en el estudio y erradicación de las terribles enfermedades que diezmaban a la humanidad. Ello no desembocó en una insostenible superpoblación mundial, puesto que el control de la natalidad se practicaba en todo el planeta de una manera racional y nada traumática, la ciencia había dado por fin el esquinazo a la fatalidad mediante los avances (y resultados) de algunos equipos científicos. Esta evolución originó una fuerte pasión mundial por las bromas. En definitiva, por éstos y muchos otros detalles, éste no era más que un mundo distinto al nuestro, ni mejor ni peor, en el que pudiera suceder una historia como la del Conejito Lunar...
Hacía tiempo que los astrónomos lo predecían: el eclipse de luna (mejor llamado, quizá, eclipse de tierra) más importante del siglo, estaba por llegar. Se sabía hora, fecha y lugar, por supuesto. El lugar, la luna; la hora y la fecha, ya las he olvidado. Faltaba apenas un año y algunas organizaciones apuntaban hacia la necesidad de inventar una broma consecuentemente extraordinaria, única y difícilmente repetible. La broma del eclipse.
La conversación en la sede del gobierno, fue más o menos así:
Glon-Pilón ladeó la cabeza. En tres horas de consejo, aquella era la primera noticia interesante.
Se crearon comisiones que proponían ideas, institutos que investigaban, mediante sondeos, los alcances de popularidad de cada una de ellas. Y pasaron los años. Cierto día, los científicos anunciaron que estaba proximo un interesante eclipse de sol. Como durante los eclipses de sol no puede hacerse gran cosa desde la tierra excepto oír cantar a los gallos y todo éso, medio mundo preparó sus cristales ahumados y se dispuso para el día del eclipse. Y hete aquí que a medio mundo se le paró el corazón durante unos segundos, pues una silueta de conejito comenzó a desplazarse por el disco solar a medida que éste iba desapareciendo.
Eran los habitantes de la Luna, que devolvían así la broma de años atrás. Unos bromistas, éstos lunáticos, pensaron los habitantes de la Tierra. Desde entonces, unos y otros, aprovechan los eclipses para saludarse, enviarse mensajes o gastarse bromas. Ver comentarios de facebook sobre este articulo |
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